A 58 años del golpe del 55

El 16 de septiembre del 55 se produjo el golpe de Estado contra el Gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Tuvo como preámbulo el bombardeo a Plaza de Mayo de junio de ese año. A partir de entonces se decretó la proscripción del peronismo, el exilio de su líder y los fusilamientos un año después.

Julieta Romero

Lomas de Zamora, sept 16 (AUNO) – Un grupo de chicos sale a la Plaza de Mayo luego de una mañana de clases, con el guardapolvo sucio de haber jugado y aprendido, un obrero se sienta en un banco a descansar en su hora del almuerzo, feliz porque desde mediados de la década de 1940 trabajaba sólo ocho horas; una señora de vestido nuevo a la moda europea salía de misa en la Catedral y un grupo de sindicalistas salía de firmar algún acuerdo en la Casa Rosada.

Una imagen un tanto estereotipada colmaba la plaza central porteña en un medio día soleado de otoño cuando el sol se nubló por aviones que surcaron el cielo, algunos escucharon las explosiones, otros directamente no pudieron pestañear ante semejante bombardeo, nunca antes visto.

¿Cuál era el objetivo del ataque? Asesinar al presidente Juan Domingo Perón, quien no se encontraba en ese momento en la casa de Gobierno.

Ese hecho, festejado por escritores, el periodismo oligárquico y no pocos partidos políticos, fue el fin de los dos primeros gobiernos peronistas, que tuvo tres momentos clave: La revolución del 4 de junio de 1943, el 17 de octubre del 45 y las elecciones presidenciales del 24 de febrero del 46.

La ofensiva antiperonista había comenzado con el bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 y a Mar del Plata. Salió victoriosa el 16 de septiembre del mismo año cuando los general Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu y el contraalmirante Isaac Rojas derrocaron el gobierno de Perón e iniciaron un dictadura caracterizada por el ferviente deseo de eliminar todo lo que se relacionara con el peronismo.

Estaban convencidos de que la proscripción sería capaz de borrar la marca que la política de Perón había marcado a fuego en la mayoría del electorado del país por los cambios profundos que el peronismo introdujo en la sociedad. Así fue que comenzaron los años de la resistencia, la proscripción y la desaparición de Evita.

El día después del bombardeo en el que murieron casi 400 personas, el diario Clarín publicó: “ Bombardearon la Casa de Gobierno: Muchas Víctimas. Los aviones atacantes huyeron a Uruguay; hoy, paro general”. En esa misma línea, al otro día del golpe en primera plana apareció: “Cita de honor con la libertad. También para la república la noche ha quedado atrás. El júbilo correrá por las calles de hoy en este Buenos Aires que acaba de ser conmovido por uno de los acontecimientos más trascendentales y memorables de la historia argentina”.

La Nación, representante mediático de la alegría de los sectores más conservadores y la oligarquía ganadera, tituló: “ El país todo celebró el día de la libertad”. Los golpistas del 55 habrán de quedarse hasta 1958. El diario El Laborista destacó una declaración del ministro de Guerra peronista, Franklin Lucero, en que la pedía a raíz del golpe: “El pueblo debe estar tranquilo para evitar el derramamiento de sangre”.

Días antes del bombardeo la oposición ya se había pronunciado en la multitudinaria celebración cristiana del Corpus Cristi, que se transformó en manifestación política debido al conflicto que Perón mantenía con las altas jerarquías de la Iglesia Católica.

“Ni vencedores, ni vencidos”, aseguró Lonardi cuando asumió, pero la promesa de un peronismo sin Perón donde prevalecerían las conquistas laborales se vio truncada por la decisión de las Fuerzas Armadas de sacarlo del camino y poner en su lugar a Aramburu, con Rojas de vicepresidente en noviembre de ese año.

La dureza del golpe oligárquico se verifica en intervenciones sindicales, los fusilamientos ante el levantamiento de civiles y militares de junio de 1956 y la anulación de la Constitución de 1949; también por medio de la prohibición de nombrar a los líderes peronistas y la proscripción de esa fuerza política.

Ernesto Sábato, insospechado de simpatías peronistas, había dado en la clave sobre lo fundamental del golpe del 55: “Mientras los dueños de casa festejaban en el comedor, las empleadas domésticas lagrimeaban silenciosamente en la cocina. Seguramente, esa misma impotencia y rabia contenida era lo que se advertía en los barrios obreros de todo el país”.

La larga agonía que se abre en el país habrá recién de cerrarse en 1973 con el regreso de Perón al país, aunque el líder justicialista había intentado hacerlo en 1964, pero el gobierno radical de entonces se lo impidió.

AUNO 16-09-13
JR-HRC

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