Un ‘tetazo’ por la igualdad de género

Cientos de personas realizaron un ‘tetazo’ en el Obelisco para expresarse contra el machismo y reclamar la “soberanía de los cuerpos”. La convocatoria se replicó en otras ciudades como Córdoba, Rosario y Mar del Plata. Hubo discusiones y forcejeos con hombres que fueron a mirar la manifestación.

Fernanda Cartolano

Lomas de Zamora, febrero 08 (AUNO) – Cientos de personas protagonizaron el primer ‘tetazo’ de la Argentina en el Obelisco porteño, para protestar contra el estigma hacia los torsos desnudos de las mujeres, el machismo violento y la represión policial.

El encuentro feminista fue convocado luego de que 20 policías, apoyados por seis patrullas, intentaron sacar de la playa a tres chicas que tomaban sol en “topless”, en Necochea, durante el último sábado de enero.

Al ingresar a la Plaza de la República, la que rodea al Obelisco, se veían dos carteles como aquellos que se extienden en una clase de anatomía, en las que se suele explicar las partes del cuerpo humano y las funciones de cada órgano: dos afichetas gigantes con el dibujo de un hombre y una mujer desnudos.

Un tumulto de personas llenó la plaza y la calle Cerrito, como forma de cortar el paso de los autos y colectivos, y mostrar que allí había una manifestación en tetas.

Sin embargo, algo que no resultó invisible a los ojos fue la presencia de muchísimos hombres que decían estar “acompañando la causa”.

Lo esencial de la manifestación comenzó a desdibujarse a raíz de la presencia masculina, lo que produjo un repentino malestar en las chicas que buscaban desnudar su torso y mostrar sus tetas, mientras levantaban pancartas que decían “los senos no son genitales” o “la única teta que molesta es la que no se puede comprar”.

“No me importa lo que digan: los medios y la Justicia defienden a los femicidas”, fue uno de los primeros cantos que se escuchó, cuando las chicas comenzaron con su ritual.

Antes de inaugurar la fiesta de lucha feminista —con colores y mucho glitter— algo enardeció la situación: uno de los tantos hombres presentes allí, comenzó a sudar su chomba rayada y se quitó los lentes mientras una de las chicas le advertía en un grito: “¡Flaco, es la segunda vez que te pido que te vayas y que dejes de mirar tetas!”.

El pibe solo atinó a explicarle que estaba ahí “para acompañar la lucha”, pero fue en vano: tuvo que irse de la manifestación.

Es que un principio parecía que no había límites en la convocatoria, pero todo cambió sobre la marcha. “Me paso tu democracia por las tetas”, fue la expresión de una manifestante en defensa de ese tiempo y espacio que las mujeres tuvieron ayer en su poder.

Mujeres con remeras puestas y hombres que insistían en quedarse, eran el contorno la manifestación. Un joven de cabello muy oscuro, barba y remera blanca sostuvo que no le resultó “tan bueno” el hecho de las chicas echaran a los hombres de allí. Pero su inquietud fue respondida con un “andate ya, a ninguna nos importa lo que digas. ¡Fuera, macho!”.

Difícil fue poder tomar testimonios en forma individual, ninguna quería dar su nombre, como tampoco dar “mucho tiempo” de su lucha, ni que hablar de su imagen. En resumidas cuentas, hablaban al unísono a través de cantos de reivindicación de la lucha de las mujeres y a favor del aborto.

El fuego formó parte de este ocaso feminista. Poco antes de que cayera el sol, un patrullero se acercó a la plaza para que las chicas dejaran de cortar la calle. Desde la plaza, gran parte de las manifestantes corrió con el pecho desnudo y se llenó de glitter para echar a los policías.

Los corrieron hasta la emblemática casa de comidas rápidas que está en la esquina de Avenida Corrientes y Pellegrini al grito de “yuta forra y asesina” y “yuta basura, vos sos la dictadura”: no les permitieron censurar la fluidez de todo lo que pasaba allí.

Fue un momento clave, porque el fuego no estaba solo en el interior de cada feminista, sino que estaba en la realidad. Una vez que lograron echar a los policías, un joven fue perseguido por haber tomado fotos de los senos de las manifestantes con su celular; una ola de chicas le arrancó la mochila y la prendió fuego con algunas pertenencias que estaban dentro.

Se formó una pequeña fogata que invitaba a todas las mujeres a formar parte de ese encuentro y a echar a todo aquel que fuese hombre heterosexual. Se detuvieron en las puertas del McDonald’s a pensar en Diana Sacayan —militante trans asesinada en octubre de 2015— y a enojarse con los femicidios y travesticidios que son un “mecanismo sistemático de exterminio”, como expresó Mariana, una de las tantas chicas autoconvocadas.

Entre las organizaciones políticas estuvieron con sus banderas las chicas de Pan y Rosas, de la Federación Universitaria de la Universidad de Buenos Aires (FUBA), representantes de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y Las Piqueteras: Organización de mujeres en lucha, entre otras.

También estuvo la diputada nacional Victoria Donda, quien consideró que “es injusto e inaudito que una mujer sin remera signifique una provocación, mientras que los hombres están siempre sin remera y nadie les puede decir nada”.

Lo cautivante de este encuentro fue su falta de orden, su espontaneidad, su diversidad. Al pasar, una chica en tetas, con su pelo largo al viento, explicó que esto era “el principio de la cuarta ola feminista”.

AUNO 09-02-2017
EFC-AFG

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