Médicos alertan sobre enfermedades producidas por la contaminación del Matanza-Riachuelo

La contaminación de la cuenca y la falta de redes de desagüe y agua potable podrían haber sido, según médicos de los hospitales zonales, los detonantes de casos de malformaciones y enfermedades que van desde la diarrea al cáncer en chicos, jóvenes y adultos. Una nueva investigación intenta demostrar la relación entre esas afecciones y la polución.

Al menos 38 casos de displasia cerebral en niños que viven a la vera del Arroyo del Rey fueron detectados en los dos últimos años durante un relevamiento hecho por especialistas de hospitales zonales en barrios ubicados en la zona de la contaminada cuenca Matanza-Riachuelo. La investigación también indica que durante la última década, los tumores cancerígenos de esófago gástrico y de riñón se incrementaron en las poblaciones de esa región.

Los casos registrados en los hospitales Gandulfo y Santamarina fueron detectados en familias de Almirante Brown y Esteban Echeverría que viven a la vera de la cuenca y donde las empresas vuelcan sus desechos no sólo al agua sino que también en el aire.

La hipótesis que maneja el neurólogo infantil a cargo de la investigación, Fernando Mendizisky, sostiene que “la contaminación del agua o los tóxicos que emanan las chimeneas de las fábricas del parque industrial de Brown y otras empresas clandestinas”, durante el período de embarazo, pudo haber “alterado la glándula tiroides de la madre y hacer funcionar mal la misma glándula del bebé, y esto interviene en el desarrollo cerebral”.

La cantidad de casos y la zona en la que se encuentran son un dato “muy sugestivo”, opinó el neurólogo en diálogo con AUNO. Las displasias cerebrales podrían provocar en estos chicos retrasos mentales y ataques de epilepsia.

Mendisisky consideró que “38 casos en menos de dos años es un montón”, pero sostuvo que todavía no tiene “la certeza de que eso se deba exclusivamente a la contaminación del Matanza; aunque es muy sugestivo que la mayoría de esos chicos tengan domicilios cercanos al arroyo Del Rey”.

Las edades de los niños afectados va desde los meses de vida hasta los 11 años, y algunos de los barrios con más problemas son Trasradio, 9 de abril y El Hornero, en Echeverría y Brown.

Si la hipótesis sobre una relación entre enfermedad y la zona se verificara en un futuro cercano, la displasia cerebral se sumaria a una lista de enfermedades producidas no sólo por la contaminación del arroyo sino también por la falta de desagües y redes de agua potable.

A fines de 2006, los 17 municipios por los que recorre la cuenca firmaron un convenio con el Gobierno nacional para conformar la “Autoridad de cuenca Matanza-Riachuelo” con el fin de comenzar a sanearla.

Pero los municipios no necesitan de este convenio para ejercer su poder de policía ambiental y cuidar de sus vecinos, ya que les fue asignado por la Constitución Nacional en los artículos 41,121 y 124.

Sin embargo, Mendizisky y el patólogo del Santamarina, de Monte Grande, Néstor Lucateli coincidieron en que “no hay control por parte de los municipios sobre los desechos que las empresas vierten”, en este caso, al arroyo Del Rey.

Lucateli realizó una investigación con un grupo de patólogos del Santamarina para comprobar que en un estudio retrospectivo de diez años, los tumores cancerígenos habían aumentado entre la población de Esteban Echeverría que habitan en zonas cercanas a la cuenca.

El estudio realizado con los registros del hospital mostraba que los caso de tumores de esófago gástrico y de riñón, y también líquidos, como la leucemia, habían aumentado.

Por este motivo, durante la gestión de Alberto Groppi, el equipo de especialistas presentó la investigación en la Municipalidad y pidió los fondos para realizar un estudio tumoral en todos los hospitales de la zona. La respuesta nunca llegó ni desde el Ejecutivo ni el Concejo Deliberante.

Lucateli indicó que el problema de las enfermedades que se hacen carne en las poblaciones de Echeverría, Brown y Lomas es producto de múltiples factores: falta de cloacas y red de agua potable, hidrocarburos y metales pesados que vierten las empresas, basurales a cielo abierto y pobreza. Sobre cada uno de estos puntos podría decirse que:

  • La falta de cloacas y red de agua potable lleva a que la gente extraiga el agua de las napas freáticas con un alto grado de contaminación, dando lugar a la aparición de infecciones instentinales y dermatológicas. El agua contiene altos niveles de nitratos y puede producir en los chicos el “síndrome azul”, que reemplaza a la hemoglobina por nitratos y hace que la sangre transporte menos oxígeno. Otra sustancia peligrosa es la nitrosamina, que al adherirse a la mucosa intestinal y con el pasar del tiempo puede producir cáncer.
  • Desechos industriales: “Las empresas sacan el agua para utilizar en su ciclo productivo y la devuelven contaminada, y esta contaminación tiene un costo social que lo pagan los vecinos. La dirigencia política mira hacia otro lado”, denunció Lucateli.
  • Los basurales a cielo abierto son un espacio apto para la formación de la bacteria “helicobacter pylori”, que suele alojarse en la mucosa gástrica y puede producir cáncer.

Sumado a estas causas, la pobreza es el factor que potencia el problema ambiental, y en los chicos “las enfermedades sumadas a la desnutrición dan como resultado un pobre desarrollo físico”, explicó.

“Si a la crisis ambiental le sumamos la crisis sanitaria de los hospitales, observamos un cuadro en el que el poder político tendría que empezar a generar políticas públicas”, concluyó el especialista.

NL-AFD-EV
AUNO-26-03-09
locales@auno.org.ar

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