Las sombras de una muerte en el instituto de menores de Lomas de Zamora

En marzo último, un adolescente encerrado en el Centro de Recepción de menores lomense amaneció muerto al día siguiente que lo cambiaron de pabellón. Esa noche se sintió mal y lo dijo. Dicen que nadie lo atendió. Las razones de la muerte aún no fueron aclaradas y la Justicia niega a la familia los resultados de la autopsia. La trama del caso aún no fue reconstruida. Investigan un presunto abandono de persona.

En el Centro de Recepción de menores de Lomas de Zamora hay algo que huele mal. El 22 de marzo, en una celda diferente a la que había sido su habitación durante dos meses, Marcos Dunda, uno de los chicos que estuvo internado en esa institución, amaneció muerto. Su deceso, lejos de ser “natural” —tal como definieron los responsables de esa institución— pareciera ocultar otras cuestiones. La Justicia investiga un posible “abandono de persona” en el marco de una densa trama de frenos burocráticos, lo que devela –-una vez más—- las condiciones con que son atendidos los chicos privados de su libertad. “Marcos era un chico sano y todos sabían que no debía haber estado ahí, pero ahora las autoridades del centro, el juez y la fiscal se lavan las manos”, denunció Enrique “Cacho” Dunda, que nueve meses después sigue sin saber por qué murió su hijo.

Para tratar de entender la historia, hay que empezar a destejer una red bastante compleja en la que se entrecruzan varios interrogantes: ¿Por qué Marcos llegó a ese centro?, ¿cómo vivía allí?, ¿por qué lo cambiaron de celda la noche del 21 de marzo, horas antes de amanecer muerto?, ¿cuál fue la causa de su muerte?

El joven de 17 años arribó al Centro de Recepción el 13 de enero de 2007 como consecuencia de un hecho que, según su familia, “no quedó claro”: una vecina denunció que el adolescente y dos de sus amigos habían herido a un remisero en un intento de robo. A las 2 de la madrugada, anoticiados por los dichos de la señora, policías de la comisaría 5ª de Wilde fueron a buscar a Marcos a su casa. “Lo metieron adentro del patrullero y llevaron al instituto. Yo fui con él, no lo iba a dejar solo”, recordó Cacho, que se apresuró a aclarar que en el trayecto su chico le aseguró que “no había herido a nadie”.

Su primer lugar en el instituto de menores ubicado frente a los tribunales lomenses fue en el sector de Ingreso: “Una celda pequeña y sucia en la que viven los chicos nuevos, todos juntos, durante los primeros días”, precisó a AUNO la integrante del Comité Contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria, Alicia Romero. Según su relato, cinco días después se trasladó a Marcos a lo que fue su lugar permanente, una celda en el módulo 3 que compartiría con el chico que fue su compañero hasta la noche antes de morir.

Si bien la minoría de edad y una causa penal por robo registrada unos meses antes —condiciones que deben cumplir los chicos para quedar encerrados en una institución con esas características— hicieron del centro de Lomas un destino obligado para Marcos, no pasaron muchos días de su ingreso hasta que el titular del juzgado nº2 de Quilmes —donde Marcos tenía una primera causa—, Pedro Entío, decidiera su traslado a la institución terapéutica Los Tilos, en City Bell, según consta en informes a los que tuvo acceso esta agencia.

Pero ocurrió algo. En el centro lomense dilataron el traslado de Marcos, hecho que se convirtió en uno de los puntos más controvertidos del caso. Según documentos que certifican esa medida y que fueron dados a conocer a esta agencia por una fuente de la causa, Entío ordenó a las autoridades del centro que “se arbitren las medidas necesarias para que se den las entrevistas de admisión” a Marcos en la institución terapéutica Los Tilos desde fines de febrero. Mientras, el joven continuaba en Lomas.

UN AVISO
Marcos “decía que estaba bien, que lo trataban bien y yo le creía”, recordó Cacho Dunda. Romero describió a la celda donde estuvo el adolescente y continúan los demás chicos: viven como “un cuarto muy chiquito que tiene una cama amurada a una de las paredes, una mesa a otra pared que da a una ventada enrejada y un banco fijado al suelo; cama, mesa y silla de cemento. El baño es un agujero en el piso y la ducha (está) dentro de la misma celda”.

Suena extraño que siendo las celdas lugares no muy acogedores, tal como lo cuenta la funcionaria, los asistentes de Minoridad que estuvieron en contacto con el adolescente adentro del Centro afirmen que el chico prácticamente no salía de ese habitáculo, ni siquiera durante el poco tiempo que tenía de recreación. Marcelo Brizuela, uno de los empleados que tuvo contacto fluido con Marcos, aseguró a AUNO que el chico “no era como los demás, no tenía el mismo comportamiento de ‘pibe chorro’ de otros. Se refugiaba en su celda, no quería salir, tenía mucho miedo y vivía con un estrés permanente”.

Pero existe un detalle más que genera dudas y que tiene que ver con el estado de salud del joven. Al parecer, Dunda era un adolescente sano. Así lo demostraron los estudios que realizó el médico del Tribunal de Menores n° 2 de Quilmes, Isidro Metetiero, el día que Marcos fue enviado al centro. De ese control médico surgió que Marcos no presentaba “signos evidentes de enfermedad ni lesiones actuales”, aunque en él se dejó instancia de que el chico, en ese momento, manifestaba “tener dolor en parrilla costal derecha en forma esporádica”, y que por ello “se indica control médico de persistir esta sintomatología”.

La realidad es que el joven volvió a quejarse de esa clase de dolores durante su encierro. En el libro de enfermería del centro figura la constancia que fue dejada por los enfermeros el 14 de febrero, Marcos había acudido allí porque presentaba malestares de ese tipo. Pero el personal, en vez ordenar un control médico más profundo como lo aconsejó el especialista del tribunal, le administraron antiinflamatorios, o sea que “no hicieron los estudios necesarios para determinar porqué le dolía, como lo había ordenado el médico del juzgado”, denunció Romero.

LA TARDANZA
Mientras Marcos vivía en esas condiciones, los días pasaban y no había noticias del traslado. Debido a la falta de respuestas desde la dirección del Centro de Recepción y ante la sospecha de que quisieran llevar al chico a otro lado que no fuera Los Tilos, los últimos oficios del juez Entío “directamente intimaban a las autoridades a que liberaran el traslado de Marcos prohibiendo que sea a cualquier otro lado menos a Los Tilos”, aseguró Romero. Finalmente, esto no ocurrió. Según la declaración del ex subdirector del centro, Oscar Rojas (en funciones por entonces), la comunidad terapéutica “no tenía convenio” con el Ministerio de Desarrollo Humano bonaerense al que pertenece la Secretaría de Minoridad.

Según datos de la causa a la que tuvo acceso AUNO, Marcos falleció en el centro el 22 de marzo, la misma noche que lo cambiaron de celda “a pedido de él, por conflictos con sus compañeros”, según confirmó Romero. La noche anterior, Marcos, que en su nuevo espacio le correspondía la cama de arriba, bajó el colchón al suelo y ahí se dispuso a dormir. “En la mitad de la noche, su compañero lo vio que se sentó quejándose como si le doliera algo –-relató Romero—. Le preguntó qué le pasaba, pero Marcos no le respondió y se volvió a dormir.” Tampoco respondió a los llamados la mañana siguiente. “Ya no respiraba y estaba todo violeta”, describió la funcionaria. Según la declaración judicial de uno de los enfermeros del centro, “no lo pudieron reanimar porque no contaban con los medios de reanimación”.

LAS PERICIAS
Según el acta de defunción, el joven tuvo una “muerte natural provocada por un paro cardiorespiratorio”, lo que en términos caseros significa que murió porque dejaron de funcionar el corazón y el sistema respiratorio (motivos por los que toda persona fallece). Y este detalle, así como la negación del traslado a Los Tilos, también genera dudas. Nadie, ni su familia ni la Comisión por la Memoria que sigue el caso pueden entender cómo “un chico sano” de 17 años pudo sufrir un paro cardiorespitratorio repentinamente.

La pericia de autopsia determinó que Marcos había sufrido una afección cardíaca. En ese informe, el médico forense observó que el chico falleció a causa de “un paro cardiorespiratorio no traumático”, que tenía el “corazón de tamaño aumentado” e interpretó “como probable, una afección orgánica de base que se descompensó por un factor intercurrente”. Es decir, algo “que no se logró determinar”, según interpretó Romero, a quien le “llamó mucho la atención” los resultados de la pericia toxicológica que le realizaron al chico en la que se “constató que tenía alcohol en sangre”, reveló.

Aún así, hace falta un último estudio para determinar la muerte. Romero, tuvo contacto directo con la fiscal a cargo de la Investigación Penal Preparatoria (IOO) Nº 756673 “Averiguación de Causales de Muerte – vma. MD” (el caso de Dunda), Marisa Marcó. La funcionaria provincial destacó que a la fiscal le “faltaba algo que consideraba fundamental: el informe de un perito médico que determinara las verdaderas causas de la muerte teniendo a la vista las pericias médica y toxicológica que se hicieron”.

LAS “EXPLICACIONES”
Las autoridades del Centro de Recepción de Lomas de Zamora no quisieron hacer declaraciones. Este medio recibió la negativa del director, Carlos Barreto, frente a las consultas sobre los motivos por los que no se trasladó a Marcos a Los Tilos, las razones por las que cambiaron al chico de celda y su muerte. “El caso está en la Justicia”, se abstuvo.

“El acta de defunción dice que murió a las 7 y a mí recién me avisaron al mediodía –se indignó Cacho Dunda-; (las autoridades del Centro de Recepción lomense) me dijeron que tardaron porque no sabían cómo decírmelo.” El padre rememoró que no bien llegó a ese instituto, le hablaron los asistentes sociales y dos enfermeros. Sin mirarlo a los ojos —según su propia descripción— le preguntaron si Marcos sufría del corazón. “Él era re-sano, no tenía ningún problema del corazón. Además, ¿cómo me van a preguntar ellos si sufría del corazón? Ahí se delataron, porque ni servicio médico le dan a los pibes”, denunció furioso.

“Está claro que quieren tapar cosas”, interpretó Cacho y agregó que “nadie se enteró de lo de Marcos, ni los familiares de los otros chicos ahí internados sabían” de la muerte. Hasta el cierre de esta edición, y nueve meses del fallecimiento del adolescente, la investigación aún sigue abierta y la fiscalía intenta cerrar la etapa de instrucción.

Para la integrante del Comité Contra la Tortura bonaerense, “no puede dejar de verse que hubo una negligencia, que esto se podría haber evitado y que lo ideal hubiese sido que en el centro le realizaran un examen médico profundo al momento del ingreso, tanto Marcos como los otros chicos”.

Según Romero, el hecho de no tener los elementos de reanimación ni el equipo para poder controlar la salud de los chicos demostrado con el caso Dunda revela el “lamentable” estado del sistema de salud de niños encerrados en ese instituto provinciales. Esto, sumado al régimen interno “rígido al punto que los chicos tienen que pedir permiso hasta para fumar un cigarrillo”, a la “gran cantidad” de tiempo que pasan encerrados en la celda y a la “poca disponibilidad” que tienen de acceder al patio descubierto —al que solo van los chicos con beneficios especiales— “no hace más que profundizar los problemas por los que esos chicos terminan encerrados”, concluyó.

“** Entrevista a Laura Taffetani. La nueva ley del niño no propone un modelo superador que solucione el mayor problema, la pobreza” *
** La crónica de una mañana de espera frente al Centro de Recepción*
** La nueva legislación*

AMB-AFD
AUNO-21-12-07
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