Los orígenes de la historieta de ciencia ficción argentina

En su último libro, Carlos Abraham derriba el mito de que “El eternauta” es la pionera del género, más allá de su relevancia.

Cuando se habla de historietas de ciencia ficción en la Argentina inmediatamente aparecen dos nombres: Héctor Germán Oesterheld y El Eternauta. Esa épica invasión extraterrestre en una Buenos Aires de la segunda mitad del siglo pasado, dibujada por Francisco Solano López, es considerada de manera unánime la pionera del género.

Que haya sido pionera no es más que un mito que Carlos Abraham se encargó de “desmitificar” con su más reciente proyecto, publicado por la editorial de Temperley Tren en Movimiento. Este profesor en Letras egresado de la Universidad de La Plata es experto y traductor de la poesía de H.P Lovecraft, además de un buscador de libros extraños y olvidados de la literatura nacional, principalmente de ciencia ficción y el género fantástico. En Las historietas argentinas de ciencia ficción: de los orígenes a El Eternauta se propone justamente lo que enuncia en el título: trazar una genealogía de la historieta de ese género en la Argentina, la cual se remonta a más de medio siglo antes de la aparición de la icónica aventura de Juan Salvo.

A pesar del largo período histórico que abarca el libro, ese recorrido de más de 50 años es llevado de manera amena a través de las 100 páginas que lo conforman. Las mismas son complementadas por las ilustraciones de esos cómics olvidados que Abraham descubrió en la investigación y que dan cuenta de la vasta producción que existía en nuestro país durante esos tiempos.

-¿Cómo comenzó este proyecto?
-El proyecto comenzó hace unos cuantos años, alrededor de 2008. Me di cuenta de que había una gran laguna en cuanto al estudio sobre las historietas argentinas. Los estudios de la ciencia ficción en la historieta nacional comenzaban abordando los años ’50 y después solamente se mencionaba muy al azar alguna que otra historieta de los años previos, pero no había un estudio de conjunto sobre el tema. A partir de ahí me dediqué a escribir el libro. Había recorrido muchas publicaciones del período que van desde el 1900 hasta 1955 para otras investigaciones y había encontrado muchas historietas. Sabía que existía un corpus de material.

– ¿Cuáles considera que fueron sus mayores hallazgos durante la investigación para el libro? ¿Por qué?
-Hubo varios hallazgos importantes a lo largo de la escritura del libro. Uno de ellos fue la primera historieta argentina de ciencia ficción, una versión local de una estadounidense, que acá se conoció como Las aventuras de Viruta y Chicharrón. Los personajes eran una especie de Laurel y Hardy: uno bajo y gordito mientras que el otro era flaco y alto. Hay un episodio muy extenso en el cual estos personajes viajan a la Luna y luego a Marte. Estos episodios fueron redactados por un autor argentino, por lo tanto fue la primera historieta argentina del género.

El número de Viruta y Chicharrón en donde llegan a Marte

Luego otro elemento importante fue la presencia de varios autores con mucha continuidad en el género, como Raúl Rosarivo, que fue el dibujante y escritor de historietas como Tanker, el invulnerable y Forkis, el hombre que volvió a la vida; o Carlos Clemen, que posiblemente fue nuestro historietista de ciencia ficción más prolífico; Leandro Sesarego, que escribió Dick Malvan, ultrarayo; y la obra temprana de Oesterheld, que también está muy vinculada a la ciencia ficción.

– ¿Por qué decidió frenar el análisis histórico en El Eternauta y no en obras previas de Oesterheld? ¿Qué es lo que la distingue de las anteriores?
-Decidí finalizar el análisis en El Eternauta debido a que es una obra que marca un quiebre en el panorama de nuestra ciencia ficción “historietística“. Por un lado, por su calidad; por otro, por el impacto que generó en el público ya que fue la primera historieta argentina de ciencia ficción en llegar no solamente a lectores específicos sino que tuvo una trascendencia realmente masiva. Generó una visibilidad muy particular de nuestra historieta argentina de ciencia ficción.

– ¿Considera que el libro ayuda a desmitificar la idea de que antes de Oesterheld la ciencia ficción en las historietas no era popular en el país?
-Creo que sí, que contribuye a desmitificar esa idea ya que encontré más de 80 historietas argentinas de ciencia ficción publicadas en revistas de interés general como Caras y Caretas o PBT, en revistas infantiles como Pilucho o Figuritas y en otros medios específicos de historietas como Rayo Rojo, entre otras. La historieta existió muy tempranamente en nuestro país y quizá una de las más tempranas manifestaciones de que la historieta se había vuelto realmente popular fue su publicación en el diario Crítica que publicaba a Flash Gordon bajo el nombre de El Hombre Relámpago. En mis entrevistas a muchos lectores y coleccionistas que vivieron en aquellos años la mayoría me dijo que su punto de contacto con la ciencia ficción fue a través de las historietas que publicaba el diario Crítica. Entonces yo diría que sí, que la historieta de ciencia ficción fue algo muy popular en el país. Hay toda una prehistoria que quizás hoy en día no se recuerda tanto a diferencia de la historieta de los años ’50.

Carlos Clemen fue posiblemente el escritor de ciencia ficción más prolífico de nuestro país

– Una impresión que genera el libro es que la influencia norteamericana fue determinante en el desarrollo de la historieta de ciencia ficción nacional. ¿Considera que esto se mantiene?
-En cuanto a las influencias hay varias etapas. Durante la etapa inicial que va de 1900 a 1930 hay una influencia pareja de historietas europeas y estadounidenses. A partir de los años ’30 la influencia estadounidense se vuelve hegemónica. Tenemos a Alex Raymond, el autor de Flash Gordon, que fue extremadamente leído en el país. De hecho, en la Argentina se hizo una academia de admiradores de Alex Raymond donde estaban varios de los historietistas más importantes de la Argentina. La influencia estadounidense fue hegemónica hasta mediados de los años ’60 cuando comienza a aparecer una especie de resurgir europeo. Estoy pensando en gente como Jean “Moebius” Giraud, Enki Bilal y otros más. En los años ’70 está la influencia de Metal Hurlant (revista de ciencia ficción francesa) que fue muy leída en el país. Hoy en día diría que se ha sumado una tercera influencia que es la historieta japonesa, el manga, que es especialmente activa entre los historietistas más jóvenes.

– Saliendo un poco de la cuestión de la historieta… ¿cómo caracteriza al ambiente de la ciencia ficción en nuestro país? ¿Tiene o tuvo algún rasgo particular que lo defina?
-Fue muy variado a lo largo de las épocas: en el siglo XIX estaba constituido por autores que no se conocían entre sí y publicaban textos de baja tirada o en los periódicos. Generalmente sus rasgos son afines a los de la generación del ’80: el interés por el progreso, una cierta fetichización de la ciencia, también elementos humorísticos para aligerar la parte científica y tecnológica. Luego en la ciencia ficción literaria de 1900 a 1940 aparece la etapa modernista con toda una serie de elementos propia de esta cosmovisión como el gusto por lo exótico, el esteticismo, el dandismo y otras características como cierto interés por los procesos mentales anómalos, la locura, los mundos de paraísos artificiales revelados por las drogas, elementos que figuran también en la poesía del período. A partir de ese período hay cierto influjo de tono borgeano en nuestra ciencia ficción pero yo diría que es más el de autores estadounidenses que el de nuestros cultores del género fantástico. Puede decirse que hay dos tradiciones: la representada por Borges y Bioy Casares y en general por nuestro fantástico; y después la representada por nuestra ciencia ficción que se mantuvo por una vía aparte y menos conocida.

-¿Cual sería esa vía aparte y menos conocida?
-Aparte de la parte visible de nuestra ciencia ficción, la que figura en las antologías del género, hay también muchos autores, como Luis Roca, el autor de la novela Regresión en los años ’30; Susana Calandrelli, que en los ’60 publicó el libro Ese planeta llamado locura y otros más, que como no participaban del “fandom” local del género no fueron visibilizados y eso hizo que no figurasen en los pocos artículos que han buscado historiar la ciencia ficción argentina. Ha habido una gran limitación de la perspectiva real del género, que es mucho más amplia de lo que se piensa.

OTROS PROYECTOS DEL AUTOR

Entre los próximos proyectos de Abraham se encuentra un libro sobre la historia de la literatura de ciencia ficción nacional. Y en breve publicará un ensayo llamado La técnica narrativa de Borges. Además, es compilador de la colección “Cuadernos de la Gran Aldea”, antología de cuentos fantásticos y de terror provenientes de la Revista Caras y Caretas. Como si fuera poco, finalizó recientemente la traducción de “Hongos de Yuggoth” de Lovecraft y se encuentra en proceso de traducir el resto de la poesía del autor norteamericano.

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