Un obra de teatro encarnada en la cotidianeidad

“Tercer Cuerpo” del reconocido director Claudio Tolcachir llevó a escenas temas aún tabú con una dinámica escénica que sorprendió a sus espectadores. La pieza cumplió 700 funciones.

Emmanuel Videla

Lomas de Zamora, diciembre 05 (AUNO).- Mostrar la pequeñez de la cotidianeidad desde el teatro involucra el riesgo de caer en una reiteración irreflexiva de los hábitos de una sociedad determinada, en un costumbrismo. Mostrar una cotidianeidad molesta puede producir rechazo por parte del espectador. Mostrar, tan solo mostrar, la pequeñez de la cotidianeidad donde los temas tabú afloran desde las primeras escenas hasta las últimas también es apostar fuerte. En ninguno de esos riesgos cayó “Tercer Cuerpo” del dramaturgo y director Claudio Tolcachir, que cumplió 700 funciones en un teatro lomense.

En los 80 minutos de la obra, los espectadores poco y nada pudieron haberse distraído. El nudo argumentativo, las dos historias en simultáneo que se contaban en un mismo espacio dejaban poco margen para pensar en otra cosa que no fuese “Tercer Cuerpo”. Y es un don propio del texto del dramaturgo que desdibujó por completo la estática del escenario por las actuaciones de los cinco personajes que dinamitaron cada segundo del hecho teatral.

Así, esas dos historias que se contaban no pedían permiso para entrar en escena en el espacio que era monopolizado por un escritorio de oficina administrativa, olvidada y en las penumbras de su decadencia. Las bibliotecas, el archivero y la luz intermitentes eran otros de los escasos elementos escénicos que componían “Tercer Cuerpo” y que tomaban ritmo a medida de que la historia de una pareja conflictiva y la de unos oficinistas se yuxtaponían en los mismos planos del escenario. Ese escenario que a veces era oficina, que a veces era la casa de la joven pareja o el consultorio de un médico, todo bajo los mismos elementos escénicos.

Los dos relatos que hasta el final se superponían en una dinámica ágil y sin producir ruidos en la estética estuvieron a cargo de la pareja conflictiva encarnada por el papel de Sofía (Magdalena Grondona) y Manuel (Hernán Grinstein); y por los empleados administrativos olvidados, en la penumbra de una luz de oficina, Sandra (Melisa Hermida), Mónica (Laura Lértora) y Héctor (José María Marcos). Sus vidas transcurren con un denominador común para ambos: la soledad, el desamor y la búsqueda de algo mejor, que ninguno de los cinco tiene muy en claro.

Nunca se sabe dónde conducirá el núcleo conflictivo que atraviese la pieza. Es en el segundo a segundo que se resignifica cada palabra, cada gesto y cada actitud. Los últimos minutos serán los que mostrarán la agilidad del texto y de la dirección de Claudio Tolcachir, cuando la obra dé una vuelta de tuerca para sorprender al espectador. Jugar con las bajezas, con esos personajes alumbrados por la penumbra, es un desafío difícil de representar. Mostrar esa pequeñez de la cotidianeidad donde emergen reflexiones, cuestionamientos, requiere dedicación, disciplina y madurez direccional. Mostrarlo desde una estética armónica es lo que se desprendió en cada momento vivido en “Tercer Cuerpo”, una obra que desnudó lo universal desde la cotidianeidad.

EV-AFD
AUNO-05-12-12

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