Trabajando para afuera

Son seis hombres que sabían algo de informática. Recibieron la ayuda de un profesor y comenzaron a hacer reparaciones para una empresa privada. Tienen un pequeño sueldo. Trabajan en un taller en la Unidad Penal 40, donde están detenidos desde hace tiempo. Y tienen pensado arreglar PC de colegios.

Seis internos de la Unidad 40 de Lomas de Zamora con conocimientos en servicios de informática fueron seleccionados para trabajar en un taller de reparación de computadoras e impresoras en el que arreglan máquinas que envía una empresa privada.

El origen del proyecto es un convenio impulsado por el Ministerio de Justicia de la provincia de Buenos Aires entre el Servicio Penitenciario y la empresa Printer Planet, que puso al servicio de las personas privadas de su libertad la ayuda de un profesor que les brinda capacitación.

Pensado como una suerte de filial, el taller se extiende cuatro horas durante las cuales los internos arreglan equipos de clientes de la empresa, aunque también se ocupan de las computadoras del Servicio Penitenciario.

Al mismo tiempo reciben una capacitación en reparación de impresoras a cargo de un profesor designado por la compañía, y en las próximas semanas reforzarán sus conocimientos en otras áreas, también en informática y mantenimiento de equipos.

Por el momento, los detenidos perciben un ingreso mensual de 500 pesos. “Contar con un sueldo los pone muy contentos porque pueden ayudar a su familia que, en la mayoría de los casos, cobra la totalidad del depósito”, explicó a AUNO el director de Trabajo Penitenciario, Rosario Ceballos.

La legislación vigente no regula el salario mínimo de las personas detenidas en el marco de este tipo de convenios. No obstante, si bien el parámetro es la producción, está establecido que los sueldos no pueden ser inferiores a 400 pesos.

Ante la puesta en marcha del primer taller de estas características que se desarrolla en la unidad, los internos mostraron “muchas ganas de trabajar y un gran entusiasmo”, remarcó a esta agencia el subdirector de la unidad, Víctor Mansilla. De ellos mismos surgió la idea de trabajar gratis para los establecimientos educativos de la zona, una propuesta que evalúa la empresa.

En la misma línea que Mansilla, el representante de la compañía que está a cargo del taller, Pablo Galán, resaltó que “aún tras las rejas hay ganas de aprender”, y consideró que “en las cárceles hay mano de obra desaprovechada”.

“Cuando recuperen la libertad, los internos que hayan integrado este taller saldrán con una herramienta que les permitirá resocializarse y mantener a su familia dignamente”, expresó.

Si la iniciativa de llevar el servicio a colegios funciona, los responsables de la empresa pretenden incrementar la cantidad de horas laborales y el número de personal; claro, una vez finalizado el período de “práctica intensiva”. También tienen pensado un nuevo taller de recarga de cartuchos, con otro grupo de internos.

Para el jefe del Complejo Penitenciario Suroeste, César Grassi, el convenio “dará excelentes resultados y pronto podrán incluirse tareas más difíciles, conforme al avance de la capacitación”.

Existen cerca de 80 acuerdos de este tipo entre la Dirección de Trabajo del Servicio Penitenciario y empresas privadas que se aplican a diferentes unidades. “Lo fundamental es capacitar a los detenidos para que no vuelvan a delinquir y garantizar su reinserción social una vez que recuperen la libertad”, explicó Ceballos.

MDY-AFD
AUNO-30-04-09
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