“La nueva ley del niño no propone un modelo superador que solucione el mayor problema: la pobreza”

Entrevista a Laura Taffetani, abogada, referente del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo y especialista en infancia.

Sobre el nuevo paradigma legal que propone la Promoción y Protección integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, AUNO consultó a la coordinadora de la Escuela de Educadores de la Fundación Pelota de Trapo y referente del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, Laura Taffetani.
— ¿Cuáles son los avances de la nueva “ley del niño” respecto de la Ley de Patronato?
— Desde hace ya muchos años que el principal mecanismo de control social no es el Patronato de Menores sino lo que nosotros llamamos cárceles a cielo abierto, chicos arrojados a la intemperie de barrios y villas donde viven y mueren de cualquier manera, muchas veces sin haber ingresado nunca en el sistema. El Patronato continuó operando en forma simbólica en el imaginario social pero sólo para un sector los niños: los que salen de los barrios e ingresan a las grandes ciudades, los ámbitos sociales donde no pertenecen, ni pertenecerán en el actual sistema económico. La ley viene a dar una respuesta, entonces sólo a un aspecto limitado de situaciones violatorias de los derechos de los niños: la internación, pero no da respuesta a los problemas que afectan a la mayoría de la población infantil.
— ¿Esto da validez a la lucha contra el Patronato?
— Es válido que se luche contra el Patronato, pero lo que uno no puede hacer es desconocer la pobreza. Uno de los puntos sobre el que se avanzó en la nueva ley es que el hogar (N.E.: del tipo convivencial, por lo general a cargo de organizaciones sociales) debe ser el último recurso para dar protección al chico. Pero ello exige que el Estado se dé una política para que la familia no llegue al extremo de perder el vínculo con sus hijos y tener, como en todos los países del mundo, hogares convivenciales para dar respuesta una vez que el vínculo se rompió y no se puede reestablecer. El problema es que el Estado no tiene políticas ni para una situación, ni para la otra. Entonces no es que se está abandonando un sistema por otro superador, se están implementado algo peor: el desamparo. Nadie ni nada.
— ¿Cómo se traduce esta política en la práctica?
— Dentro de esa política se han cerrado un montón de Hogares convivenciales. Tenemos información de que en el distrito (judicial) de Lomas quedan sólo dos. Esto es una locura porque no se da abasto con la situación. Nunca voy justificar que el juez actúe en una situación social, que debiera demandar una respuesta al Estado. Pero se evita esta intervención y no se hace nada. Habría que crear trabajo para las familias de los chicos o a los jóvenes y no darle un subsidio a un pibe que estuvo en instituto donde no desarrolló nada.
— Es decir, ¿trabajar el problema desde otro costado?
— Se toma la reivindicación de que el pibe debe estar con la familia, pero primero hay que laburar con esas familias. Es maravilloso que se incorpore la “ley del niño”, pero hay una diferencia enorme entre lo que propone la norma con la realidad que se vive. El Patronato fue terrible, pero estamos enfocando mal. Cuando hablamos que el problema es que los chicos necesitan garantías procesales ¿Podemos hablar de que los mayores tienen garantías procesales en la realidad? No, porque no es verdad. Tendríamos que sincerarnos con nosotros mismos.
— ¿Por qué cree que aparecen estos huecos en la nueva Ley?— No se puede analizar la ley sin el contexto social y político en que se aplica. Desde 1975 se vive una política devastadora; detrás de cada chico de la calle hay un padre desocupado. La ley plantea la vuelta del pibe al hogar cuando la familia esta peor.
— ¿Son muchos los que viven esta situación?
— En la Provincia de Buenos Aires, al momento de ponerse en vigencia la nueva ley, se hablaba de 10 mil chicos internados y había más de 2 millones bajo la línea de pobreza. El sistema siempre fue eyector de pobreza, y a esto hay que sumarle el hambre, el gatillo fácil, el paco. Resulta perversa la idea de la vuelta a la familia, porque el pibe retoma las condiciones que lo empujaron a vivir mal, se lo devuelve a la misma situación. Es decir que con la nueva ley se crea una ficción, porque no se propone un modelo superador que solucione el mayor problema. Si se quiere tener una propuesta a largo plazo hay que dar trabajo a sus padres y dar respuesta inmediata al tema del hambre, que tiene resolución inmediata si existe la voluntad política.
— Esta es la situación en materia social. ¿Cómo sería la penal?
— La ley tendría que aplicarse para que los chicos no ingresen al sistema penal. Fiorito, Ingeniero Budge son cárceles a cielo abierto, que no forman parte del sistema tradicional de minoridad, ahí viven y mueren de cualquier manera sin que nadie diga nada, para ello la nueva ley no da respuesta. Hace poco, la Correpi sacó un informe que reveló que cada día y medio muere un joven a manos de alguna fuerza de seguridad. Los hogares de tránsito tampoco tienen sentido, nadie puede crecer en tránsito, todos necesitamos seguridades para poder vivir y la principal es que siendo niños va a ver una referencia adulta que lo acompañe hasta su adultez. La situación de pobreza que atravieza la gran mayoría de niños y niñas de la Provincia es muy grave y desgraciadamente no es transitoria, llevamos tres generaciones de familias sin trabajo. Si esa fuera la solución tendríamos que techar todo Buenos Aires como centro de recepción.
— ¿Cuáles serían las medidas necesarias para abarcar el problema de los chicos en su totalidad?
— La situación de base es que el chico coma. En Pelota de Trapo tuvimos el caso de una mamá sin recursos que intentó suicidarse delante de sus chiquitos ¿Nosotros vamos a resolver ese tema con equipos profesionales o ellos necesitan morfar? ¿Qué puede resolver un psicólogo? El problema no es patológico, sino que la consecuencia en que se coloca a las familias de supervivencia deriva en patológico. Por eso, en un país como el nuestro, el hambre es un crimen. Tenemos una abultada reserva en el Banco Central, pero no hay decisión de invertir en los chicos. La solución no pase por cambiar el nombre (de una ley) sino asumir compromiso de un futuro distinto para nuestros pibes.

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NL-AFD
AUNO-21-12-07
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