Guillermo Vilas: “Estoy unido a Lomas de Zamora, aquí di el primer pisotón”

El tenista más reconocido de la Argentina recordó sus comienzos en el Temperley Lawn Tennis, admitió su deseo de ser capitán de la Davis y lamentó que los jugadores no lo pidan en ese puesto. “No me deben querer”, supuso. Para “Willy”, la pasión es el motor para el triunfo de un deportista: “A los que juegan por dinero les aconsejo retirarse”.

Martín Silles

Guillermo Vilas fue declarado “visitante ilustre” de Lomas de Zamora durante una ceremonia en la que estuvieron varios alumnos de escuelas de tenis del distrito, que no vencieron la tentación de pedirle un autógrafo. En un break, el gran “Willy” repasó con periodistas de varios medios locales algunas escenas de sus primeros pasos en el deporte.

  • -¿Es verdad que cuándo vino de Mar el Plata paraba en Lomas?*

– Sí. Me recibía el escribano Juan José Vázquez y llevaba al Temperley Lawn Tennis, del que era presidente, a jugar con Roberto “Quico” Carruthers.

  • -¿Qué expectativas tenía entonces?*

-Vine sin ninguna exigencia en particular, pero cuando jugué el primer torneo llegué a la final, y al segundo creo que lo gané. Después seguí siempre así, llegando a finales. Al principio creía que estaba por debajo del nivel de (los jugadores de) Buenos Aires. Pero después me di cuenta de que cuando jugaba con ellos les ganaba o perdía muy ajustado, entonces advertí que no estaba tan lejos, y ahí vino un segundo envión.
-¿Qué esperaba su padre de usted cuando lo mandó a jugar a Buenos Aires?
-Mi padre me trajo creyendo que iba a jugar, perder y volver. Pero no fue así, me traían y me quedaba. En ese momento yo iba a los clubes y no sabía qué nombres tenían los torneos ni dónde tenía que jugar; en ese momento era chico, tenía 10, 11 años.
-¿Cuál es el secreto para ser un campeón?
-El secreto es entrenarse y respetar al rival, porque el jugador de tenis, especialmente si es del interior, se entrena en soledad. Hoy, en mi club, se entrenan todos uno al lado del otro, y pueden verse todo el día.
-No es común ver a alguien como usted firmando autógrafos durante una hora sin parar, sobre todo a chicos que, seguro, no lo vieron jugar ¿Cómo maneja su relación con la gente?
-(Sonríe) Hoy también tuve que hacer una charla y me pararon porque ya habían pasado tres horas. No me fijo cuánto tiempo estoy; ¡cuando di mi primer clase duró como tres horas!
-Una vez estuvo ocho horas en una cancha de tenis, hasta comió adentro…
-Sí, eso era porque (Ion) Tiriac, mi entrenador, quería ver cuánto podía llegar a entrenarme. Y a las ocho horas paró y me preguntó si antes había hecho eso. Le dije que sí, que cuando era chico siempre me entrenaba ocho horas, pero que nunca me lo había preguntado. Él quería saber cuál era mi límite, pero en realidad estábamos haciendo cosas que yo hacía en Mar del Plata desde chico (ríe).
-¿Qué significa para usted el nombramiento de “visitante ilustre” de Lomas de Zamora?
-Todo es reconocimiento. La gente a veces piensa “bueno, esto es más chico que lo otro” y hace esas comparaciones matemáticas que no entran en la cabeza. Todo reconocimiento te acerca al lugar; sobre todo al que fue el primero desde que llegué. Acá paraba el tren (que venía de Mar del Plata), y entonces acá paré. Lomas era la estación más cercana a Temperley, que era donde vivía Vázquez. Entonces, quiera o no, ya estoy unido a este lugar, aquí fue el primer pisotón.
-A veinticinco años de la final de la Copa Davis, ¿qué recuerdos tiene de entonces?
-En esa final tenía 30 años, no era ningún niño. Me hubiese gustado que Ricardo Cano no hubiera tenido el problema de la pleuresía que le cortó la carrera, (José Luis) Clerc dio lo que pudo.
-Con su experiencia, ¿qué opina de los que dicen que un deportista que “no llegó” a los 18 años ya es viejo?
-Hay algunos jugadores que explotan rápido. Yo gané mi primer Grand Slam a los 25, Michael Chang lo ganó a los 17 o 18, pero después nunca ganó nada más. Las cosas se dan cuando se tienen que dar, por eso las exigencias a los deportistas son algo natural que van con la profesión. Cualquiera va a decir que quiere que ganen (David) Nalbandian o (José) Acasuso que dicho sea de paso es del Sur, de acá, y eso es un apoyo, una presión y a la vez un halago porque podrían nombrar a otros, pero los nombran a ellos.
-¿Se ve como capitán de la Davis?
-Me tendrían que citar de la Asociación Argentina de Tenis. Los jugadores también pueden pedirme pero no lo hacen, no me deben querer como capitán. Una vez, (Juan Ignacio) Chela me preguntó por qué no iba a los vestuarios. Le dije que si no me invitaban no iba a ir. Todavía no me invitaron. Se ve que la internet es muy lenta; yo no puedo ir a un vestuario si no me invitan porque a mi no me gustaba que lo hicieran.
-Se produjo un cambio en surelación con la gente en la Davis y estuviste en el último match, ¿por qué ese cambio y que le pasó en ese momento?
-Bueno, en realidad ese partido fue el único que fui a ver. Antes no podía entrar porque me producía recuerdos que no me daban la energía que yo quería. Después de ese partido creo que no estuve porque me enteré de que a Clerc lo habían nombrado en la Escuela de ese lugar y no me pareció que yo debía estar. (Se refiere a Escuela de Alto Rendimiento que funcionará en el Parque Roca una vez que se construya el complejo alrededor del nuevo estadio.)
-¿Qué le dice a los padres de los chicos de hoy que quieren un Vilas?
-Los padres de hoy quieren salvarse. Yo tenía plata, y si me iba mal tenía el registro de escribano de mi padre que era hereditario. Pero lo que hice fue con pasión y por eso llegué.
-¿Qué pasa con los chicos que compiten y lo hacen por dinero?
-A los chicos que tienen 18 años que juegan al tenis para salvarse y tener un buen pasar yo les aconsejo retirarse, porque no van a lograr nada. En cambio, los que juegan por pasión, que es en el fondo el único motor que no te hace sentir el dolor, esos sí van a llegar, porque el deporte empezó siendo algo que les apasionaba aunque sus padres pensaran en ganar plata.
-¿Qué cree que la gente aprecia de usted?
-Creo que la gente aprecia que me hice solo, que trabajé mucho. Estoy en contra de los reconocimientos a los huesos porque los huesos no hablan. Hay que premiar el esfuerzo.
-¿Cuál fue su victoria más grande en la vida?
-Quizá, cuando mi padre me dijo que estaba orgulloso de mí.

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