theme/images/banner_web300dpi.jpg
LOMAS DE ZAMORA

Un tributo a la madre tierra

Se trata de la corpachada, un tradicional rito andino. Los vecinos participaron con ofrendas de alimentos para la madre tierra. También plantaron un ceibo, a un año del femicidio de Anahí Benítez.

Corpachada


Las banderas wiphala colgaban de los árboles, algunas más desgastadas que otras. Los aromas de los alimentos se mezclaban con el de sahumerios e inciensos. Con manzanas, caña y verduras como ofrendas, los vecinos de Lomas de Zamora y Esteban Echeverría realizaron una corpachada, rito ancestral de los pueblos originarios, en la Reserva Natural de Santa Catalina con el fin de agradecer a la madre tierra.

Las palas comenzaron a escarbar la tierra, las lanas y la piedra. La boca de la pachamama (madre tierra, en lengua quechua) esperaba ansiosa que la alimentaran, en el mismo lugar donde desde hace siete años la comunidad de Vecinos en Defensa de Santa Catalina se reúne para celebrarla. La festividad se realizaba hace algunos años en la laguna, pero desde 2011, cuando se creó la Reserva Natural, ese espacio verde entre los arboles sirve de conexión con la madre tierra.

Los vecinos llegaron a la Reserva pedaleando y a pie, solos, en pareja o en familia, para que los más chicos de la familia pudieran comenzar a tener contacto con las costumbres ancestrales. Al ritmo del charango y la caja, el fuego comenzó a crecer. El humo del ritual invadió el claro, que invitaba a la reunión, ya con los alimentos dispuestos para el banquete.

La “negra” Norma Aguirre fue la anfitriona de la ceremonia. El fuego y el humo circulaban entre los presentes dentro de una vasija de barro, mientras los participantes abrían los brazos y se le solicitaba a los vientos el permiso para comenzar la celebración. Como si se tratara de una respuesta, la brisa dio paso a la bruma, y las nubes de la mañana al brillo del sol de mediodía.

Su voz y su caja guiaron el ritual. Explicaba cada movimiento y palabra para que no sea simplemente un acto. Con hojas de coca que transmiten compromisos a la madre tierra, la “negra” fue la primera en ofrendar a la boca de Santa Catalina. Maíz, pochoclos, verduras hervidas, fruta, caña y vino rodeaban las piedras del hueco. Uno a uno, los participantes hincaban sus rodillas en la tierra para darle un bocado a los alimentos y luego ofrendar el resto a la pachamama. Un sorbo de vino y un círculo tinto para la madre tierra.

description

“¡Viva Jujuy! ¡viva la Puna! ¡viva mi amada! ¡vivan los cerros pintarrajeados de mi quebrada…!” dijo al compás de la guitarra para culminar la celebración. Con la Pachamama bien alimentada, los vecinos comenzaron a cerrar la boca de la tierra con delicadeza y alegría, con guirnaldas y lanas de colores, hasta el próximo año.

El humo ancestral quedó guardado en las entrañas de la madre tierra. Y el momento de las risas dio paso a la solemnidad. Afloraron algunas lágrimas y el recuerdo. A un año del femicidio de Anahí Benitez, los vecinos plantaron un ceibo frente a la estación de trenes Juan XXIII de la Línea Roca, para que la adolescente perdure también como parte de la naturaleza de Santa Catalina. Crecerá y sus flores mantendrán viva su memoria.

El ceibo es protagonista de una leyenda guaraní en la que los conquistadores capturaron a la india Anahí. Una noche su centinela se durmió y ella escapó. El grito del guardia al despertar hizo que la atraparan. La ataron y prendieron una hoguera, pero el fuego no quería tocarla. La noche la protegió, y al amanecer, se había transformado en un ceibo en flor.

description

Última modificación: 10 de agosto de 2018 a las 06:10
0
0

Hay 0 comentarios

captcha