“Lo de Mariano trascendió toda barrera ideológica”

h4. Al cumplirse dos años del crímen del militante del PO, su hermano mayor contó a AUNO lo que sucedió en la intimidad de aquel 20 de octubre de 2010 y el camino que recorrió en lo familiar, lo personal y lo político hasta que el caso llegó al juicio oral.

Marina Pandolfi

A las cinco de la tarde la Ciudad de Buenos Aires está atestada de gente que va y viene de todos lados. La esquina de Avenida de Mayo y Perú se ve convulsionada entre tránsito, peatones, puestos de diario y vendedores ambulantes. Sin embargo, en el costado de un barcito, el bullicio parece calmarse. Allí, sentado y mirando por la ventana está Pablo Ferreyra. Pelo negro, camisa a cuadros, celular en mano que suena cada tanto y una mirada escrutadora. Tiene 33 años y es el mayor de cuatro hermanos. “Bueno, ahora somos tres”, se corrige.

Creció en Avellaneda, estudió fotografía y militó en el Partido Obrero (PO) hasta 2005. Más tarde se mudó a Villa Crespo junto con su mujer, y hace una semana nació su primer hijo. Si bien se veían en forma más esporádica con Mariano, en esencia su relación con él nunca cambió. “Compartimos mucho en la adolescencia, la verdad es que fue una relación excelente. No tengo nada de qué arrepentirme”, soltó sin titubear y con una tímida sonrisa que asomaba cada vez que recordaba cosas de su hermano.

Pablo es la figura más visible de la familia Ferreyra. A pesar de que sus padres y sus hermanas acompañan la causa y están al tanto de movilizaciones, homenajes y del estado del juicio, es él quien se encarga de hablar con los medios, aunque por momentos el desgaste y las ganas de desaparecer de la vida pública pueden más: “Como soy el mas grande, eso hace que uno tenga una actitud más paternalista, pero a veces quiero mandar todo a la mierda, ¿entendés?, sobretodo por mi vida privada, porque me siento invadido, incómodo. Es desgastante”.

Respecto del juicio, para él, el silencio de José Pedraza, máximo dirigente de la UF hace unos treinta años y quien está acusado de ser el “autor intelectual” del asesinato, no hace más que reforzar su culpabilidad. “Me parece una estrategia, un juego de cartas: hasta que no ves lo que tiene el otro no atinás a jugar. No están obligados a declarar, pero hasta que no tenga algo mejor que decir no va a hablar. A veces, ese silencio refuerza la idea de culpabilidad. Si sos inocente lo decís, y más si ya hace dos años que estás en la cárcel.”

-¿Cuál fue el último contacto que tuviste con Mariano?
-Yo cumplo años el 7 de septiembre, pero como un mes después, el 9 de octubre, hicimos una reunión en mi casa, en Villa Crespo. Esa fue la última vez que lo vi. Después hablábamos seguido por teléfono. Me acuerdo de que él quería vender un órgano que tenía y quería comprarse otra cosa. Tocaba el órgano, el acordeón y la guitarra. Le gustaba mucho la música.
-¿Qué eran las cosas que ustedes compartían? Objetivos, sueños, deseos…
-Compartíamos la música. Escuchábamos mucho rock nacional en general. Mariano tenía tendencia hacia un rock más progresivo o algo donde la guitarra o los instrumentos tuvieran más protagonismo. En general, tenía una cierta sensibilidad para lo artístico. Íbamos a recitales juntos, tocábamos la guitarra, mirábamos películas, jugábamos a algún video-juego. A veces me quiero acordar de algo en especial, pero las relaciones así son muy cotidianas. Hay una cantidad de códigos que las conforman sin que te des cuenta.
-¿Cómo compartían la militancia? Mariano empezó a militar desde los 13.
-Yo empecé en el Partido Obrero a los 20 o 21 y a los meses empezó a militar él cuando tendría 13 o 14. Yo veía que él venía a las movilizaciones y le dije a un compañero: “Mirá, está viniendo mi hermano todo el tiempo, fíjate si querés incorporarlo, yo no me meto”. Y así fue. El 2001 había pasado hace muy poco, entonces había cierta efervescencia porque todos los caminos conducían hacia la izquierda y hacia el descrédito que tenía el Estado en ese momento. Ese era el ambiente, eso fue lo que experimentamos. Cuando yo dejé en 2005, él siguió en el CBC de la UBA de Avellaneda.
-¿Y por qué te apartaste del Partido Obrero?
-En realidad, desde el 2005 no milité más en ningún lugar. Primero por cuestiones personales y, segundo, también por cuestiones políticas. Yo creo que se dio un cambio en la política a nivel general. Yo viví un Estado que se derrumbaba y ahora hay un Estado fuerte. Hay muchos pibes se incorporaron a esta política, pero a mí también me gusta fortalecer todas las organizaciones desde abajo con la militancia. No quiero dejar de perder cierto espíritu crítico que tengo. Así que nunca más milité orgánicamente en una estructura, aunque sí defendí causas de derechos humanos. Mi crisis con el PO es producto de algo personal. A veces la izquierda es muy exigente, y producto también que cambian las condiciones, porque el kirchnerismo asume un montón de cosas, promesas y un discurso que parece cosmético ni muy profundo pero en los hechos fue marcando la política argentina y también culturalmente.
-¿Tus viejos siempre apoyaron la militancia de ustedes?
-Mis viejos, por ejemplo, nunca militaron. Ellos no discuten casi de política. Mi vieja es docente y mi viejo es empleado. Sí pasó que, cuando fuimos a militar los dos, había cosas que a mi vieja no le gustaban. En una ocasión, mi hermano quería hacer un Centro de Estudiantes en su escuela secundaria, donde a su vez mi vieja era jefa de preceptores. En esas circunstancias donde mi vieja se vio en la necesidad de ponerse de un lado, ya sea de los directivos que no querían ese centro o de los estudiantes. Se puso del lado de los estudiantes. Eso fue el primer acercamiento a la política por parte de mi vieja y también termina siendo la aceptación de la militancia por parte de mi familia. Mi vieja tiene una sensibilidad para algunas cosas como las causas de derechos humanos: la dictadura militar marcó a toda una generación.
-El día que te enteraste de lo que había sucedido con Mariano, ¿qué estabas haciendo?
-Estaba trabajando en un laboratorio fotográfico en La Lucila. Me llama por teléfono mi vieja y me dijo que la habían disparado a Mariano. No conocía el contexto de lo que pasaba ese día y no se me ocurrió nada ni mientras esperaba el remis para ir a capital, ni prender la televisión ni buscar en internet ni nada. Espere que venga, estaba muy proeocupado, y fui al hospital Argerich. Ahí me esperaba mi vieja y cuando llegue Mariano ya había muerto. Nos quedamos ahí en el hospital una hora, dos horas, no tenía sentido. Uno no espera nada, pero tampoco sabes qué hacer. La idea cae después. Pero en el momento, hay algo en la mente que opera, que entra a hacer un racconto de lo que sucedió y pone en perspectiva toda la historia de alguien y te negás a que haya terminado.
-¿Cuál fue tu primera reacción? ¿Te dieron ganas de desaparecer, de irte del país?
-Nunca entendí a la gente que sale a hablar a los medios cuando sucede una tragedia familiar o algo así. A mi lo que me invadió fue el dolor nada más, no la necesidad de racionalizarlo. A partir de eso nos quedamos en mi casa y yo mantuve un aislamiento total con los medios. Estuve 4 o 5 días sin ver la tele ni comprar un diario. Esa es mi experiencia personal. Me pareció también que había que tener una voz, y para eso tenia que tener primero la claridad para poder decir algo diferente. Las emociones en caliente y violentas son eso, una emoción que encuentra de receptor a los medios, entonces decís de todo. Así que se maduró un poco la idea de qué decir, qué reclamar, qué lectura hacer.
-¿Cuál pensás que fue la lectura que hizo el Gobierno u otros partidos?
-En el plano político, el primer impulso de varios fue no hacerse cargo. Hubo una maniobra de parte del kirchnerismo, porque le costó hacerse cargo de lo que había sucedido. De entender que, quizás, lo que sucedió es un cuestionamiento a su política de alianza con sectores que potencialmente son peligrosos, y recostarte sobre los sindicatos más reaccionarios que tienen a los trabajadores en la mira como la Unión Ferroviaria, la UOCRA, que son sectores complicados que ante una protesta sindical, como lo fue el caso de Mariano que tenía que ver con la tercerización, responde de esta manera para impedir el pase a planta de los tercerizados, ellos se plantean dónde se van a posicionar. Yo fui desentrañándolo de a poco, fui pensando una posición que reflejara mi postura personal y no que esté dominada por la caracterización que hace el PO y el desentendimiento que tiene el kirchnerismo en cosas de este tipo. Fue muy complicado porque puso en crisis un sistema de pensamiento político mío. Pasaron quince o veinte días hasta que pude armar algo donde se pida justicia.
-Después de lo que ocurrió con Mariano, tanto del oficialismo como de la oposición ¿qué funcionarios de se te acercaron?
-La primera reunión fue con el PO, que quería hacer un funeral por lo de Mariano. Yo les dije que era algo intimo, que podían venir a despedirse todos los militantes que quisieran pero que no iba a haber un funeral ni nada por el estilo. A los dos o tres días se me acercaron los de “La Cámpora” con el mandato de una armar una reunión con Cristina. Yo les dije que iba a ir con un pliego de reclamos y me dijeron que sí, que estaba perfecto. Yo quería que el caso de Mariano lo tome alguien que pudiera darle la relevancia que tenía, por eso hablé con el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). A raíz de esto, la relación con el PO se rompe: ellos querían que mi familia adopte como abogados al PO y ellos ser querellantes. Me parece lógico de su parte porque se trata de un militante de ellos. Pero a mí también me parecía lógica mi postura de que lo tome un organismo que pueda potenciarlo y confrontarlo al propio gobierno. El miércoles 27 de octubre muere Néstor. La reunión con Cristina, obviamente, quedó suspendida. Fue recién en diciembre. Fue una reunión buena, tranquila, fuimos con una carta y con gente el CELS. También fui a reclamar no sólo por lo de Mariano sino también que reciban a los qom, aunque noté una resistencia grande respecto de eso.
-¿Qué fue lo que planteaste en esa reunión?
-En esa reunión plantié la impunidad policial que hubo ese día, además de que Pedraza todavía no estaba preso. Nosotros pedimos que en esa reunión no haya medios presentes ni fotos ni nada. No queríamos quedar pegados a una operación política donde se sienta que el Gobierno nos contenía, sino todo lo contrario, que íbamos con ánimos de buscar explicaciones. El Gobierno fue hábil, porque Cristina dijo que “no se iba a poner un palo en la rueda” a todo lo que se avance en la causa y en la Justicia y “que caiga quien caiga”.
-El caso de Mariano no sólo tuvo repercusión en lo político, sino también en lo artístico por los murales que se han pintado, en lo internacional porque René de Calle 13 le dedicó un premio e, incluso, Lionel Messi dio una entrevista y posó con una camiseta con el nombre de Mariano estampado atrás. ¿Qué pensás al respecto? ¿Imaginaste que esto sucedería?
-Es increíble. No llego a entender por qué pero es genial, es un respaldo enorme. Mi primo también hizo un disco que está por salir ahora. Está muy bueno, es muy original, está bien hecho. Hay un montón de iniciativas artísticas que salen del “ghetto” de la izquierda. Las propuestas pueden salir del PO, pero siempre se terminan adhiriendo un montón de gente que no necesariamente adhiere a la línea ideológica del partido. Entonces, lo de Mariano ha trascendido toda barrera ideológica. Los primeros días, cuando ni mi familia ni yo podíamos ser una voz, fue buena suerte que Mariano haya militado en un partido que visibilizó rápidamente lo que pasó e impuso una lectura al hablar de “enfretamiento” y no de “ataque”. Son palabras que cambian el sentido. Ellos se encargaron de anunciarlo por todos lados, estaban como locos, estaban totalmente shockeados. También visibilizaron algo genial: se rescató el costado militante y humano de Mariano.

MP-AFD
AUNO-19-10-12

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