Cómo escribir un poema en el subte

El desafío es crear un verso entre estación y estación arriba de un vagón de la línea D del subte porteño. La consigna, lanzada por el escritor y periodista Eduardo Berti, es tomada por un puñado de aprendices de poeta que despliegan la imaginación entre pasajeros y vendedores ambulantes.

Ailen Meisen

Lomas de Zamora, noviembre 25 (AUNO).- Veinte personas escribiendo poemas en un vagón, a varios metros bajo tierra. Entre ellas, una que se camufla bastante bien. Con los ojos entrecerrados detrás de sus lentes, un cuaderno de diez centímetros y las palmas algo manchadas con tinta, se le podría sacar la ficha rápidamente. Sin embargo, no es tan fácil como parece. Sí, Eduardo Berti es escritor, pero no es de esos que si les quitás la lapicera, parecen un café descafeinado. Es distinto. Él es el poeta del subte.

*Berti es el encargado de un taller de poesía en la línea D, como parte del festival literario FILBA,* con sede en el centro cultural La Abadía, al que asisten, en su mayoría, jóvenes universitarios y un puñado de personas de mediana edad. Y también participa de la actividad: escribir un verso por estación, entre Olleros y Tribunales. Esparce palabras con velocidad, revoleando sus ojos de un lado a otro, mientras su mano derecha se mueve como la de un niño pequeño que dibuja en círculos. Sus pupilas se ensanchan cuando encuentra la palabra justa. Levanta la mirada en un acto, se apura, el vagón ya está por ponerse en marcha de nuevo, pero aún no termina su verso. Le falta una palabra, tal vez dos.

La metodología es pensar el primer verso entre la primera y segunda estación. Se transcribe al papel cuando el subte está detenido y así sucesivamente. La primera estrofa del poema del subte se realiza en el viaje de ida y esta compuesta por tantos versos como estaciones, menos dos (once estaciones, nueve versos). La segunda estrofa, idéntica en cantidad de versos, surge en el regreso. Cada uno de los escritores espontáneos espera ansioso a que la formación vuelva a detenerse para continuar escribiendo.

Berti nació en 1964 en Buenos Aires. No recuerda exactamente cuándo comenzó a escribir en el subte, algo que hoy ya es un hábito para él. Antes de ser escritor, se ganaba la vida como periodista. Trabajó entre 1987 y 1992 en Página 12, pero una pasión mayor por la escritura lo llevó a ir dejando el periodismo.

Sin embargo, su labor en ese oficio le dejó una de sus mayores gratificaciones literarias: Spinetta. Crónicas e iluminaciones, un ensayo publicado en 1988 que él clasifica como “una experiencia increíble”, porque escribir a cuatro manos “con El Flaco fue todo una locura”. Dos años después y en forma independiente, nació su segundo libro, Rockología. Documentos de los ’80. En la actualidad, escribe notas para La Nación y revistas culturales de Europa.

“Son muy cortos los trayectos en Buenos Aires”, desliza este hombre que está atrapado entre el encanto europeo y los asados argentinos. Se radicó en Paris en 1998 y desde hace algunos años vive en Burdeos, Francia.

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El ritmo del subte

Por lo general, a los talleres de poesía se llevan obras, se lee en voz alta y se dan consejos de escritura. Pero Berti lo único que hace antes de comenzar es una pequeña introducción de las condiciones y manifiesta, con tono agudo, casi como una broma, que “deben seguir el ritmo del vagón”. Todos están parados, no podría decirse que es hora pico, pero no hay asientos libres.

El vagón está detenido; suben pasajeros. Un estudiante de filosofía, apoyado en un costado, con la mirada perdida, mueve su lapicera de un lado a otro. “El hecho de estar parado ayuda a concentrarse, sirve para escribir de una manera distinta, le suma experiencia a escribir con restricciones”, explica.

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Muchos de los jóvenes presentes en el subte se consideran, con una sonrisa, escritores independientes, algunos de ellos con obras listas para la publicación y otros en proceso de creación. Una estudiante de Letras de la UBA comenta que “quizá lo más extraño de la experiencia son las personas que suben al subte y miran que están todos con cuadernos, súper concentrados. *Quizás piensan que es como una secta que realiza poesía*”.

Berti se pone distintas metas cuando sube al subte: escribir sin una vocal o una consonante, sin puntos o comas, escribir una palabra que se complete con la siguiente. A veces se pueden hacer varias frases optativas para la continuación del poema. Nunca se trata de sólo escribir.

Para Berti, escribir en el subte porteño “es una experiencia increíble, es como mostrar a todos un poquito de un mundo distinto. En Francia es muy distinto, porque las estaciones son más largas. Acá, apenas empiezo a pensar qué escribir, ya tengo que terminar”.

El poeta del subte acumula experiencia en tomar notas durante sus viajes. El año próximo publicará un diario de viaje en China, que, aclara, “será una mezcla de periodismo con ficción”. Y agrega: “todo lo que cuento de China es verdad pero con matices de ficción, porque está bueno mezclar toda la pasión por el periodismo con la locura de inventar historias”.

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Sobre la técnica secreta

Las reglas con las que se debe escribir son esenciales y remiten a un círculo tan restringido que desde el nombre causa extrañeza: Oulipo, acrónimo francés de “taller de escritura potencial”. El grupo de escritura experimental fue creado por autores y matemáticos de habla francesa. Berti, que forma parte desde 2014, es el único escritor argentino y el único latinoamericano. Formar parte de este colectivo literario es más o menos como entrar en la escuela de Harry Potter. La única diferencia: no se necesita ser mago, simplemente poeta.

Los escritores no son los que deciden entrar al grupo, sino que sus integrantes deben acordar enviarle una invitación. Una vez aceptada, se realiza un almuerzo para conocer a los elegidos, en el que se lo invita a ingresar. Las reuniones que realizan son por lo general mensuales y se celebran en sus casas.

El director del Oulipo, Paul Fournel, comenta que en Berti percibió “una pureza innata, porque tiene mucho trabajo previo de este tipo y principalmente nunca hubo nadie de habla hispana en el grupo, así que pareció interesante agregarlo a él”. Fournel señala que los miembros conocían “su trabajo previo en sus novelas y resultaba muy llamativo, había algo especial en sus escritos”.

Algunas de sus otras publicaciones son los relatos reunidos en Los pájaros, editado por Beas, en Buenos Aires, en 1994, pero conocida en Europa por su segunda publicación en Madrid, en 2003. Su primera novela, Agua, es de 1997 y le siguieron La mujer de Wakefield, La sombra del púgil y El país imaginado. Su última obra, Un padre extranjero, salió en septiembre en España.

El modo de escribir del Oulipo se basa en utilizar distintas restricciones, que es lo que Berti implementa para escribir poesía en el subte. La escritora francesa Valérie Beaudouin aclara que “se trata de abrir el panorama y escribir de una manera distinta, se puede escribir sin comas, sin puntos, o sin una letra específica. Uno de los juegos que se puede realizar es leer un poema e identificar cuál es la letra que le falta”.

Berti cree que el grupo es “contrario de lo que se cree, las restricciones no encierran, sino que abren puertas, porque una persona piensa las cosas de una manera que no lo hubiese podido hacer sin esa herramienta”.

A leer todas las poesías

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De regreso en La Abadía, luego del recorrido establecido entre Tribunales y Olleros, cada participante lee sus versos al resto: algunos poemas tratan sobre el clima, otros son clásicas composiciones amorosas, también hay destinados a una persona, pero en todos aparece el transporte.

“Lo que resultó más difícil fue pensar qué escribir sin poder escribirlo en ese momento, porque había muchas cosas que surgían y después se podían olvidar; ese es el mayor desafío al escribir así”, resalta uno de los escritores mientras guarda su cuaderno en la mochila.

Berti recuerda cuál era el objetivo: “escribir, disfrutar y divertirse, porque la actividad funciona como un laboratorio operativo, como un campo de juegos”. “En los talleres, cuando un plantea la restricción, desaparece la página en blanco y aparece la restricción. Hay un campo de cosas a resolver y eso rompe con la idea romántica de esperar que caiga un rayo y transmita una idea genial”, destaca.

Mientras aprieta con las manos su pequeño cuadernillo y lo mueve de un lado a otro, desliza una reflexión que resume el espíritu de este desafío: “Escribir poesía con restricciones en el subte es un arte, es algo loco y completamente espontáneo”.

AUNO 25-11-16
AM-GDF

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