“Fue el regalo más grande que Dios me dio”

Ramón Cabrero, el padre de la criatura, admite que profesionalmente consiguió lo máximo. “Nunca pensé que a los 60 años la vida me iba a regalar algo tan grande”. A un año de la consagración, el ex entrenador y actual coordinador del fútbol granate, repasa en un diálogo con AUNO la historia del campeonato y su vida ligada a Lanús.

Mariano Verrina

Cabrero es Lanús. Es Lanús mucho antes del 2 de diciembre de 2007. Cabrero es Lanús desde que tenía tres años y su familia decidió dejar Santander, España, para hacer la América. A partir de ese momento, Cabrero empezó a conocer su lugar en el mundo. En Lanús se crió. En Lanús conoció a su mujer, Noemí, con quien está casado hace 37 años y según cuenta es “la persona que más quería que dejara de dirigir”. En Lanús creció. Se puso la camiseta granate a fines de los ´60 y jugó en el equipo que apodaban “La Calesita”. En Lanús crecieron sus hijos: María Belén, que es contadora y tiene 30 años y Ramiro, abogado de 29. “Es una familia tipo, muy feliz”, dice ahora, alejado de las canchas, y desde su rol de jefe de hogar.

Cabrero es Lanús y, aunque a él le cueste reconocerlo, dejó grabado para siempre su nombre en la ciudad. En su ciudad. “Hacer felices a la gente del barrio, no tiene precio. Es lo máximo. Siempre lo digo, si me hubiese tocado ser campeón con el Real Madrid, no hubiese sido lo mismo. Es lo más grande que Dios me dio”, afirma a modo de sentencia.

Busca Cabrero, hurga en su diccionario personal –ese que sólo tiene términos cotidianos y no deja lugar para palabras rebuscadas- pero cree que no logra verbalizar lo que siente. Con el correr de la charla, recuerda imágenes y suelta recuerdos. “En lo primero que pensé fue en mi vieja. Miré al cielo y pensé en ella”, revela Ramón sobre aquella imagen que quedará en la mente de todo el pueblo granate, en el instante que el árbitro Sergio Pezzotta pitó el final y con sus dos palmas bien abiertas se cubrió la cara mientras empezaban a caer las primeras lágrimas de campeón y se formaba un racimo de abrazos a su alrededor.

Hoy Ramón sigue siendo Lanús. Ya se sacó el buzo de entrenador de la Primera y con él dejó a un costado miles de presiones. Ahora tiene un traje más cómodo desde la coordinación de todo el fútbol del club, aunque asegura entre risas: “Estoy más tiempo adentro del club ahora que antes”. Igual deja un lugar para sus charlas de café con amigos en la confitería Las Palmas 2000, en la calle 9 de Julio. “Sí, eso para mí es sagrado. A otros, quién sabe, les gusta dormir la siesta. Yo prefiero ir a tomar un café con los muchachos”, relata El Gallego, apodo que lo acompaña desde su época de jugador.

Hoy Lanús está de fiesta. Se cumple un año de la vuelta olímpica en la Bombonera, el momento más importante en la historia del club. Ramón Cabrero, el padre de la criatura, lo recuerda en un una charla mano a mano con AUNO.

-¿Cambió su vida a partir del título? – Sí, sin dudas. Nada es igual. Profesionalmente hablando es lo máximo, hay un antes y un después, no me hace falta más nada. Nunca pensé que a los 60 años la vida me iba a regalar algo tan grande.

– ¿Qué cosas de aquellos días le quedaron grabadas en el recuerdo? – Y…muchas, pero los días previos fueron terribles. Esos 15 días antes del jugar contra Boca había una presión enorme. Yo vivo a ocho cuadras de la cancha y todos me decían “vamos Ramón, por favor, vamos que no se nos puede escapar”, los hombres grandes me pedían que lo hiciera por sus padres que estaban en el cielo y nunca habían tenido la chance de verlo campeón. Fue muy bravo, una presión muy grande.

– ¿En qué momento pensó que se iba a dar? – En realidad, hasta último momento uno pensaba que era imposible que se diera. Pero cuando fuimos a Rosario y le ganamos como le ganamos a Central (4-1) ahí le dije a Luis (Zubeldía): “Se nos puede escapar, pero es muy difícil”.

– ¿Cuáles cree que fueron sus principales méritos? – Me parece que la tranquilidad y la capacidad de elegir a los jugadores y ponerlos en el momento justo. Uno puede hacer las cosas bien o mal pero tiene que estar seguro. Por ejemplo, tuvimos que sacar a Marquitos Aguirre para darle lugar a Sebastián Blanco. Hay que mantener el pulso cuando se toman algunas determinaciones. A “Chiquito” (Carlos Bossio) lo respaldamos cuando tenía la gente en contra; antes hubo que tomar la decisión de sacar del plantel a (Rodrigo) Archubi… Pero lo más importante, en todo mi proceso, fueron los jugadores.

– Después del título de Lanús, la mayoría de los clubes hablan de seguir su proyecto. ¿Es fácil decirlo pero difícil hacerlo? – Sin dudas. Primero y principal hay que tener los jugadores. Lanús no podía salir a comprar a un Diego Valeri o a un Lautaro Acosta porque no tiene la plata. Los tiene que hacer, los tiene que formar. Esa es la ventaja que tiene sobre otros clubes. Siempre hay jóvenes de gran nivel. Hoy Lanús logró llegar a ser como Vélez, que es lo que planteamos desde un principio. Y tiene un mérito importantísimo: juega como un grande.

– Ese proyecto ahora sigue de la mano de Luis Zubeldía. – Sí, por supuesto. Va a ser muy difícil bajarlo a Lanús; tiene una gran proyección. Hoy uno ve al equipo y puede jugar algunos partidos bien, otros mal, pero sin duda va a estar entre los dos o tres mejores de Argentina. Lo más importante de todo es cómo los contrarios te empiezan a respetar. Insisto, Lanús es un equipo chico que juega como un grande.

Cabrero se siente realizado. No necesita levantar el tono de su voz para demostrar su satisfacción. Tampoco necesitaba hacer demasiados gestos cuando estaba en el banco. El 2 de diciembre quedó grabado en la historia de Lanús. Y en la suya también, por supuesto.

AUNO-1-12-08
MV-LDC
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