“Es uno de los personajes de la década de 1970 que faltaba describir”

En diálogo con AUNO, los autores del libro “La ley y las armas”, Felipe Celesia y Pablo Waisberg, contaron cómo fueron descubriendo la vida militante Rodolfo Ortega Peña, asesinado por la Triple A en 1974.

El “Pelado” Rodolfo Ortega Peña en sus 38 años de vida fue abogado, diputado, historiador revisionista, docente y también periodista. Cuando en 1974 la Triple A decidió asesinarlo y tachar su nombre de entre los primeros de la lista negra confeccionada por el grupo represor liderado por el ministro de Bienestar Social José López Rega, los periodistas Felipe Celesia y Pablo Waisberg no pasaban el primer lustro de sus vidas.

Felipe Celesia tuvo su primer acercamiento a Ortega Peña por medio de su padre, un militante peronista al el “Pelado” junto con Eduardo Luis Duhalde (actual secretario de Derechos Humanos) defendió. Sin embargo, cuando Felipe comentó a su padre sobre la posibilidad de escribir un libro sobre el “Pelado”, éste le refutó: “Era un ‘jetón’. No se lo merece”.

Pablo Waisberg no conocía demasiado sobre la historia del abogado hasta el día en que una de sus compañeras de la Periodismo en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora le acercó el libro sobre el empréstito Baring Brothers, escrito por Peña en su faceta de historiador.

— Según ustedes, la idea no era hacer un libro biográfico de Ortega Peña. Entonces, ¿a partir de qué momento empezaron identificarlo como un referente?

Celesia: Creímos que era uno de los grandes personajes de la década de 1970 que faltaba describir. Su historia no estaba contada, y tuvo una intervención importante entre los grandes debates políticos de aquella época. A lo largo de la investigación nos dimos cuenta de que su figura no se había rescatado por su imagen de “llanero solitario”, que no estaba inscripto en ningún partido.

Waisberg: A poco de empezar la investigación entendimos que él representaba por lo menos a una parte de aquella generación, ya que tenía que ver con el hecho de romper una tradición familiar antiperonista e iniciar un proceso de fuerte acercamiento a las masas. Por ejemplo, él entró como abogado de la Unión de Obreros Metalúrgicos (UOM) de Augusto Vandor. Pero no fue que él era “vandorista”, sino que entendía que las masas eran obreras. Y con el peronismo proscrito, ¿dónde se referenciaban esas masas obreras?, en el sindicalismo peronista. ¿Y cuál era el sindicato más fuerte de ese momento?, la UOM. Entonces entramos por ahí.

— En la actualidad hay una imagen del abogado como “el ventajero”, “el aprovechador”. ¿Creen que esta imagen es la que rompe Rodolfo Ortega Peña con su compromiso social?

Celesia: Uno de los temas que tiene en la agenda un abogado hoy en día es, sin duda, romper con esa imagen, luchar contra la idea de que son “buitres”. Pero además, en aquel momento, los abogados como Ortega Peña tenían que romper con la idea de que eran aristócratas y parte de una elite que sólo se preocupaba de los grandes negocios de la oligarquía. Peña era un clásico producto de la facultad de Derecho, un niño bien que había estudiado, que había nacido en cuna de oro rodeado de gente con muchos recursos. Y cuando ve que esa no era la vida que quería, empieza a romper con esas ideas.

Waisberg: Lo que pasa es que la facultad de Derecho como institución y formación de elite para defender el derecho a la propiedad privada como el máximo valor del sistema en el que se vive, forma determinada clase de profesional, y no cambió nada, porque la formación es la misma. Pero el abogado que se compromete socialmente logra romper con eso.

— Sin embargo, en algunas de las cosas que marcan en el libro se ve cómo se da esta elasticidad del abogado: estar con la UOM y después con gente que milita en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Waisberg: Son dos momentos históricos distintos. Él fue abogado de la UOM en la primera mitad de la década de 1960 y el PRT no existía. Peña hace todo una evolución y transita todo un proceso político.

Celesia: Este transitar tiene que ver con el proceso político de aquel momento. Ellos (Duhalde y Peña) tenían una muy buena lectura del momento político, y leyeron que cuando Juan Domingo Perón llegara al poder, iba a ser momento de dejar de hacer operativos armados y pasar a construir de otra manera. ¿Qué hacen?, van a la facultad de Derecho, luego del nombramiento de Rodolfo José Puiggrós (militante comunista cercano al peronismo) como rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y ahí empiezan a laburar generando espacios, tomando cátedras, y pasan de defender presos políticos a gestionar en términos académicos. Y siempre adaptándose a un ámbito político y viendo qué espacios podían ocupar; nunca le tuvieron miedo al poder como sí le tiene gran aparte de la izquierda.

— Ustedes marcaron la capacidad de lectura de Ortega Peña, y muchas de las personas entrevistadas para el libro indicaron que quizás era una de las personas más inteligentes con la que estuvieron. ¿Por qué creen que sobrepuso la pasión, el dejar la vida, sabiendo que muchas veces era una batalla perdida?

Celesia: La lucha política de Ortega tiene origen en su formación personal. Fue hijo único, muy estimulado por sus padres y tenía una gran ambición de poder. Cuando eso se le despierta entrado en sus 20 años, descubre que a todas sus capacidades de formación de elite las puede utilizar para un objetivo más humanitario. Ahí se compromete y elige un camino del que después no se puede apartar por sus características personales y por el contexto propio de la época.

Waisberg: Hay que ubicarse en el proceso histórico para dar cuenta de que la lucha no estaba perdida. Se venía de la Revolución Cubana, de un proceso de descolonización en África donde el Frente de Liberación Argelino había expulsado a los franceses, Salvador Allende había ganado las elecciones presidenciales en Chile. Y él elige poner toda su sabiduría y su picardía en un clima de época que acompañaba; no es que era un delirante que estaba solo, había organizaciones que lo apoyaban.

Celesia (casi susurradoo, como cuando se llega a la moraleja del cuento): No hay que olvidarse de la marca de la generación: eran hijos de “gorilas” que se radicalizan y toman las armas. Es todo un fenómeno a nivel social en el país, al que todavía la historia no le ha prestado atención. Es como que mañana salgan de los countries a hacer la revolución. Además en aquella época debían romper con muchas estructuras culturales: la represión sexual, la educación memorística, tenían muchas luchas para dar.

Waisberg: Sino es perder de vista que la virulencia del 76 venía a impedir otro modelo de país.

— Entrevistaron a abogados que trabajaron con Ortega Peña en la Asociación Gremial de Abogados, que llegaron a ser alrededor de 300 personas en todo el país de las cuales el 50 por ciento está desaparecidos. ¿Cómo llegaron a esos datos?

Waisberg: De la gremial no había nada escrito, así que lo que hicimos fue reconstruirlo desde las entrevistas, con miembros del pequeño grupo fundador como Eduardo Luis Duhalde y Carlos Gonzáles Garland (que junto a Ortega Peña fueron los primeros abogados en llegar a Trelew en 1972), y gente del segundo círculo como Alicia Pierini. También utilizamos los diarios de la época, pero no solamente la prensa comercial sino pequeñas publicaciones de organizaciones peronistas que estaban perdidas por ahí, y también tuvimos acceso a los archivos de los Policía bonaerense.

Celesia: Uno de los aportes del libro fue justamente contar esa historia casi épica de esos jóvenes abogados que se pusieron en punta frente a la dictadura, y en muchos casos ganaron, después lo pagaron. Algunos con la vida…

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