El camino de la lucha

La lucha por conseguir que Santa Catalina fuera protegida se remonta a la década de 1980. Su precursor fue el especialista en Derecho Ambiental Julio Medina, pero luego se sumó a la causa el docente Alberto de Magistris y poco a poco sumaron seguidores que terminaron por conformar una ONG ambientalista con personería jurídica propia que hizo de sustento para que las denuncias pesaran más.

A fines de 1890, Medina, que en ese momento se desempeñaba como profesor en la UNLZ, denunció con un video casero que parte del predio era utilizado para la descarga de residuos.

Años más tarde, en 1996, De Magistris, alumno en aquel entonces, realizó una extensa investigación sobre la fauna y la flora del lugar.

Ambos se encontraron en la lucha por la misma causa y comenzaron a hacer pedidos de informes a la Municipalidad local, pero ante la falta de respuesta organizaron charlas y se encargaron de difundir la problemática que podía conllevar el hecho de que ese espacio verde no fuera cuidado como corresponde.

A partir del 2000, la lucha se hizo más fuerte debido a que sobre Juan XXIII se instaló una molienda de vidrio que transgredía todas las aristas la nomenclatura de “reserva histórica” que protegía la zona.

En 2007, las cavas abandonadas fueron reabiertas y el ex intendente Jorge Rossi amenazó con ceder 30 hectáreas a la Universidad Nacional de La Plata para instalar una planta de tratamiento de residuos. Finalmente, se concretó en 2008.

La paciencia de los ambientalistas llegó a su tope: organizaron marchas a la Municipalidad, hicieron “escarches” a funcionarios y comenzaron a moverse por distintos medios de comunicación para hacer ruido y que la noticia del “ecocidio” llegara a todos los habitantes de la zona.

Con un movimiento ambiental conformado, en 2009, se asentaron formalmente con la organización Pilmayqueñ y legisladores locales se sumaron a la causa. En ese interín, De Magistris se ganó en dos oportunidades el lugar de la banca del vecino en el Concejo Deliberante lomense.

“Fue una construcción que fue dando los pasos lentos, pero llegamos”, evaluó De Magistris. Durante este trayecto, debieron soportar la desestimación de funcionarios, como también “aprietes” que fueron denunciados por el profesor.

CP-AFD
AUNO-14-07-11

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