“Cuando tomé conciencia de que me podía matar dije basta”

Laura se retuerce las manos, se suena los dedos y cada tanto tiene que hacer una pausa porque la voz se le quiebra al recordar su pasado inmediato que la tuvo como protagonista del capítulo “más humillante” de su vida, según resume a lo largo de la charla.

Mamá de dos nenes de 10 y 12 años, su historia comienza mucho antes. “Tanto que ya casi no puedo recordar cuando comenzó a pasarme esto”, cuenta Laura. “Esto”, como ella lo denomina, es haber sido víctima de maltratos físicos y psíquicos de parte de su, por entonces, marido.

“Si te tengo que decir cómo empezó, la verdad es que me tengo que remontar a casi el noviazgo, con esos celos que al principio a todas las mujeres nos parecen divinos”, sintetiza. Así empezó una larga agonía de muchos años de casada que culminó con serios golpes y una denuncia de por medio para lograr que el golpeador se alejara de ella y de sus hijos.

“Al principio no fue fácil. Quería que esta pesadilla se acabara y no sabía cómo, porque me sentía culpable, pensaba ¿qué estaré haciendo mal para que él se enoje de esta manera? Después (de los golpes) me pedía perdón, lloraba, yo lo perdonaba; y por unos días todo parecía una luna de miel. Hasta que algo le molestaba o estaba de mal humor, y por cualquier cosa me golpeaba otra vez”, recuerda.

Una de las “peores cosas” que vivió y tuvo que afrontar fue “la condena social y la vergüenza que sentía” porque ahora se da cuenta de que él la hacía sentir culpable. “Me hacía creer que me merecía los golpes. Al principio las familias y muchos amigos no me creían porque éramos una familia como cualquier otra, profesionales los dos y con una vida que no llevaba a pensar que una problemática así nos podía pasar. Pero nos pasó, y gracias a que un día que tomé conciencia de que con un sólo golpe me podía matar, dije basta y hoy puedo contar mi historia para ayudar a otras chicas a salir de este problema que nos puede costar la vida”, relata.

La historia de Laura, que hoy tiene 40 años y varios de ayuda de grupos de terapia y “mucha garra”, tiene un “final feliz”, como ella pide que escriba para que “quienes lean lo que me pasó sepan que la violencia se termina cuando una dice basta y que siempre las lágrimas de ellos son artificiales”.

CI-LS-AFD
AUNO-08-11-07

  • Producción de la cátedra Periodismo Gráfico 2

locales@auno.org.ar

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