Fátima, un legado de amor y alegría

h4. ¿Cuáles eran sus pasatiempos? ¿Qué sentido del humor tenía? ¿Qué dejó en el corazón de cada persona que la conoció? A dos años de su muerte, AUNO recuerda junto a sus familiares y amigos la vida de la joven que falleció con el 85 por ciento de su cuerpo quemado luego de una discusión con su pareja, pero que fue mucho más que la protagonista de un femicidio.

Lais Vázquez

Lomas de Zamora, agosto 23 (AUNO).- Una joven embarazada de Fiorito falleció el 22 de agosto de 2010 con el 85 por ciento de su cuerpo quemado en un presunto caso de femicidio. Se sabe que el único imputado en la causa es quien fue su pareja, Martín Santillán; que el fiscal designado en un principio, Ramiro Varangot, fue recusado de su cargo tras ser denunciado por la familia de la víctima por actuar como “defensor” de Santillán; que el caso presentó una infinidad de irregularidades como la desaparición de documentación del expediente y la denuncia de amenazas. Pero, a dos años de su muerte, ¿quién era esa chica de 24 años?, ¿cómo era con los demás?, ¿cuál era su humor, su forma de ser? ¿Qué hizo a lo largo de su vida? Esa chica era Fátima Catán, Fátima, Fati, Fatu. Y para conocerla, AUNO conversó con sus familiares y amigos más cercanos que, entre tantas descripciones, coincidieron en algo: “Era especial. Era alegre. Era bondadosa”.

“Si ella quería hacer algo, parecía que no había nada que pudiera pararla. Era una chica muy decidida.” Así la recordó Beto Barroso, su padrino. La conoció en la parroquia Santa Cruz, de Fiorito, donde Fátima fue a catequesis, y luego pasó a ser catequista, junto con sus padres. “La vi por primera vez cuando tenía 15 o 16 años. Elsa (Gerez, la mamá), desde un principio me dijo que se iba a llevar muy bien conmigo, y al final terminé siendo su padrino. Para mí era una hija más”.

Barroso resumió a esta agencia lo intensa que fue en su vida: “Era muy activa. Dirigía el grupo de scouts, hacía rifas para la parroquia… Tenía un espíritu increíble”. “Una de las últimas veces que estuve con ella, me mostró un champagne que tenía guardado y me dijo que lo íbamos a tomar juntos para mi cumpleaños, que es el 31 de diciembre. Pero ahora, cada vez que voy a su casa, veo que el champagne sigue ahí.”

Sandra Alegre fue su compañera de trabajo en el boliche “Poupee Bailable”, de Villa Albertina, donde atendían la barra. Pero también fue una de sus amigas más próximas. “La primera vez que la vi parecía re seria, hasta tenía miedo de hablarle. Pero cuando la conocí mejor, ella me amoldó a su forma de trabajar, nos empezamos a ver más y terminamos siendo muy unidas”, relató a AUNO.

Otra de las actitudes que resalta Alegre es la buena relación que tenía con la hija de ella: “Decía que no le gustaban los chicos, pero con Jazmín pegó muy buena onda. Se peinaban mutuamente, se reían juntas. Se querían mucho”. Pero más allá de todo, lo que destacó de Fátima fue su alegría: “Junto con otra amiga, Ludmila, siempre decíamos que éramos ‘Las Chicas Superpoderosas’. Por eso la recuerdo con la mejor sonrisa, porque todo el tiempo estaba feliz, brillante. Será siempre una de mis mejores amigas”.

Sin embargo, todos sus allegados también coinciden en que desde que Fátima se puso en pareja con Santillán, cambió totalmente su forma de ser. Esa luz que todos veían en ella, aseguran, se transformó; y se le notaba tanto en su forma de ser como en su cara.

Otra persona que la conoció en profundidad fue uno de los coordinadores más antiguos de la parroquia, Isidro Pereira. Él la definió como “una excelente persona, bondadosa, muy dada, muy especial y muy atenta con la gente”. “Estoy seguro de que nunca se hubiese quitado la vida, no sólo porque tenía una educación cristiana, sino porque siempre se la veía con una sonrisa”, conjeturó.

“Era un ángel, que ahora está con Dios”, concluyó Pereira, y manifestó que la recuerda con la frase “A mí me lo hicisteis”, de la madre Teresa de Calcuta, porque siente que lo que le hicieron a Fátima, se lo hicieron a él.

Al igual que todos, Estela Contrera, su tía, sólo encontró palabras positivas para hablar sobre su sobrina: “Guardo lo mejor de ella. Era muy sencilla, muy de la casa. Estaba todos los días acá. Con su hermano Nahuel y con mi hijo menor, Lucas, parecían ‘Los tres mosqueteros’”.

“Ella era mi compañera, mi amiga, además de mi hija”, manifestó con dolor Elsa Gerez. Un dolor que hoy transforma en fuerza para luchar por que se haga justicia. Porque Fátima Catán no fue un alma más que pasó por el mundo. Fue un ser que dejó algo hermoso en cada persona que la conoció. Dejó recuerdos de amor y alegría. Y por ello su ausencia genera tanta tristeza, pero también la valorización de esos 24 años de vida que no fueron en vano.

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AUNO-23-08-12

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