En Lomas no hay lugar para la tercera edad

Una investigación de AUNO reveló que casi no hay plazas de internación disponibles en geriátricos. La situación es común en el centro y en los barrios periféricos. Un especialista ayuda a entender el fenómeno y denuncia que “el Estado no legisla”. Los abuelos se sienten “inútiles”. Una problemática que busca soluciones de distintos sectores.

Luego de una reducción de las internaciones entre 2001 y 2005, los geriátricos del centro y de los barrios periféricos de Lomas de Zamora reportan un estado de saturación, y son casi nulas las vacantes para que las familias que no tienen tiempo ni recursos para cuidar a sus adultos mayores los internen. Un especialista en gerontología denunció que la cuestión se trata de un “problema habitacional”, que “el Estado no legisla” y que una buena parte de los empleados de geriátricos “no está capacitada” para el cuidado.

Lomas asiste a un estado de saturación de plazas. Un geriátrico de Colombres al 800 tiene sus 18 lugares ocupados, una residencia ubicada en Juan XXIII y Las Lilas colmó su capacidad de habitación para 23 abuelos, otra de Juan XXIII al 500 tiene completas sus habitaciones para 30 personas, y un amplio hogar religioso de Monteagudo al 1800 llegó a su tope de 100 internados.

La situación se desprende de una investigación que realizó AUNO en geriátricos de distintas zonas del distrito y cuyos resultados fueron acercados al especialista en Gerontología y director del programa UniTE (Universidad de la Tercera Edad) en Lomas de Zamora, David Zolotov, con el fin de entender los motivos de la saturación y conocer otras alternativas para el cuidado de ancianos. (ver Alternativas comunitarias, privadas y estatales )

– La saturación de los geriátricos, ¿responde a la reactivación económica que permite pagar por los cuidados de las personas mayores, es consecuencia de un déficit habitacional o hay otro motivo? – En épocas de crisis, una jubilación es un ingreso importante, pero cuando las familias vuelven a tener ingresos, el haber jubilatorio ya no es tan importante y, al mismo tiempo, no hay tiempo para cuidar al abuelo. Por otro lado, se están cerrando establecimientos por malas condiciones y los hogares en funcionamiento reciben esa población. El fenómeno es complejo, pero responde básicamente a un cambio económico y social: casas que se van achicando, familias que se dividen o en las que todos trabajan y una mayor posibilidad económica para internar.
– ¿O sea que no se trata de una cuestión meramente sanitaria? – De acuerdo a su estado de salud, la gente mayor necesita normalmente de atención para sus actividades diarias. Muchas veces la familia no puede brindarla o el anciano carece de familia, y cuando se supera su posibilidad de autovalerse la institucionalización es un recurso necesario. Pero en Lomas de Zamora nos encontramos con gente internada porque tuvo dificultades de vivienda o que atraviesa un proceso de rehabilitación por alguna situación delicada de salud.

Los abuelos que participaron de distintas charlas con AUNO en las que expusieron los motivos de su internación y las condiciones de su vida en hogares de ancianos confirmaron las apreciaciones de Zolotov y aseguraron que en la mayoría de los casos “las familias toman la decisión”, incluso sin consultarlos, o bien porque son “una carga” para los suyos. (ver Abuelito, dime tú )

– ¿La “saturación” responde a un fenómeno regional o nacional? – Los censos de 1991 muestran que el porcentaje de población mayor de 60 años internada era cercana al 1 por ciento. En 2001, ese mismo porcentaje se duplicó y llegó casi al 2. En los países desarrollados, la población internada oscila entre un 6 y un 8 por ciento. Es decir que en nuestro país, y en gran parte de América Latina, los ancianos viven aún en su casa o con sus familias.
– Pero ese 2 por ciento que está internado ¿vive mejor en los geriátricos que en sus casas? – El tema es que para muchos un geriátrico es un negocio, entonces el único fin importante es el lucro y se olvidan de que están trabajando con personas, no con cosas. Otros tienen la voluntad de hacer una obra de bien pero carecen de los conocimientos necesarios y de la capacitación que un trabajo de este tipo requiere. Algunos otros trabajan con un sistema de pocos ingresos, y hoy en día no se pueden hacer milagros si no hay un suficiente sustento económico. Al mismo tiempo no hay una legislación nacional que regule a los geriátricos ni indicadores que permitan evaluar la buena calidad de atención por sobre la cantidad.

El destino de los abuelos no parece estar determinado por los servicios diferenciales que cada residencia ofrece —sean paseos y excursiones, habitaciones con baño privado, calefacción en cada pieza o un amplio patio y una iglesia donde orar—, ni tampoco por el costo de los servicios que oscila entre los 1000 y los 1300 pesos en cualquiera de ellos.

Tampoco parece serlo el servicio médico asistencial, ya que los hogares visitados por AUNO cuentan con una asistente terapéutica y dos enfermeras por turno, un médico visitador diario, kinesiólogos, podólogos, peluqueras en forma semanal y cobertura médica prepaga las 24 horas, además de personal de cocina y limpieza constantemente. Las comidas varían según la dieta del abuelo y no según el hogar.

La respuesta acerca de la elección del lugar tampoco parece radicar en una situación edilicia, ya que lo común es que las construcciones oscilen entre los 400 y los 600 metros cuadrados, que las habitaciones se compartan entre dos y cuatro abuelos, que tengan calefacción y ventilación central, y patios exteriores. Todos los geriátricos, además, ofrecen similares actividades físicas y de ocio.

En la recorrida por varios geriátricos, esta agencia comprobó que la infraestructura y los servicios son comunes a muchos de ellos. Aún así, para Zolotov, “es preferible un hogar que no tenga una brillante infraestructura, pero sí directivos con una buena formación y una clara orientación hacia lo que es el deber social”. En su criterio, “muchas veces las familias reparan en el lugar físico y creen que los ‘viejos’ están bien allí, sin tener en cuenta que en más de uno están maltratados”.

Pero pareciera ser que en Lomas de Zamora el destino habitacional de los ancianos se determina por la lógica del “donde haya lugar” y no sobre el análisis que propone el especialista. Por otra parte, ni el Estado nacional ni el provincial ni el municipal están construyendo nuevos espacios “porque la dificultad no está en levantar paredes y hacer un nuevo hogar, sino en mantenerlo adecuadamente”, consideró Molotov.

– ¿Cómo deberían actuar el Estado, las familias y la sociedad civil para mejorar la calidad de vida de los abuelos? – El futuro es claro. Cada vez va a haber más gente mayor y con una expectativa de vida cada vez más alta que requerirá del Estado mayores servicios, nuevos proyectos y una mejor formación de profesionales. La familia deberá tomar conciencia de que todos vamos a llegar a la vejez y de que es importante tratar el tema con seriedad y responsabilidad. La sociedad debe organizarse y darse cuenta de la necesidad de dar contención a los abuelos, hacerlos sentir gente útil y, en ese sentido, darles una utilidad social. Cuando alguien se jubila, lo hace del trabajo, no de la vida.

LP-AFD
AUNO-09-11-07
locales@auno.org.ar

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