Maquiavelo y los consejos sobre colonialismo

El famoso libro El Príncipe de ese político florentino se lo estudió a fondo y desde diversas posturas. Estuvo prohibido. Tuvo detractores y favorecedores. Los consejos sobre el colonialismo tal vez sea un tema dejado de lado en el análisis de esa obra.

Horacio Raúl Campos

Lomas de Zamora, ene 07 (AUNO) – Todos sabemos que los primeros en practicar el colonialismo fueron los fenicios. No como el colonialismo moderno. Aquí leemos cómo Nicolás Maquiavelo da consejos para practicar de la mejor manera el colonialismo o establecer colonias.

Nacido en Florencia el 3 de mayo de 1469 y fallecido el 21 de junio de 1527, ese político y funcionario vive en el período que va del tránsito del feudalismo al estado moderno, al Renacimiento. Es también el momento en que se busca que el Estado detente el poder, en medio de violentas luchas políticas, avances científicos y conquistas coloniales.

El cargo de secretario de la Cancillería de Florencia seguramente es lo que le facilitó conocer detalles de la diplomacia europea y que le generó la posibilidad de estudiar cómo funcionaban los estados y los políticos gobernantes, contemporáneos y de la Antigüedad.

Escribió varias obras (políticas y literarias). Entre las primeras, tal vez las famosas son El Príncipe (1513), Los discursos sobre la primera década de Tito Livio (1512- 1519) y El arte de la guerra (1519-1520). La comedia La Mandrágora (1518) es también muy conocida y estudiada. Las ediciones modernas suelen juntar, por razones que no comentaremos, El Príncipe y La Mandrágora en un solo libro.

Es posible leer El Príncipe como una serie de textos que apuntan a enseñar el arte para conseguir el poder, es decir el Estado. Y a partir de ello, con ese poder, intentar regular las relaciones sociales y enfrentar otros poderes internos y exteriores. También para mantener lo conseguido.

El gran remedio

No poco de lo que el florentino escribió hace algunos siglos está vigente. Es decir, que monarcas, Estados, gobiernos y toda clase de factores de poder intentan poner en práctica el contenido de sus obras.

Algunas veces lo logran y otras, no. Tal vez la cuestión sobre cómo colonizar de la mejor manera sea un tema no tan abordado o casi desconocido de ese famoso libro, que es un tratado.

En el capítulo III de El Príncipe, aconseja sobre cómo evitar dificultades cuando se adquieren Estados donde hay lengua, costumbres e instituciones diferentes. “(…) Entonces es necesario tener mucha fortuna y gran habilidad para conservarlos. Uno de los mejores y más eficaces remedios es que la persona que los adquiera vaya a vivir allí”.

“Otro gran remedio es el establecimiento de colonias en uno o dos sitios, que sean como cadenas que unen a ti este estado, porque de no hacer eso tendrías que ocuparlo con gran cantidad de gente armada, a pie y a caballo. Con las colonias no se gasta mucho. (…) Por lo que queda claro que a los hombres o bien hay que ganarlos con beneficios o destruirles”, escribe.

Claramente se encuentra allí la tradicional práctica del colonialismo moderno, que soborna al gobernante o a toda una clase dirigente nativa con métodos sutiles o groseros. Está fijado también allí el destino para aquellos que se les ocurriese rechazar al colonizador.

Es cierto que no son consejos escritos desde la nada, sino que son prácticas que Maquiavelo había observado a raíz de la experiencia de político y diplomático. Tanto de los propios como de otros gobernantes. De amigos y enemigos.

Después dice: “Mire por donde se mire, el mantenimiento de un ejército en territorio recién conquistado es tan inútil como útil son las colonias”. Observa que las colonias, sin la presencia de ejércitos armados, “no cuestan dinero, son más fieles, y ocasionan menos prejuicios”. Más claro imposible.

Casi todos los historiadores argentinos coinciden en remarcar la errática experiencia de las invasiones inglesas a principios del siglo XIX en el Río de la Plata.

Y la posterior estrategia infinitamente más útil para los británicos de cambiar invasiones armadas por penetración económica y cultural y a la vez dramáticamente más nociva para nosotros.

Entonces, se podría sospechar que Jorge III ni William Pitt (hijo) no habrían calibrado bien los consejos de Maquiavelo.

El libro El Príncipe sufrió toda clase de descalificaciones y ataques en diferentes países de Europa. E incluso varios Papas lo incluyeron en el Índice romano y permanecerá prohibido hasta bien entrado el siglo XVIII.

El análisis del establecimiento de colonias, las condiciones naturales para fundarlas, el mantenimiento de ellas, los problemas políticos surgidos y la manera de encararlos y la comparación entre colonizadores de la Antigüedad están analizados también en Los discursos.

AUNO 07-01-14
HRC

0 comentarios sobre “Maquiavelo y los consejos sobre colonialismo

  • Señor Horacio Raúl Campos:
    Podemos llamarlo destino o, si se quiere, esa bendita manía mía de leer todo lo que ponen delante de los ojos. El hecho es que ayer 7/01/2014, quizás cuatro años después de que usted escribiera la parte 3 de la serie de notas “Discriminación, racismo y xenofobia en la literatura ” en la revista “El cruce” del año 2011, tuve una sensación absolutamente negativa al ver que se criticaba con fervor a Jorge Luis Borges. Tengo que reconocer que el primer impulso fue, como lo son casi todos los primeros impulsos. de escribirle reclamándole algún tipo de resarcimiento, al menos escrito, para con la figura de quien nos diera innumerables satisfacciones a los que amamos la literatura, mas allá de las ideologías. Todo es discutible. Pero como todo lector nunca me conformo con la mitad de la historia. No. Me gusta tener todos los elementos para poder juzgar una obra, sea esta de índole literario, histórico o periodístico. Me gustaría de ser posible , apelando a su amabilidad si pudiera obtener los artículos que completan la obra, o bien me envíe el link donde pueda leerlos. Desde ya quedaré agradecido y también iluminado al poder tener las notas completas de la serie. Sabrá usted, por otro lado, disculpar el “delay”, pero como le dije al principio yo no conocía la revista “El Cruce”. Desde ya quedo muy agradecido.
    Marcelo Gustavo Uzal

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