Mario Paolucci, un símbolo cultural de Lomas de Zamora

A cuatro años de su muerte, sus familiares y amigos recuerdan la vida y obra del poeta, actor e historiador del tango que dejó un legado artístico impresionante con su participación en más de 25 películas nacionales y con la publicación de sus libros.

Lais Vázquez

Lomas de Zamora, julio 14 (AUNO).- Cine, poesía, tango, historia, fútbol, noche, mar. Cualquiera de estas palabras podría ser utilizada para describir a Mario Paolucci y todas serían correctas. Es que pocas personas lograban abordar desde tantos ángulos distintos la cultura. Esta semana se cumplieron cuatro años de su fallecimiento. A nivel nacional se lo recuerda por su participación en innumerables películas junto actores como Ricardo Darín, Norma Aleandro, Mercedes Morán o Cecilia Roth. En lo local se lo conmemora como una persona destacada de la cultura. Entre sus familiares y amigos como “un apasionado del arte y la vida”.

Nació en 1941 rodeado de un ambiente inspirador. Su padre era un prestigioso abogado que fue nombrado ciudadano ilustre de Lomas de Zamora, su madre era una docente que militaba fervientemente en la Unión de las Mujeres de la Argentina (UMA), y uno de sus hermanos, Sergio Paolucci, es el pionero del free jazz en el país. “Con mi familia íbamos mucho al cine, veíamos todo el neorrealismo italiano, el cine francés, y bueno, mi hermano Mario aprendió de ver tanto a esos actores. Fue un amante del cine toda la vida. Era un actor intuitivo porque no había estudiado arte dramático”, relató a AUNO.

Entre las películas en que actuó se destacan “La Fuga”, dirigida por Eduardo Mignogna, ganadora el Premio Goya a la Mejor Película de Habla Hispana; “Remake”, una coproducción española y argentina; “El Boquete”, donde tuvo un papel coprotagónico; y varias del aclamado director Alejandro Agresti, como “Una noche con Sabrina Love” o “Buenos Aires Viceversa”, en donde hizo su debut. También participó en algunas ficciones televisivas como “Los cuentos de Fontanarrosa” o Mujeres Asesinas”.

Pero la actuación no era su única especialidad, también era un historiador del tango, un poeta con varios libros editados, un marinero que trabajó 17 años para la empresa Elma y un erudito del fútbol.

“Un apasionado, de los libros, de la vida.” Así lo describió una de sus hijas, Alejandra Paolucci, quien aseguró que “no se guardó nada ni se quedó con ganas de nada, probó de todo, desde ser músico a marinero”. “Tenía tema de conversación con todo el mundo, gracias a él conocí a personajes muy ricos como Oscar del Priore, Horacio Salgán o Alejandro Agresti”, resaltó.

“Era un tipo que caminó la noche de Buenas Aires, conocedor del tango, pero no sólo de las grabaciones, sino de los músicos porque se les acercaba en los bares. Así se relacionó por ejemplo con Osvaldo Pugliese y Horacio Salgán”, explicó su hermano Sergio. Además, en relación a este ambiente realizó numerosos ensayos, colaboró con la revista “Buenos Aires Tango y lo demás” y fue profesor en la ex Universidad del Tango.

Mario Paolucci se definía más como poeta que como actor, y de hecho publicó varios libros entre los que se encuentran “Planeta Estrés”, “El hombre vulnerable”, “El hombre trashumante” y “Almacén para el porvenir”, ilustrado por su hija Alejandra.

“Lo conocí en un boliche donde se jugaba al ajedrez cerca de la estación de Lomas de Zamora, ahí me regaló uno de sus libros”, recordó su amigo y vecino Horacio Hornos, quien lo describió como una persona “entrañable”. Hornos fue uno de los últimos que lo vio con vida: “Había regresado de ocho días de filmación en Roma. Vino eufórico, con proyectos. Antes de irse escuchamos a John Coltrane, al otro día tenía que ir a ver a sus hijas. El final de Mario fue muy rápido, sin internación, sin dolor, tenía un problemita en el corazón que no lo atendió y bueno, pagó su precio”.

Todos sus allegados coincidieron en que era “un bohemio”. Su hija expresó a esta agencia que ese estilo de vida fue una de las cosas que heredó de él. “Vivimos con pocos elementos en la vida, muy austeramente, pero sí dentro de la cultura”, comentó su hermano. Y a su vez, su amigo Hornos mencionó que uno de los mensajes que mejor guarda de él es que “el arte no es en vano, no es para pasar el tiempo, es para cambiar algo”.

Entre sus tantas pasiones se encontraba también la política: “Era pro castrista, le gustaba Fidel, le gustaba el Che Guevara. Tenía una idea de la revolución que pasaba por esa forma de ver las cosas, y otras veces tenía una posición más anarquista”, afirmó Sergio, quien caracterizó a su familia como “muy politiquera”.

Pero si hay algo que su hermano ni ninguno de sus conocidos podía eludir de él, era su devoción por el fútbol: “Era hincha de Estudiantes de La Plata y también tenía una gran memoria, sabía la historia de los demás equipos y cómo formaban cada año. Me acuerdo que una vez había un chico en la vereda de enfrente de casa y Mario para chancearlo le dijo ‘vos sos hincha de Boca, pero vos no conoces la historia del club’. El pibe conocía a Diego Maradona, pero si vos le decías ‘lo conocés a Pescia de la década del ’40’, no tenía idea. Mario sabía la historia de Estudiantes y también de los otros clubes”.

Lomas de Zamora lo extraña. Extraña su participación en las fuerzas vivas de la ciudad, sus clases de tango en la Municipalidad y en el Círculo Católico de Obreros, sus obras de teatro que estrenaba de vez en cuando, sus charlas, sus discusiones, sus poesías que se oían en los bares por la noche. No se sabe la fecha exacta en la que murió, se cree que fue entre el 10 y el 12 de julio de 2008, pero sí se sabe lo reconocido que era por la gente que estaba en el palo de la cultura y lo mucho que se lo recuerda cada vez que suena una melodía de Piazzolla.

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