Banfield es de Primera (otra vez)

Una mirada sobre el recorrido del ‘Taladro’, que resurgió de las cenizas y retornó a la máxima categoría del fútbol argentino tras el 1-1 ante Douglas Haig, en el estadio Florencio Sola.

Martín Voogd

Lomas de Zamora, mayo 16 (AUNO).- Faltan 20 minutos para la 1 del viernes. Maipú y Alsina sigue de fiesta. Los cohetes no se toman descanso. La garganta duele de felicidad. La emoción brota cuando la realidad termina siendo la única verdad. Ayer, hace un ratito, Banfield volvió a Primera. Dos años en la durísima B Nacional fueron suficiente castigo para los desmanejos dirigenciales que borraron groseramente con el codo todo el trabajo artesanal, porque Banfield es barrio, que había llevado al club a la gloria en Primera. Como olvidar el inolvidable 13 de diciembre de 2009 como hito tras aquella vuelta olímpica en la Bombonera, un recuerdo indeleble para todos aquellos que llevan el verde y blanco tatuado en el corazón.

Banfield es de Primera. Ya quedó atrás el sufrimiento interminable que provocó la sangría de 2012, cuando el equipo campeón y ejemplo se convirtió en un holograma fraudulento, con las arcas vaciadas. Había que volver a empezar. No bastaba con rezarle a San Garrafa. No alcanzaba con el empuje de San Eliseo y de San Pampa. Había que refundarse. Tapar huecos y goteras. Anegamientos también. Y se volvió a empezar. Ya no estaba Carlos Portell, el hombre de la increíble parábola que llevó de las cenizas a la gloria y de la gloria a las cenizas. Y desembarcó Eduardo Spinosa, con la intención de que el socio volviera a ser parte fundamental del club.

El proyecto inicial, un poco remendado por las urgencias y la falta de tiempo, quedó a mitad de camino. Pero sirvió de base para colocar los cimientos de este gran equipo que le devolvió la alegría a su gente. Su fue Daniel Garnero con sus buenas intenciones. Llegó Matías Almeyda con el mérito de haber sacado a River de su más profunda depresión, pero también con una insoportable sed de revancha por el desprecio de su propia familia, apurada por la prisa triunfalista y por la necesidad de maquillar groserías.

Y el ‘Pelado’ construyó un Banfield que llamó la atención de todos por su vocación ofensiva, por su nivel de compromiso y, sobre todo, por demostrar que jugando bien a la pelota se puede ser el mejor equipo de fútbol.

Así, con un plantel de Primera, Banfield volvió a ser de Primera. Y goza. Con la seguridad de Enrique Bologna, uno de los que volvió para la refundación hasta que una maldita lesión lo marginó y permitió conocer la desfachatez de Gaspar Servio. Con la prestancia internacional de Gustavo Toledo, Fabián Noguera y Nicolás Tagliafico (¡Sabellaaaaa!). Con la experiencia de Bianchi Arce, Devaca y Zarif. El despliegue de Nico Domingo y el pibe García. La magia de los repatriados Walter Erviti y Nicolás Bertolo. El desenfado de Cazarez y de Requena, pichón de Riquelme. Los goles y la entrega de Noir, Salcedo y Chávez, sumado a las ganas de Terzaghi, Molina, Chetti y Asenjo. Y las firmas siguen. Las divisiones inferiores volvieron a funcionar.

Ahora a no repetir errores. A no nublarse con el poder y con la soberbia. Banfield es de Primera (otra vez).

AUNO 16-05-14
MFV

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