Las paredes explotan de arte callejero

Ya es habitual encontrar las paredes porteñas, del conurbano o de cualquier lugar del país con dibujos y pinturas que escapan a los convencionalismos o a la simple mancha tildada de vandálica. Artistas de estilos variados reflexionan sobre el desafío de inventar formas en tiempos de imitación permanente.

Erik Gómez

Lomas de Zamora, enero 19 (AUNO).- “Toda pintura es un hecho: las pinturas están cargadas con su propia presencia”, solía decir el artista plástico Andy Warhol. Caminar por cualquier calle sorprende con el hallazgo permanente de colores, dibujos, calcomanías y esténciles en muros vacíos (o no), debajo de un puente, sobre una vereda o en una plaza. El street art o arte callejero forma parte del paisaje urbano, a disposición de quien quiera verlo y formar parte de esta libre interacción.

El muralismo urbano no solo es una excelente herramienta para recuperar espacios degradados o para que el artista pueda dejar plasmada su visión del mundo. También se ha transformado en un valorado atractivo para los turistas, que suelen dejarse algunas horas de su estadía en la ciudad para recorrer esas galerías de arte a cielo abierto.

Los rodillos, las grúas y las latas de pintura estallan en el conurbano bonaerense. Alrededores de las estaciones de trenes de la Línea Roca, paredes grises en Remedios de Escalada, muros de talleres de autos en Monte Grande. Una infinidad de soportes del espacio público es intervenido en la zona sur del Gran Buenos Aires.

Los festivales también abundan en el conurbano. “Soy Joven”, organizado por el Ministerio de Desarrollo Social, invita a volcar creatividad, dialogar con artistas de la pintura y la música y desarrollar ideas para pintar murales. En “Esteban Echeverría Diseña”, los vecinos de Monte Grande, Luis Guillón y alrededores son convocados a reflexionar sobre temáticas de interés social y a trabajar colectivamente en el embellecimiento urbano a través de la pintura.

Diego Prenollio vive en Monte Grande y es diseñador de vestuario y pintor especializado en filete porteño, un estilo cuyo trazados van de la mano con el tango, los bares y la milonga. Como forma de agradecimiento, reconocimiento y cariño a la ciudad echeverriana, trabaja en equipo y realiza murales con el artista Crees Art, que se dedica al grafiti.

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“Nuestro proyecto se llama ‘Biombo Blanco’ y lo que buscamos es revalorizar esos espacios en blanco con dibujos. Mezclamos el filete porteño con los personajes que creó Crees y las tipográficas muy características de Norteamérica. Lo que queremos es dejar pensamientos, reflexiones y frases que nos conecten con Monte Grande. Es nuestra manera de agradecer a la ciudad que nos vio crecer”, sostiene Prenollio.

En los últimos años, no solamente se observan dibujos, gráficos, autorretratos y múltiples formas. También se aprovecha para brindar mensajes y símbolos positivos, un cambio radical respecto de la manera en que el movimiento comenzó. Diversos artistas se inspiran en momentos cotidianos y en la coyuntura del país e intentan darle un giro con frases cortas y coloquiales, divertidas y reflexivas para cortar con los momentos de tensión.

Guillermo Pachelo es un artista que realiza pop art en las calles y se caracteriza por sus pinturas y afiches con viñetas y mensajes de amor. Sus intervenciones se han vuelto muy populares en Capital Federal y las redes sociales. “Cuando vas caminando por las calles de Buenos Aires ves mucho grafiti de letras ilegibles o frases con bastante odio y no está bueno. Me pareció que tenía que ir en contra de eso, dar mensajes positivos que puedan ayudar de algún modo a que el paseo sea más liviano”, afirma Pachelo.

“Noto que la gente está violenta y se crean mensajes con la misma carga. No solo acá, también en otras provincias y países que tuve la oportunidad de conocer. Quiero opacar con mi laburo esos símbolos. Quiero sacar a la gente de un mal mambo en un segundo y que puedan encarar su día de otra manera”, destaca el artista, que también es diseñador gráfico.

Pachelo reflexiona sobre los beneficios del arte callejero: “Lo que me entusiasma de las obras artísticas públicas es que generan un contacto con la gente. La meta personal que tengo es lograr participación de otras personas en la obra de alguna manera, que también puedan intervenir y las hagan suyas”.

A crear, a pintar

Street art, arte urbano o arte callejero, es un movimiento que abarca un sinfín de técnicas y se encuentra vigente desde hace más de 40 años alrededor del mundo. “Se valora este trabajo, se cree que es bueno para la Ciudad. Y se reconoce a los que vienen trabajando de manera constante en esto”, opina el artista MART, que tiene 26 años y lleva 15 pintando. “El muralismo es muy fuerte en Buenos Aires. Se ve en la actitud de los vecinos, de la policía, del mismo Gobierno de la Ciudad. Yo fui invitado por la sede comunal de Palermo para pintar en plazas del barrio y en la estación Carranza”, detalla.

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El bombardeo de colores estridentes y dibujos fue ganando espacio en las calles porteñas y del conurbano en los últimos 10 años hasta lograr su lugar en el circuito de arte oficial. El arte callejero comenzó en la década de 1970 en Estados Unidos. Poco a poco se propagó por el mundo y las ciudades más importante lo reinventaron de acuerdo con su propia cultura y estilo. Las influencias llegaron a Buenos Aires de modo simultáneo desde distintos lugares. Aunque no puede decirse que existe un regionalismo, las crisis y las convulsiones argentinas dejaron su impronta en la temática de denuncia y protesta social.

Las técnicas para la realización de este tipo de expresión plástica varían dependiendo de cada artista. En los comienzos del movimiento, el uso de aerosoles, plantillas y esténciles dieron el puntapié cuando las paredes eran intervenidas para difundir inquietudes, hacer valer derechos, marcar territorio y reclamar cambios o apoyos políticos y sociales. A través de los años y con la evolución en materia de tecnológica de utensilios y modos de aprendizaje, los murales tuvieron cada vez nuevas formas, más color, más mensajes y más atención del público.

El debate estalló en la sociedad. Muchos consideraban que era una forma de llevar el arte a la calle; para otros era molesto y lo catalogaban de “contaminación visual”, porque rompía con el orden ciudadano tradicional. Pero los murales realizados en edificios públicos y privados, casas particulares y otras construcciones fueron incorporados como parte de las expresiones creativas.

Buenos Aires cuenta con muchos espacios en los que se puede pintar, a diferencia de otras ciudades, que están contemplados en un marco institucional y reglamentario cada vez más amplio. El arte urbano en la Ciudad está regulado desde 2009 en la ley 2.991 de muralismo, una cultura que se desarrolló en las calles desde épocas muy tempranas, siguiendo los vaivenes políticos. Eso sí, las intervenciones deben contar con la aprobación del dueño de la propiedad.

De las calles a las redes
Frente a la proliferación de la publicidad en la vía pública, donde miles de personas se exponen a una cantidad de mensajes que no eligen recibir, el street art intenta tener su voz y participación dentro de la sociedad. Es así como el artista regala su obra de manera desinteresada y la deja a disposición de todo el público.

“Intervenir estos espacios es dejar una marca en la ciudad que ayude a pensar que las cosas pueden verse de otra manera. Lo bueno de esto es que no se trata de obras aisladas, sino que somos muchos los que intervenimos y las obras dialogan con el público que se las encuentre”, reflexiona Martin Ron, uno de los artistas convocados para la última edición del festival Color BA, en La Boca.

Promovidos por el Estado y organizaciones privadas, el street art tiene una gran cantidad de espacios y eventos donde se puede realizar y disfrutar, entrar en contacto con el trabajo y sus hacedores. Color BA, el festival Ciudad Emergente, ArteBA, la Boutique de Arte Directo de Artista, la Noche de Los Museos son algunos de ellos.

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“Es una disciplina, una atracción, un movimiento y un camino hacia la pintura para aquellos que no tienen el acceso normal a las artes plásticas.
El soporte no es un bastidor propio, sino que es la pared de un vecino. La manera de abordar la pintura en la calle es diferente. Por ejemplo, no sabes cuánto tiempo va a durar o si vas a volver a intervenirla. Hay muchos factores que convierten al arte urbano igual de interesante”, dice Ron en una entrevista a la agencia Télam.

Recuperar un espacio para el disfrute es mejorar la calidad de vida de la gente, ya que se trata de la puesta en valor mediante una acción en la que, en la gran mayoría de los casos, intervienen muchas manos y ese trabajo colectivo, tanto como la obra resultante, seguramente habrá de trascender en el tiempo.

Pinceles y rodillos que no solo pintan. Invitan a pensar, reflexionar, reír, sacarse una foto y subir un snap o a preguntarse “¿Lo subo a Instagram?”. El arte urbano argentino es apto para todo público, para el que tiene y no tiene. Los dibujos en la calle son un símbolo de lo popular que se digiere con gozo y alegría.

AUNO 19-01-16
EG-GDF-MFV

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