Por la salud y el trabajo

Una clínica recuperada por sus trabajadores lleva más de un año funcionando como cooperativa de salud autogestionada por treinta miembros. Con equipamiento especializado en cirugía cardiovascular, consultorios externos y un servicio de medicina nuclear, los porteños pueden recibir atención mediante el pago de un bono comunitario. Aunque la Legislatura aprobó la expropiación en 2004, están a la espera de que el Banco Ciudad lo tase para poder comprarla.

Por Esteban Vera

(AUNO-Tercer Sector*) El Ave Fénix para las civilizaciones antiguas de Medio Oriente era una fabulosa ave que renacía de sus cenizas. Inspirados en esta figura mítica, un grupo de trabajadores despedidos del Instituto Médico de Cirugía Cardiovascular (IMECC) del barrio porteño de Caballito decidieron en octubre de 2003, ante la quiebra de la clínica, conformar la Cooperativa de Trabajo Fénix Salud y conservar su fuente de trabajo. Hoy funcionan los consultorios externos, el laboratorio, la Sala de Hematología y la de Rayos X.
“La cooperativa se llama Fénix porque los trabajadores estábamos hechos cenizas, y queríamos renacer”, explica Elsa Pacheco, secretaria de la cooperativa. La clínica especializada en cardiología está integrada por 30 empleados, entre médicos, administrativos, técnicos, bioquímicos y mucamas. . “Al principio éramos 19, después menos, ya que los médicos no venían porque tenían miedo de que sí salían en televisión los echarán de sus otros trabajos, como le sucedió a uno de médicos que trabajaba en el Sanatorio de la Trinidad”.
La clínica se encuentra en la esquina de Díaz Vélez y Otamendi, frente a Parque Centenario, a pocos metros del hospital Durand. Es un edificio de seis pisos, con un frente de ladrillos a la vista, y con puertas y ventanas de vidrio negro. “Nosotros lijamos las paredes cuenta Pacheco y entre todos fuimos pintando los interiores del sanatorio con pintura blanca que los pacientes donaron,” recuerda.
Para empezar a funcionar, los integrantes de la cooperativa presentaron un proyecto al gobierno porteño “Se llamaba ‘Salud y trabajo para todos’ y por ese proyecto nos habían dado 200 pesos a cada uno por un año”, cuenta Pacheco. La secretaria de Fénix Salud explicó que ese dinero fue “muy necesario” para que los empleados, de menos recursos, pudieran sobrellevar la primera etapa del emprendimiento.
La iniciativa consistía en “volver a poner en funcionamiento la clínica, como cooperativa, con sus diferentes servicios, en ofrecer un bono comunitario y en prestarle esos servicios a la comunidad, como el de tomografías computarizadas”.
El sanatorio cuenta con tomógrafos, aparatos para hemodinamia, equipos de medicina nuclear, un quirófano, a estrenar en pocos días, una sala de Rayos X, un sector de internación iluminado y cómodo pero austero, y un área de rehabilitación, donde anteriormente se realizaban tratamientos de diálisis. Una sala de espera y una maquina de café cederá paso en poco tiempo a una confitería en el mirador del quinto piso.
“El servicio de medicina nuclear, los consultorios, el laboratorio, Rayos X, Hematología ya están en funcionamiento y está en arreglo el tomógrafo”, detalla la cooperativista. En la clínica están a la espera de un subsidio más que necesario. “El INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) nos prometió un subsidio de cien mil pesos. Con este dinero arreglaríamos el tomógrafo roto y pagaríamos los sueldos”.
La entidad está gestionada en la actualidad por 30 trabajadores. Sin embargo, Pacheco aclara que “hay 24 puestos reservados para compañeros que antes trabajaban aquí y que no pudieron soportar hasta que la clínica comenzará a funcionar” y que además confían en poder “crear 40 puestos de trabajo más”. Para la administración de la clínica se llevan a cabo reuniones todos los días y además se realiza una asamblea por mes.
“Continuamos funcionando como un instituto privado pero tenemos un bono comunitario de cinco pesos y otro de 10 pesos para que la gente del barrio pueda acceder a nuestros servicios”, señaló Pacheco.
Al momento de distribuir las ganancias los socios de la cooperativa establecieron un escalafón “pero a fin de año se reparten las ganancias del año en partes iguales”, explicó la secretaria de la cooperativa.
Cuando en marzo del 2004 un grupo de empleados –en su mayoría personal de coordinación y limpieza- decidieron ocupar el edificio para defender su fuente de trabajo, la jueza Matilde Ballerini, la misma que intervino en el caso Brukman, aspiraba a rematar todo, incluso el inmueble. Meses después, los legisladores porteños sancionaron un proyecto de ley que declaró “de utilidad pública” el sanatorio recuperado por sus trabajadores y a partir de ese momento el edificio pasó a manos del gobierno porteño.
En estos momentos, los cooperativistas esperan que el Banco Ciudad lo tase para poder comprarlo con los 120 mil pesos mensuales que calculan que generaría el sanatorio y con los ingresos de la concesión del servicio de diálisis a una farmacéutica.
“El INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) nos estaría entregando –cuenta Pacheco- en unos días un subsidio de cien mil pesos. Con este dinero arreglaríamos el tomógrafo roto y pagaríamos los sueldos”.
En la clínica, con más de 20 años de especialización en cardiología, se llevan a cabo tratamientos de enfermedades cardiovasculares: cirugías cardíacas y periféricas, angioplastias arteriales, tratamientos no invasivos, estudios, diagnósticos e internaciones.

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Cómo contactarse:
Cooperativa de Trabajo Fénix Salud Limitada, Díaz Vélez 4790, Capital Federal.
Teléfono: (011) 4958 7555

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*Agencia Universitaria de Noticias y Opinión
Revista Tercer Sector

Un comentario sobre «Por la salud y el trabajo»

  • Paso el tiempo y quedo demostrado que el manejo de la clínica x el matrimonio Elsa y Arturo Pacheco siempre fue deficiente e improvisado. Mucha gente, enfermeros, médicos, etc decidieron dejar de trabajar por las malas condiciones, escaso equipamiento y falta de pago, a pesar de las repetidas promesas……
    El Gobierno de la Ciudad debiera darle la posibilidad de recuperación de fuentes de trabajo solo a gente decente, con ganas de trabajar y transparente en el manejo administrativo y económico, para cumplir con la finalidad esencial, en este caso disponer los recursos no para uso personal sino para la atención de los pacientes.

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