Entre recuerdos y reclamos

Como cada año, organizaciones sociales y políticas del distrito realizaron una nueva movilización al Pozo de Banfield, donde hace 35 años fueron torturados los estudiantes de la UES. Esta vez incluyeron en su homenaje a Adriana Calvo, fallecida en 2010. Y como desde hace cinco años, también reclamaron la aparición de Jorge Julio López, testigo clave en el juicio contra el represor Miguel Etchecolatz que desapareció por segunda vez en septiembre de 2006.

Lomas de Zamora, septiembre 15 (AUNO).- Cuando se cumplen 35 años del secuestro y desaparición de los jóvenes platenses que militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), organizaciones sociales y políticas de Lomas de Zamora y distritos vecinos realizaron una nueva marcha desde la Estación de Banfield hasta el centro clandestino que funcionó en esa localidad y donde estuvieron los chicos de la Noche de los Lápices, en 1976. La movilización tuvo una baja sensible: fue la primera desde el fallecimiento de la fundadora de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), Adriana Calvo, que estuvo cautiva en ese lugar, donde dio a luz a su hija Teresa.

Un par de cuadras separan a los Tribunales de Lomas de Zamora, símbolo de Justicia, del Pozo de Banfield. En esa macabra cercanía, entonando canciones y sosteniendo estandartes, la columna avanzó por la esquina de Larroque y 12 de Octubre con la presencia de unos cuantos jóvenes de la misma edad que tenían los estudiantes platenses secuestrados en septiembre de 1976, la mayoría de los cuales nunca volvió a ver la ciudad de las diagonales.

A las pocas cuadras, el recorrido de la marcha llegó a su primera parada: una escuela. Pero el motivo no fue una simple simbología. Era la 76, ubicada en Cid Guidi de Franc y Siciliano. La camioneta que trasladaba un altoparlante explicaba el por qué de la interrupción. “Ahí, donde está todo pintado de verde, se encontraba un mural recordatorio de los pibes desaparecidos en la Noche de los Lápices. Ahora está verde gracias a la Municipalidad (de Lomas de Zamora) que lo tapó” con su publicidad institucional.

“Lo habíamos pintado en 2006, después de lograr el desalojo del Pozo. Teníamos la autorización de los directivos de la escuela”, explicó a AUNO Sergio Smietniansky, abogado perteneciente Chau Pozo, el colectivo de agrupaciones que logró que el centro clandestino dejara de ser un edificio de la Policía Bonaerense.

El verde de las paredes que ocultan el mural pintado en colaboración de artistas chilenos es el fondo de un logo que celebra los 150 años del municipio. “Parece que el Pozo de Banfield no formara parte de la historia de Lomas”, ironizó el letrado y agregó que “la Multisectorial volverá a pintarlo todas las veces que sea necesario”.

“Memoria, Verdad y Justicia”, reza el graffiti dejado durante la parada de la marcha. El cortejo volvió a arrancar, ante la atenta mirada de una anciana que espiaba desde su ventana, con la persiana casi baja. Los cantos y los estandartes nunca cesaron.

El Pozo de Banfield —único centro clandestino bonaerense recuperado a partir del reclamo de las organizaciones de derechos humanos— comenzaba a asomar, faltando una cuadra para que la movilización llegue al lugar. Pintadas por doquier, sobre la fachada de lo que hasta hace algunos años fue una dependencia policial, celebran el cierre del lugar donde estuvieron cautivos argentinos, paraguayos, chilenos y uruguayos, perseguidos por el Plan Cóndor.

El portón que da a la calle Siciliano aún mantiene el nombre de lo que fue el último destino del edificio: “Sec. Custodia y Traslado Interprovincial de Detenidos. Acceso por Vernet 1276”. Actualmente, debido a un recurso de no innovar presentado por las agrupaciones de derechos humanos, el edificio no puede ser modificado en su estructura, ni siquiera en las paredes que dan a la calle. Esto se debe a que la estructura está considerada una prueba en los juicios contra los represores que estuvieron a cargo del centro clandestino, que formó parte del denominado Circuito Camps.

La presentación del amparo judicial evitó que prosperara un proyecto conjunto de la Gobernación y la Municipalidad, en el que se pretendía instalar un museo de la memoria y una maternidad, justo en el lugar escogido por los militares para trasladar a las secuestradas que se encontraban en los últimos meses de embarazo eran atendidas por el médico Jorge Antonio Bergés, responsable de los partos y la consecuente supresión de identidad.

El motor de la camioneta volvió a detenerse. Esta vez es la parada definitiva: el Pozo de Banfield. La puerta de la calle Siciliano sigue bloqueada por un cartel que detalla lo sucedido allí a lo largo de la historia: “1974-1978, centro clandestino de detención, tortura y exterminio. 1983-2006, dependencia de la policía del gatillo fácil. Edificio cerrado por la lucha del pueblo”. Las persianas permanecen bajas, como para que los secretos que aún quedan no se escapen y sirvan para condenar a los genocidas que estuvieron a cargo.

Smietniansky tomó el micrófono. “Basta de cotillón electoral y de formar parte de un gobierno que tuvo a la policía metida acá hasta que con la lucha popular lo cerramos”, dijo para iniciar su oratoria que continúo con la frase de cabecera de la Multisectorial: “Ni baúl de los recuerdos, ni lavada de cara del gobierno. Si con lucha lo cerramos, que quede en manos de los que luchan”.

El abogado destacó que el Pozo de Banfield “es el único centro de detención clandestino en la provincia que fue cerrado gracias a la lucha del pueblo” y recordó a “una compañera que siempre estuvo codo a codo, y que hoy por primera vez no la tenemos presente, pero sabemos que siempre va a estar”: Adriana Calvo, fallecida en diciembre de 2010 y secuestrada y detenida donde funcionó la Brigada de Investigaciones de Banfield.

La mujer, que dio a luz a su hija Teresa en lo que fue considerado como una “maternidad ilegal” durante la última dictadura militar, “cuando salió de acá hizo una promesa, que fue no dejar que esto cayera en el olvido, y lo cumplió”. Calvo fue la fundadora de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, organismo formado por los sobrevivientes de diferentes centros clandestinos.

“Hace cinco años Chau Pozo cerraba este lugar, y ahí estaba Adriana junto con su hija. Dos días después, desaparecía Jorge Julio López”, detalló una vez con el micrófono en la mano Margarita Cruz, miembro de AEDD que estuvo secuestrada en 1975 en la localidad tucumana de Famaillá. “Ella juró que los genocidas, estos asesinos, secuestradores, tenían que pudrirse en la cárcel. Lamentablemente muchos siguen libre y sin condena”.

Los presentes, tras escuchar las palabras de los oradores comenzaron a cantar: “Ya pasaron 30 años y Cristina dice ‘Nunca más’, pero Jorge Julio López no sabemos donde está”. Para Smietniansky, “en cinco años, la Presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) no nombró ni una sola vez a Jorge Julio López, convirtiéndose en cómplice de su desaparición”.

Antes de finalizar sus palabras, el abogado manifestó que la movilización es, además del homenaje a los desaparecidos, “un acto de repudio al anuncio de la Gobernación y de la Municipalidad de instalar un museo de la memoria y una maternidad”.

La banda “Cumbia Tirapiedra” aguardaba a un costado del micrófono, sosteniendo los instrumentos que comenzaron a sonar tras el recuerdo popular de la mujer que conoció de cerca lo sucedido en el Pozo de Banfield: “Querida compañera Adriana Calvo, presente. Ahora y siempre”.

PT-AFD
AUNO-15-09-11

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