El sur baila, la ley espera

Un proyecto para crear un instituto que fomente la actividad ingresó recientemente al Congreso. En la zona podría resolver problemas como la falta de subsidios o de salas adecuadas para el desarrollo de la disciplina. Sin embargo, la norma no contempla el surgimiento de espacios de formación regionales, una necesidad vital para los estudiantes.

Eugenia Muzio

Lomas de Zamora, mayo 15 (AUNO).- La danza, actividad creadora que con el cuerpo cuenta historias, transmite pasiones, emociones y sentimientos, encuentra trabas en su camino de desarrollo en el conurbano sur. La falta de subsidios por parte del Estado, de espacios acondicionados para la formación y presentación de obras, del fomento de su despliegue y el abandono de los trabajadores que dedican su vida a esta disciplina crean un panorama dificultoso en la zona. Estos conflictos podrían ser subsanados con la Ley Nacional de Danza, objetivo de una lucha que lleva ya ocho años. Sin embargo, hay otro vacío que los bailarines locales padecen y que en el proyecto no se contempla: la falta de espacios de profesionalización fuera de los límites de la Capital Federal.

En 2014 una multitud se movilizó frente al Congreso para pedir por la ley. El año pasado perdió estado parlamentario y el 6 de mayo el proyecto volvió a entrar en el Congreso para su tratamiento. Cada año fue ganando adeptos que avivan la pelea por lo que propone: la creación de un Instituto Federal de Danza que fomente políticas para el desarrollo de la actividad a largo plazo.

El 90 por ciento de la danza es independiente en el país. En zona sur los coreógrafos, bailarines y productores de obras son en su mayoría parte de este porcentaje y no tienen un amparo monetario, ni municipal ni provincial ni nacional al momento de exhibir su trabajo. Cecilia Cisi, docente y bailarina de danza contemporánea formada en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), sostuvo a AUNO desde su experiencia como creadora de piezas alternativas que en la zona “no existen subsidios para la creación o formación; no hay un fomento, que sería importantísimo para la actividad”.

“Si quiero presentar una obra pongo de mi bolsillo para alquilar un espacio, que sale carísimo, y no puedo pagarles a los intérpretes”, compartió Cisi, y agregó que “el único subsidio es Prodanza, pero para beneficiarte tenés que demostrar que vivís en un domicilio en capital. No hay nada que llegue para acá (zona sur)”.

Hace falta una descripción sobre los espacios de los que habla la artista: generalmente son teatros o centros culturales en los que los bailarines tienen que “adaptarse” porque no son los ideales para el total despliegue de las obras. “No hay plataformas específicas donde presentar la danza. Los que hay son lugares compartidos con otras actividades pero no reúnen las condiciones que necesitamos para bailar: espacios amplios con piso de madera y libres de objetos”, explicó la docente.

El conurbano sur comparte estas y otras necesidades con el resto del país, exceptuando a la ciudad de Buenos Aires. La Ley Nacional de Danza plantea cubrir este vacío. Con la creación del instituto se busca la apertura de sedes en distintas regiones que tengan sus representantes. Ellos se encargarían de generar herramientas para solucionar cada problema de la jurisdicción en la que se encuentra.

Si bien la danza tiene un reconocimiento social y cultural, la comunidad artística no le otorga el lugar para demostrar sus características. Mariela Ruggieri, una de las autoras del proyecto de ley e impulsora del Movimiento por la Ley Nacional de Danza, expresó esta carencia: “Necesitamos circuitos para trabajar. Un productor crea una obra y tiene que girar, y no puede porque no están dadas las condiciones: no hay teatros que programen danza, no existen espacios que puedan contener la actividad”.

Silvina Linzuain, docente del Banfield Teatro Ensamble, trajo el problema al área local y agregó que “no hay salas donde la danza sea la actividad principal”. “Los artistas independientes tienen que remarla para poder presentar sus obras”, graficó, y opinó que sería “buenísimo” que haya una “red regional de espacios” dedicados a la actividad “como la tiene el teatro, por ejemplo”.

Existe otra falla que agrava esta situación ya que atenta contra los derechos de aquellos que se formaron y se empaparon de este mundo: los trabajadores de la danza no tienen un sindicato que los nuclee. El año pasado, en octubre, el movimiento que impulsa el proyecto de ley presentó al Ministerio de Trabajo, el expediente que le otorgará personería jurídica a la Asociación Argentina de los Trabajadores de la Danza (AATD). A pesar de esto, los trabajadores no obtuvieron respuestas todavía.

Hay una voz más que suma su testimonio. Laura Figueiras, bailarina, coreógrafa, docente e integrante del Movimiento, plantea que “hay una atomización” de la actividad ya que “es sumamente diversa en estilos, maneras de producir y contextos”. Para ella, el problema está en la “falta de organización y el desconocimiento” de quiénes y cuántos son los integrantes de este ámbito.

“A partir del Instituto buscamos conocer mejor nuestra actividad. Queremos que la encuesta prototipo que ya se hizo en Mendoza, Tucumán y la Plata, se pueda replicar en todo el país para tener un número. Es muy impresionante la diversidad que hay y cuando uno empieza a conocerla te das cuenta que somos muchos con muchas diferencias y muchas posibilidades.También queremos fomentar la investigación en danza, que cuando alguien quiera conocer más tenga un acerbo”, señaló Figueiras.

La formación, otra necesidad

Este proyecto llenaría muchos baches fundamentales para que aquellos que ponen su cuerpo y le dan vida a esta actividad obtengan promoción y reconocimiento estatal. Sin embargo, los estudiantes en formación de zona sur quedan excluidos de la posibilidad de profesionalizarse cerca del lugar donde viven.

Si bien la región está llena de estudios privados y unos pocos municipales donde pueden aprender y crecer como bailarines, no hay un instituto local con prestigio nacional que forme a los aspirantes a la carrera de danza. Viajar a la capital, a la UNA —donde el ingreso no es nada fácil—, sigue siendo la única opción accesible para la mayoría si no se cuenta con la posibilidad de pagar las altas cuotas de un instituto privado.

Ailen Abuin, una estudiante de danzas, aspirante a profesionalizarse en esta pasión, opinó que la actividad fue siempre “muy elitista”, ya que “sólo entran unos pocos a la UNA y los demás tienen que irse a algún instituto privado que igualmente son en capital”. “Si no llegás a entrar y buscás otro lugar del Estado, en zona sur no hay y no podes tener el título”, cuestionó.

El movimiento por la Ley Nacional de Danza cada vez va tomando más fuerza y más adeptos en todo el país. En el sur no hay un foco organizado y específico de lucha. Pero estas voces, estos reclamos, estas carencias profundizan la necesidad de un auxilio estatal para todos aquellos que dejan su alma a través de pasos, música y expresión corporal.

AUNO-13-05-2016
MEM-MDY

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