Un taller que convierte la música en integración

En Luis Guillón crece una de las sedes de la Federación Música Esperanza, que apunta a la contención para chicos de diversos estratos sociales. Cómo funciona, desde el sur del conurbano, un puente hacia la cultura para decenas de jóvenes.

Laura Cabrera

La Federación Música Esperanza, una organización con más de 50 sedes en varios puntos del país y del mundo, lleva también al sur del conurbano la alegría de la música y las ganas de compartir. Desde 1996, funciona en Luis Guillón un taller destinado a ser un espacio de distracción, entretenimiento y aprendizaje para niños y adolescentes.

La especialidad del taller es la guitarra pero no hay instrumento o ritmo que sea descartado, cualquier sonido se transforma en música y cualquier elemento inservible para algunos, es un potencial instrumento para este grupo.

Entre traslados y recesos el taller sigue de pie y superando los obstáculos relacionados con la falta de espacio y las necesidades económicas. Parece ser que en este lugar la magia de la música flota en el aire y hace que todo se haga posible con un poco de esfuerzo.

La reunión se repite todos los miércoles en el Rotary Club de Esteban Echeverría. Entre charlas sobre las actividades de la semana y mate de por medio, un grupo de niños y adolescentes prepara los instrumentos y comienzan a ensayar. La libertad para elegir qué instrumento tocar corre por cuenta de cada alumno: no importa si hay algo que no se sabe, con el tiempo se aprende y los resultados se notan.

Al mando de la batuta se encuentran Lola Torres, percusionista e integrante del grupo de Pop-rock “Ciclotímica”, y Mariano Travella, guitarrista y ex alumno del taller. Más allá de sus formaciones, ellos están convencidos de que para ser tallerista es necesario tener ganas de comunicarse a través del arte. Juntos fusionan sus conocimientos y logran transmitir a los alumnos esas ganas de comunicarse a través de los sonidos.

Mariano aseguró a AUNO-Tercer Sector que, por lo general, “todos llegan con algo de vergüenza y para ver de qué se trata, siempre interesados por la música”, pero más allá de eso “a medida que pasa el año, llegan más entusiasmados por probar nuevos instrumentos”.

El taller recibe donaciones de instrumentos, pero de todas formas dejan volar su imaginación y fabrican algunos de percusión con vasos, botellones y semillitas. Esta tarea une a todo el grupo y ayuda a que se creen lazos entre alumnos, así como genera un ambiente de confianza y amistad.

Entre las tareas que programa la Fundación están las muestras anuales, abiertas a toda la comunidad, y las muestras entre grupos, en las que distintos talleres se reúnen para mostrar la especialidad de cada uno. En el caso de este taller, los últimos encuentros fueron con un grupo de Del Viso y con otro de Santiago del Estero.

Gracias al esfuerzo de los talleristas, la coordinadora y los alumnos, el espacio que Música Esperanza tiene en Luis Guillón se mantiene intacto y a la espera de todo aquel que se interese por el arte. Desde su labor desinteresada, los profesores logran comunicar a la sociedad que el lenguaje musical hace a la unión.

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