Violencia policial, un problema sin fin que sufren los jóvenes

El hostigamiento y la represión son las formas más comunes a las que apelan las fuerzas de seguridad para intentar controlar a los adolescentes. Correpi dará hoy a conocer las víctimas de gatillo fácil del último año. Desde el retorno de la democracia ya se contabilizan más de mil jóvenes asesinados.*

Nahuel Del Río

Lomas de Zamora, diciembre 1 (AUNO) – Más de 300 jóvenes fueron asesinados por gatillo fácil entre 2014 y 2015, según la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi). Esta cifra aumentó en el último año y en la actualidad salen a la luz entre uno y dos casos por día de jóvenes asesinados por las fuerzas de seguridad.

Correpi también contabilizó 4.644 casos de jóvenes muertos por la represión desde la llegada de la democracia hasta noviembre de 2015, lo que da alrededor de 300 cada año. Estos son los últimos datos, pero hay más: este viernes de diciembre, en Plaza de Mayo, la organización dará los números
actualizados correspondientes a 2016.

Muchos adolescentes padecen a diario la problemática de la violencia policial: la represión y el hostigamiento son las formas más comunes que utilizan las fuerzas institucionales para mantener el equilibrio y el orden entre los jóvenes.

Hostigamiento, muertes y detenciones arbitrarias

La Policía ejerce una “violencia institucional y sistemática que afecta a los menores de 25 años de la provincia de Buenos Aires”, aseguró el militante de Correpi Daniel Lugonez. “Al barrio El Campanario de Llavallol fue muchas veces la Gendarmería. Cuando encontraba a chicos fumando marihuana, les hacían comer la droga y los agarraban a patadas. Los provocaban para que ellos se manifestaran, fueran agresivos, y de esa manera pudieran justificar lo que estaban haciendo”, denunció el militante.

Lugonez es padre de Elías Santiago, un joven de 16 años que fue asesinado por el prefecto retirado Alejandro Goñi durante un tiroteo en Adrogué, en noviembre de 2014. A dos años del hecho, su familia lucha por el esclarecimiento del caso y busca prevenir nuevos a través de la concientización.

“Gordo de mierda, vos no tenés derecho a nada”. Así se manifestó un efectivo de la Policía Local de Lomas de Zamora que en septiembre pasado hostigó en tres oportunidades al expresidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal Superior Antonio Mentruyt (ENSAM) de Banfield Pablo Sánchez.

En el primer incidente, Sánchez estaba a la vuelta del colegio, ubicado en Manuel Castro al 990, junto a varios de sus amigos. El policía lo detuvo, lo revisó y “a uno de los chicos le dio tres patadas para que abriera las piernas.”

Días después, en la semana del 16 de septiembre, el ENSAM marchó al Pozo de Banfield para en conmemoración de la Noche de los Lápices. Sánchez estuvo a cargo de la seguridad de la movilización y reconoció al oficial que días antes lo había maltratado: “Una patrulla nos siguió y nos pidió que nos moviéramos de carril. Por el megáfono, el policía me dijo: ‘Gordito, para la derecha’. Automáticamente le dije que me llamaba Pablo y me di cuenta de que era el mismo que le había pegado a mi amigo una semana atrás”.

Dos semanas más tarde, se cruzó de nuevo con el policía, que estaba en su patrullero frente del colegio y fue a pedirle su número de placa: “Le había pegado patadas a un amigo y a mí me había insultado. Le pedí su número de placa y me lo tenía que dar, por ley. Se bajó del auto y me dijo: ‘Gordo de mierda, vos no tenés derecho a nada’”. El vicepresidente del centro de estudiantes se encontraba con Sánchez y le dijo al policía: “Vos te hacés el malo porque tenés un fierro”. El policía le respondió: “¿Querés que saque el fierro?” y sacó su pistola frente a los chicos. La vicedirectora de la institución, Alicia Kalssen, intervino en el conflicto y al día siguiente realizó la denuncia.

Elías, un joven de 15 años que es alumno del ENSAM, aseguró que sufrió varias situaciones de acoso en las cercanías del Parque Municipal de Lomas de Zamora.

Elías trabajaba todas las tardes en un almacén y volvía a su casa en bicicleta cerca de la medianoche. El hostigamiento que sufría era constante y eran siempre los mismos policías quienes le solicitaban su documentación. “Me paraban todos los días, a la misma hora, dos policías para revisarme el DNI”, detalló el joven.

Desde su mirada de docente, la licenciada en Ciencias de la Educación Marta Balmaceda cuestionó la “presencia en masa de policías locales” en las puertas de los colegios de Lomas de Zamora y Monte Grande, donde trabaja en la actualidad.

Su sobrino Joaquín fue víctima de una detención arbitraria a finales de enero de 2016. Él se encontraba junto con su novia en las cercanías de la Comisaría 1° de Lomas de Zamora, en Além 206, y fue detenido por dos policías que querían revisar su mochila. El joven “se resistió, los efectivos lo subieron a una patrulla y lo llevaron a la comisaria”.

¿El objetivo de la represión es la prevención?

Balmaceda afirmó que el accionar represivo de las fuerzas de seguridad locales no contribuye a solucionar los malos hábitos que los jóvenes suelen desarrollar. “Es parte de la realidad. Vos a veces podés pasar y los chicos están tomando, o puede que haya un porro por ahí dando vuelta. La intervención policial no mide esos hechos desde el lugar de revertir, sino desde la represión. Y cuando se trata de chicos adolescentes es complicado y peligroso. El sistema represivo actúa más allá de lo que tiene que actuar. Casos como los de los chicos de la “Garganta Poderosa son claros ejemplos”, aseguró Balmaceda.

El hecho citado por la docente ocurrió a finales de septiembre, cuando dos jóvenes de 15 y 18 años que trabajan en la revista “La Garganta Poderosa” fueron secuestrados y torturados por efectivos de la Policía Federal y de Prefectura, en la Villa 21-24.

Asimismo, Balmaceda recordó la Masacre de Budge de 1987, en la que Oscar Aredes, Roberto Argañaraz y Agustín Olivera fueron asesinados por tres suboficiales de la Policía, y que se constituyó como el símbolo del gatillo fácil. En ese sentido, destacó que las medidas aplicadas en todos los casos “son descabelladas” y aseguró que el objetivo es “instalar el miedo”.

“Una intencionalidad que se está gestando desde hace mucho tiempo, y que está relacionada a la idea de inseguridad que crearon los medios, es instalar miedo en la sociedad. Ese panorama, lo que te muestran los medios, dio origen al aumento de la policía en las calles. Primero te crearon la necesidad, te generaron el miedo, y una vez hecho esto, tienen la justificación perfecta para aumentar la fuerza represiva”, consideró Balmaceda.

Si bien los medios hacen una campaña del miedo y proponen el aumento policial como la solución a la inseguridad, el acceso masivo a las redes sociales y el internet permite la difusión de casos de represión que no forman parte de la opinión pública: jóvenes que no pueden patinar en una vereda, trabajadores de Ingenio Ledesma y estudiantes que son reprimidos, son algunos de los muchos casos que salen a la luz a diario y ponen en tela de juicio el accionar de las fuerzas de seguridad.

AUNO 01-12-2016
NADR-AFG-MFV

*Nota escrita para la materia Periodismo Gráfico

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