El nuevo escenario después de los festejos

El oficialismo bonaerense no refleja conflictos internos en el inicio de la nueva gestión. El alineamiento entre la Nación, la Provincia y los municipios se presenta inalterable, aunque no exento de atravesar alguna turbulencia en los años venideros. La relación entre el vicegobernador y los intendentes parece fría y eso deja el campo preparado para los cabildeos en el peronismo bonaerense.

Lomas de Zamora, diciembre 12 (AUNO).- El comienzo de las nuevas gestiones promete cuatro años que serán poco aburridos para el mundillo político, particularmente en la provincia de Buenos Aires, donde todos los sectores buscan tener juego propio. A saber, los intendentes acostumbrados a manejar sus asuntos en consulta con el gobierno provincial y con cierta autonomía del nacional; el flamante vicegobernador, Gabriel Mariotto, que arma actos y encuentros más alineados con las políticas de la Casa Rosada que con las que se delinean en La Plata; y el gobernador Daniel Scioli, que busca evitar cualquier conflicto puertas adentro del oficialismo que pueda complicar la gestión que le queda por delante, mientras espera, como siempre, que las cosas se acomoden para ver hacia dónde fluye el río.

Si bien no se advierten para el corto plazo movimientos políticos bruscos —nada de rupturas traumáticas ni enconos a viva voz— el hecho de que dos figuras de peso y con improntas distintas convivan en el gobierno bonaerense auguran posibles cambios en la relación Provincia-Municipios, Provincia-Nación y Nación-Municipios. Todo dependerá de cómo se mueva cada uno, tanto Scioli con su fuerte raigambre justicialista, como Mariotto, identificado como uno de los artilleros de la renovación kirchnerista.

La mayoría de los intendentes suele peregrinar con más frecuencia a la La Plata que a Balcarce 50, particularmente aquellos que tienen más años en el poder y que han acompañado todos los vaivenes del PJ bonaerense, caracterizado por su histórica autonomía política. Ellos se sienten cómodos con Scioli, con quien en los últimos cuatro años cultivaron una estrecha relación en la que nunca faltó la entrega de fondos y las visitas semanales para inaugurar obras.

Mariotto, en cambio, es una de las caras de la renovación del peronismo que la Presidenta comenzó a impulsar en estas elecciones, con la inclusión —en todas las listas— de militantes jóvenes formados en el kirchnerismo. Si los intendentes históricos perciben que el también titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) busca llevar esa renovación a sus distritos, la relación con el gobierno provincial podría experimentar algunos cortocircuitos.

Hasta el momento, no se perciben fricciones. Al menos en la superficie. Mariotto recorre la provincia acompañado por figuras nacionales alineadas irrestrictamente con el kirchnerismo, como fue el caso del Encuentro por las Políticas Públicas, llevado a cabo en el partido de Esteban Echeverría, donde afirmó que “durante los próximos cuatro años el proyecto de la Provincia será el reflejo del proyecto nacional”. Con gestos como este, el vicegobernador parece esforzarse más por mantener el poder político de Buenos Aires atado al kirchnerismo que por encarar un armado propio. Hasta ahora, los intendentes no concurren a esos encuentros, lo que da muestras de que no existe una comunión con el flamante número dos de la Provincia, pero no objetan los discursos que emanan de allí. Así, se mantiene un equilibrio y se alejan las hipótesis de conflicto inmediato.

Scioli se mantiene impertérrito. Deja que unos y otros hagan lo suyo mientras él remarca su acompañamiento al Gobierno nacional y avanza con el proyecto de Regionalización y Descentralización administrativa. Ni siquiera cuando Mariotto opinó que esa iniciativa había que “revisarla” salió a contestarle. Y mantiene esa línea porque, hasta el momento, nada ha perturbado su buena relación con los intendentes, incluso con aquellos más cercanos al kirchnerismo puro que personifica Mariotto en el nuevo escenario bonaerense, como Darío Díaz Pérez (Lanús) o Darío Giustozzi (Almirante Brown).

Sin embargo, habrá que ver cómo se para el gobernador si Mariotto buscara ganar terreno y los intendentes opusieran resistencia. La carrera política de Scioli ha sido un culto a la obediencia y a la no confrontación, pero jamás se encontró bajo fuego cruzado, donde sus decisiones políticas pudieran sacudir el tablero político. Por ello, las relaciones de su gobierno hacia arriba y hacia abajo se mantienen imperturbables, pero se anuncian como un complejo juego de equilibrio.

PS-AFD
AUNO-12-12-11

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