A 31 años de la desaparición de “Moncho” Pérez, uno de los pilares del movimiento estudiantil de la UNLZ

Fue presidente del Centro de Estudiantes de Económicas y uno de los fundadores de la histórica Federación Universitaria de Lomas de Zamora. Como a varios de sus compañeros, lo secuestraron durante la última dictadura. “Nunca volví a ver a alguien que construyera políticamente de esa manera”, recordó una de sus compañeras de militancia.

El 9 de noviembre de 1976, un grupo de tareas llegó hasta la casa de Ramón Lucio Pérez, en Temperley, y se lo llevó. “Moncho”, así lo llaman sus compañeros, fue el presidente del Centro de Estudiantes de la facultad de Económicas en los albores de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), junto con Pablo Musso y Julio César Molina (también desaparecidos) dio origen a la histórica Federación Universitaria (FULZ) y fue uno de los pilares en un momento clave de la militancia estudiantil lomense.

Pérez ingresó a Económicas en 1973, un año después de la fundación de la UNLZ. Había estudiado Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1966, donde gestó su militancia social y política. Se casó y tuvo un hijo, Daniel (ver “Mi viejo luchó por algo mejor para mí y para todos” ). Suspendió sus estudios y trabajó en la empresa Terrabusi, donde continuó con su compromiso como delegado gremial que lo llevó a estar preso por la dictadura de Juan Carlos Onganía. Llegó a Lomas con toda es experiencia y se convirtió en uno de los referentes de la organización de estudiantes en gestación.

“Éramos todos niños comparados con él”, recuerda Genoveva Ares, una de sus compañeras de militancia de la facultad y la Juventud del Partido Comunista. Los centros de estudiantes de Agrarias, Económicas y Sociales surgieron una vez definida las carreras en 1974, pero inicialmente hubo uno solo. “Fue un proceso muy interesante porque se logró que las distintas agrupaciones políticas confluyeran en un mismo espacio, y ahí estuvo Moncho como dirigente” uniendo posturas de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), sectores del socialismo, el troskismo, radicales y comunistas, recuerda Genoveva.

“Los puntos de coincidencia se aunaron en la práctica. De hecho, logramos el gobierno tripartito (estudiantes, docentes y no docentes), algo que no había ocurrido en muchos lados”, añadió. La figura que surgió de ese proceso fue la de Julio Raffo como rector, producto de la resistencia a la intervención dictada por el ministro de Educación Oscar Ivanissevich, sindicado como personero de la Triple A. Esa lucha se visibilizó en la toma del Rectorado (por entonces en el centro de Lomas), durante la cual fue asesinato de Hugo Hansen, el 30 de marzo de 1974.

Mediante la participación masiva de los estudiantes, docentes y no docentes lomenses se logró mantener la dirección de la facultad hasta febrero de 1975, siendo ésta la última universidad en la que el gobierno de Isabel Perón destruyó el proyecto popular universitario.

Cuando “en el 74 nos corrieron a tiros, íbamos todos juntos por la vereda –-repasó Genoveva—. El liderazgo de Moncho también esta ahí, organizando hasta en esos momentos, esperando a todos para salvarse con todos”. Esos embates contra los estudiantes no fueron más que una “avanzada para que los rectores futuros no surgieran con la fuerza de las bases de alumnos, docentes y no docentes”, evaluó.

“Moncho era tranquilo, no un alocado, muy racional -–describió —. Siempre esperaba que dijeras todo, y cuando había que subir a hablar a una asamblea daba la cara. Subía y se hacía silencio aunque se estuvieran por agarrar a piñas.” Su virtud fue la de poder “sintetizar las diversas posturas, aunar varias propuestas; eso lo hacía innovador”.

Tenía una capacidad de síntesis que no muchos tenían. No le bastaba el liderazgo firme. “Uno puede tener liderazgo pero enclaustrarse en sus ideas y no saber encontrar la confluencia de los diferentes sectores. Él tenía liderazgo y sabía unificar las propuestas”, ratificó su ex compañera de la JC.

Por esos tiempos, la universidad articulaba con los barrios de Lomas. “Había actividades comunitarias porque era parte de la militancia política el arraigo en los barrios. Moncho participaba en todo esto porque se buscaba una universidad del pueblo, nuestra intención no era hacer una ‘isla democrática’. Sin ir más lejos, (el cantito) ‘Obreros y estudiantes, unidos y adelante’ era la consigna”.

Pérez participó de la gestación de la FULZ, junto con Cristina Bienposto, Julio César Molina y Pablo Musso, entre otros jóvenes desaparecidos. Molina fue dirigente de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y presidente de la FULZ. Fue visto por última vez por su madre en los primeros días de octubre de 1977. Al despedirse de ella (desparecida el 27 de octubre de 1977 y luego liberada), la saludó por el Día de la Madre porque no sabía si la iba volver a ver. Aún hoy no se tiene un registro preciso del día de su desaparición.

Por su parte, Pablo Musso fue presidente del Centro de Estudiantes de Sociales, también montonero y oriundo de Temperley, y desaparecido por un grupo de tareas el 25 de octubre de 1976.

Como estudiante, Moncho aprobó 16 materias de la licenciatura en Administración de Empresas. “Es decir que lo que predicaba lo cumplía. Él decía que ‘si uno quería demostrar algo como dirigente, debía primero demostrarlo como estudiante’”, recuerda Ares.

Durante los últimos años, Ramón Pérez trabajó junto a ella y otros compañeros en la Oficina Comercial de la Embajada de Cuba. Tras haber pasado por varios espacios y dejar en cada uno de ellos su huella, “llegó hasta las últimas consecuencias de la lucha, que en el caso de un militante de su época fue dar la vida; él la dio como tantos otros luchadores”, sintetizó Genoveva.

La relación entre ella y su referente fue “muy buena”, y recuerda: “Era un tipo que siempre ponía la oreja y no daba consejos, sino que te ayudaba a pensar por uno u otro lado; no decía qué había qué hacer. Era la síntesis de la persona inteligente”.

La charla más difícil entre ellos fue cuando él supo que estaban siguiéndolo, que era muy probable que estuvieran vigilando su casa. “Pero decía que ahí estaba su hijo y no lo iba a dejar —rememora —. Le preguntábamos porqué no lo pensaba mejor, pero decía que ‘no’, que ‘de ninguna manera’ se iría. Y se arriesgó.”

Treinta años después, Genoveva culminó Periodismo, la carrera que había empezado en el 73. Estuvo detenida durante la dictadura en el centro clandestino el Vesubio. Le costó volver a su universidad, pero lo hizo. Terminó Periodismo pero aún cursa Comunicación Social. Y a la hora de comparar las dos etapas en la UNLZ nota que una de las diferencias era que “antes uno no estudiaba sólo por estudiar, sino para cambiar una parte de la realidad social”. También ve que “hoy no hay participación, uno puede contar con los dedos a los que participan; no hay práctica de asambleas ni un espacio para hacerlas, ni el hall quedó”. Y nota una cosa más, que “nunca volví a ver un liderazgo estudiantil como el de Moncho, nunca volví a ver a alguien que pudiera construir de esa manera”.

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