Y Eva decidió ser Evita

Hoy se cumplen 60 años del fallecimiento de Evita. Ocurrió en 1952. Breve lectura de un capítulo de su libro ‘La Razón de mi vida’, de una edición publicada pocos días después de su muerte.

Horacio Raúl Campos

LOMAS DE ZAMORA, jul 25 (AUNO) – “El día que me acerqué a Perón advertí que la lucha por la justicia social sería larga y difícil”, dice Evita en la Razón de mi vida, Buenos Aires, Peuser, 1952, página 154.

Pero aquí escribiremos sobre lo que dice en el capítulo XVI de ese mismo libro, que lleva como título ‘Eva Perón y Evita’ porque allí está escrita una de las tantas claves de por qué eligió el camino que decidió transitar.

Realiza un desdoblamiento del propio Perón y de ella misma. Pero no es un juego ficcional de literatura. Escribe allí: “Antes de entrar en el tema es conveniente recordar que Perón no es sólo presidente de la República; es, además, conductor de su pueblo”.

“Esta es una circunstancia fundamental y se relaciona directamente con mi decisión de ser una esposa del Presidente de la República distinta del modelo antiguo”, dice. ¿Y en qué consiste ese modelo antiguo y en qué el nuevo?

Explica que “pude ser una mujer de Presidente como lo fueron otras. Es un papel sencillo y agradable: trabajo de los días de fiesta, trabajo de recibir honores, de engalanarse para representar según un protocolo que es casi lo mismo que pude hacer antes y creo que más o menos bien, en el teatro o en el cine”.

Compara el trabajo protocolar de un gobierno, frío, alfombrado y alejado del calor popular con el trabajo teatral y cinematográfico que ella misma protagonizó. Está claro que no quería desempeñar escenas de ficción como esposa formal de un Presidente. Pretendía, y lo hizo, pasar de la ficción a la realidad. Y aquí no importa discutir sobre ese último concepto.

Claro, todo ello tiene un precio. No es gratuito porque no es lo mismo entregar el cuerpo en una actividad artística, de ficción; que entregarlo a la actividad de la realidad política. Aunque lo primero muchas veces tampoco está exento de peligros. Hay centenares de artistas y escritores desaparecidos por la dictadura. Y otros tuvieron que huir para salvarse.

Después, Evita, aclara algo fundamental: “En cuanto a la hostilidad oligárquica no puedo menos que reírme”. ¿Cuál es el significado profundo de la risa de Evita respecto de la conducta de la oligarquía? ¿Es para reírse cuando la oligarquía se pone hostil? Creemos que no. Es una risa política y sólo en ese plano puede ser entendida esa aseveración y en el contexto del violento enfrentamiento del peronismo con esos sectores.

No debemos dejar de señalar que los enemigos históricos del peronismo son la oligarquía agropecuaria y la financiera, aunque por estos tiempos las cosas se hayan complejizado bastante y las fronteras entre una y otra se hicieron un poco borrosas pero no por eso difícil de explicar.

Después Evita se pregunta: “¿Por qué hubiese podido rechazarme la oligarquía? ¿Pero acaso alguna vez esa clase de gente tuvo en cuenta aquí, o en cualquier parte del mundo, estas cosas, tratándose de la mujer de un Presidente?” Y se responde: “Nunca la oligarquía fue hostil con nadie que pudiera serle útil. El poder y el dinero no tuvieron nunca malos antecedentes para un oligarca genuino”. Esto está en relación a los continuos ataques que sufría relacionados con sus orígenes humildes.

“La verdad es otra: yo, que había aprendido de Perón a elegir caminos poco frecuentados, no quise seguir el antiguo modelo de esposa de Presidente.
Además, quien me conozca un poco, no digo de ahora, sino desde antes, desde que yo era una ‘simple’ chica argentina, sabe que no hubiese podido jamás representar la fría comedia de los salones oligarcas”, escribe en ese mismo capítulo.

Esas líneas son fabulosas. Completas de profundo significado político. Clarísimas. Evita, como no podía ser de otra manera, actriz fenomenal, utiliza categorías de su profesión al servicio de su argumentación y la definición política.

Está claro que no quería la “fría comedia” de los espacios dominados por la oligarquía. Qué vigente está todo esto en los albores del siglo XXI. ¡Cómo vemos actualmente a personajes deambular por ese tipo de salones!

“No nací para eso. Por el contrario, siempre hubo en mi alma un franco repudio para con ‘esa clase de teatro’”, precisa poco después. Ahora llegó el momento de optar entre la fría comedia oligárquica y el teatro de la experiencia de mundo real, que en este caso es el del pueblo.

Añade en ese sentido: “Yo no era solamente la esposa del Presidente de la República, era también la mujer del conductor de los argentinos. A la doble personalidad de Perón debía corresponder una doble personalidad en mí: una, la de Eva Perón, mujer del Presidente, cuyo trabajo es sencillo y agradable, trabajo de los días de fiesta, de recibir honores, de funciones de gala; y otra, la de Evita, mujer del Líder de un pueblo que ha depositado en él toda su fe, toda su esperanza y todo su amor”.

“Unos pocos días al año represento el papel de Eva Perón; y en ese papel creo que me desempeño cada vez mejor, pues no me parece difícil ni desagradable. La inmensa mayoría de los días soy en cambio Evita”, dice después. ¿Hace falta una hermenéutica para esas líneas? Son muy claras.

Allí está en todo su esplendor el camino finalmente elegido. Claro, con razón hay algunos, casi todos ajenos al peronismo, que eligen llamarla ‘Eva’ o ‘Eva Perón’ o ‘Eva Duarte’ y nunca Evita. Porque ‘Evita’ es molesto, tiene sus riesgos, incomoda, te acerca a ella y te introduce en el calor del teatro del pueblo.

No se podrá negar que en algo han evolucionado porque en sus tiempos ni siquiera Eva le decían. Entonces, decíamos, que ella se prefiere ‘Evita’, que además es como la llamaban lo descamisados y aquellos que se refrescaron los pies en la fuente. Escribo así para no decir “aquellos que metieron las patas en la fuente”.

Por eso dice allí mismo: “De Eva Perón no interesa que hablemos. Lo que ella hace aparece demasiado profusamente en los diarios y revistas de todas partes. En cambio, sí interesa que hablemos de ‘Evita’”. Otra distinción básica: En los medios de comunicación aparece la mujer formal de un Presidente y en otro lado, diríamos en otros soportes, que no pueden ser otros que los humildes, aparece ‘Evita’. Había un tercer elemento que eran los propios funcionarios del Gobierno peronista que le decían “señora” con más ganas de congraciarse que de tenerle respeto.

¿Y por qué Evita y no Eva? “Porque quien comprenda a Evita tal vez encuentre luego fácilmente comprensible a sus ‘descamisados’, el pueblo mismo y eso nunca se sentirá más de lo que es… ¡nunca se convertirá por lo tanto en oligarca, que es lo peor que puede sucederle a una peronista!”.

Vaya si lo fue, es y será “difícil y larga la lucha por la justicia social”. Tanto que el mismo peronismo se dedicó en los noventa a tirar a la basura lo poco que había quedado de aquellas primeras transformaciones porque no pocos peronistas habían optado por la “fría comedia” en esos salones.

AUNO 25-07-12
HRC

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