Pozo de Banfield: el barrio se llenó de pañuelos blancos

Todos los años desde el ex centro clandestino de detención El Pozo de Banfield se refuerza el pedido de Memoria, Verdad y Justicia.

Franco Solleiro

Lomas de Zamora, marzo 23 (AUNO).- “No desaparece quien deja huellas”, dice un cartel en la esquina de Siciliano y Vernet. El barrio parece no olvidar. Año a año los integrantes de la Mesa de Trabajo del Pozo de Banfield realizan actividades para que los vecinos del barrio no se olviden que ahí funcionó uno de los centros clandestinos de detención más importantes de la provincia de Buenos Aires, que fue conocido como “la maternidad de la dictadura”, por la gran cantidad de bebés que nacieron allí, entre ellos, el nieto 118, Martín Ogando Montesano.

Tras años de lucha y espera, el lugar finalmente se convirtió en un Espacio para la Memoria y allí se realizan tareas de resguardo, preservación y transmisión de los hechos ocurridos en el lugar, aunque desde la Mesa de Trabajo del Pozo de Banfield continúan trabajando para que se pueda utilizar la totalidad del lugar, ya que hay algunos sectores a los que no se puede acceder.

En la antesala de un nuevo aniversario del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, las calles del Barrio Sitra se inundaron de pañuelos blancos y de siluetas de desaparecidos para que el “Nunca Más” continúe más vigente que nunca, en medio de rumores de otorgamientos de beneficios de prisión domiciliaria o libertad condicional para represores y genocidas.

La iniciativa, que se llevó a cabo en los alrededores del ex centro y la Plaza 17 de Agosto, se da tras el pedido de Abuelas de Plaza de Mayo, en el marco de la campaña “Si tocan un Pañuelo pintamos un millón”, por la que lo vecinos pintaron pañuelos y siluetas en los alrededores del ex centro y la plaza 17 de Agosto.

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“A partir del trabajo en el barrio, los vecinos comienzan a ver el tema de la memoria con otros ojos y se empiezan a involucrar mucho más. Eso se certifica en cada actividad que hacemos y tratamos de trabajar y hacer hincapié en esa vertiente. Vemos que se va generando un vínculo y nos reconocen como un actor social importante”, destacó en diálogo con AUNO Rubén Ciuró, integrante de la Mesa de Trabajo del Pozo de Banfield.

Muchos de esos vecinos ya vivían en el lugar en los tiempos en los que el lugar pertenecía a la Brigada de Investigaciones de Banfield y funcionaba como centro de detención, por lo que sus testimonios son de vital importancia para que puedan salir adelante los causas pendientes de la zona como las de la desaparición del ex intendente lomense Pedro Pablo Turner, la Masacre de Pasco y las desapariciones en el Pozo.

“A través de los años, los vecinos que viven en la zona se empezaron a animar y nos contaron cómo traían a los detenidos. Recién ahora se empezaron a acercar. Con su relato, juntamos la información y podemos armar un informe. Nos dimos cuenta que de las conversaciones con ellos pueden aparecer datos muy importantes”, manifestó la integrante de la Mesa de Trabajo Olga “Lala” Boris, al tiempo que resaltó que militar la memoria hace que “no se vuelvan a cometer los mismos errores”.

Como una forma de reforzar el pedido de Memoria, Verdad y Justicia, la Mesa de Trabajo organizó, al igual que todos los años, una jornada por la memoria en las puertas del ex centro de detención en la que se pintaron pañuelos y se realizaron actividades artísticas como representaciones teatrales, cantaron artistas locales, y se realizó una intervención a cargo del colectivo “En marcha”, en la que se recordaron a los desaparecidos de la región y de todo el país.

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La actividad contó con la presencia de la referente de la agrupación H.I.J.O.S zona sur e hija de padres desaparecidos, Julia Eva Campero, quien afirmó a este medio que es muy importante que las generaciones futuras “sepan lo que ha pasado” en el país porque “es parte de la historia” e insistió en que las actividades sobre la memoria “son fundamentales para que esto no vuelva a ocurrir”.

“La búsqueda nos compromete a todos, tanto a los familiares directos como a todos los que se acercan día a día a conocer, a hablar con nosotros o a darnos una mano”, expresó Juana.

El pedido de justicia continúa

La movilización del 24 de marzo se da en contexto en el que las organizaciones de derechos humanos se encuentran en estado de alerta por el temor de la aplicación del beneficio de la prisión domiciliaria o libertad condicional para represores y apropiadores.

Desde Abuelas expresaron su preocupación y alertaron que en el listado publicado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de 1.111 detenidos que podrían percibir los beneficios, incluye a 96 condenados por delitos de lesa humanidad.

El caso emblema fue el del represor Miguel Etchecolatz que, si bien se revocó el fallo, estuvo durante algunos meses con prisión domiciliaria en el Bosque Peralta Ramos de Mar del Plata y convivió con uno de sus denunciantes. Además, uno de los incluidos en el listado es Alfredo Astiz, conocido como “El ángel de la muerte”.

En ese sentido, Ciuró evaluó que las organizaciones están “profundamente preocupadas” por esta situación. “Tanto el caso de Etchecolatz como el de Astiz son muy simbólicos y son la punta del iceberg”, señaló.

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La historia detrás del Pozo

El Pozo fue uno de los centros de detenciones más importantes de la provincia de Buenos Aires, pertenecía a la Brigada de Investigaciones de Banfield y dependió del Regimiento de Infantería Mecanizada N°3, como parte del Circuito Camps. El predio también era conocido como “La Maternidad de la dictadura” porque un gran número de mujeres embarazadas detenidas fueron trasladadas y dieron a luz en ese lugar.

El lugar estaba dirigido por el médico policial Jorge Antonio Bergés, quien, en su condición de médico policial dependiente de la Dirección General de Investigaciones, se encargaba de verificar el estado de las embarazadas y brindar asistencia a los detenidos que eran gravemente golpeados durante las sesiones de tortura.

Al momento del parto, las mujeres daban a luz en una camilla ubicada en una sala del primer piso del edificio que funcionaba como enfermería, esposadas a la camilla. Una vez nacido el bebé, era arrancado de los brazos de la mamá, que era regresada a su celda.

El pozo funcionó desde noviembre de 1974 hasta octubre de 1978. Recién en 2006, por pedido de las organizaciones sociales y de derechos humanos se convirtió en Espacio de Memoria.

Conocé el Pozo de Banfield

Fotos: H.I.J.O.S Lomas de Zamora

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