Rescata caballos, es policía y madre de 7 hijos

La presidenta de la ONG Rescate Equino Cinco Corazones (RECC), de las localidades bonaerenses de Avellaneda y Lanús, describe su pasión por los animales, su lucha contra la Tracción A Sangre (TAS) y cómo marcaron su camino. Una mujer trabajadora, activista y madraza a la vez.

Yésica Paolantonio (40) habla de los caballos como si fueran otros hijos más. De chiquita rescató a muchísimos animales porque se crió en la ciudad de Merlo en el Conurbano bonaerense. Su familia tenía un caballo llamado Platero. “Se acercaba a mi casa a pedirnos comida, a comer pan casero. Pasaba el lechero en un carro tirado por otro caballo y teníamos amigos carreros. Era chica, no pensaba como pienso hoy”, reflexiona. A Platero se lo robaron bruscamente un día muy lluvioso.

–Mi papá salió a buscarlo en su bicicleta en medio de la tormenta. Por lo que dicen las malas lenguas, Platero terminó faenado en uno de esos frigoríficos que hacen eso. Yo era muy chica, tendría siete años. Esas cosas nos quedan. Esa situación es una de las que me quedó grabada. Era un caballito zaino marrón, súper dócil. Monte a caballo cuando era chica. Es algo maravilloso, como volar, ¡una conexión!, son sensaciones que no te olvidás, cosa que hoy no haría, no volvería a montar. 

Su familia está compuesta por su marido y sus siete hijos. La más grande tiene 25 años y la más chica, 8. Al principio comentan que “no fue fácil” y “renegaban” porque Yesica “escuchaba los cascos de un caballo venir con un carro y salía a tratar de rescatarlo”. Luego se dieron cuenta que no era la manera, “sacar a dos o tres del carro”, sino que era mejor “luchar por la abolición de la TAS animal”. Entendieron que no iban a poder salvarlos a todos, menos mantenerlos.

La organización Rescate Equino Cinco Corazones (RECC) se materializó con ese nombre hace dos años. En 2021, Argentina estaba en plena pandemia por Covid-19. Junto a su marido y su nena hacían limpieza en el galpón de su casa, sacando cosas que no les servían a la vereda. Ella ya rescataba animales pequeños y se había puesto a investigar cómo era el tema del activismo de los caballos y lo que implicaba la Tracción A Sangre (TAS). Justo se le apareció un equino “que tiraba un carro en donde venían dos criaturas junto a un hombre mayor”. Su marido empezó a sacar algunas cosas y se las dio, mientras su hija les dio juguetes a los nenes. “Recuerdo que les regalamos un montón de cositas, y yo me acerqué al caballo… se me hizo un nudo en la garganta”, dice emocionada y rompe en llanto.

–Pregunté si le podía dar agua y le traje un balde para que tomara. Aunque estaba sediento, le costó beberla porque tenía la soga en la boca. Ahí vi sus ojitos brillosos, la mirada tan profunda que tienen, que podes ver tantas cosas que padecen, que me sentí muy mal. Me quedé triste y el hombre se fue contento con todas las cosas. No tenía idea si estaba o no herrado, si abajo de su montura estaba lastimado, pero me quedé realmente mal. Lo charlé con mi marido y le dije: ¿Lo padecerá el caballo? y nunca más me lo saqué de la cabeza. Ese día elegimos el nombre de la organización.

El comienzo de la lucha por los caballos

Al tiempo se enteró que había una yegua en La Matanza que ninguna ONG podía recibir. “Estaba hacía dos días en el ilícito”, comentó y se le escapó su jerga policial. Esta vez le dijo a su marido: “Vamos a buscarla”. Confiesa que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Sólo le preocupaba la yegua que estaba rompiendo todo en la comisaría y que, por eso, la iban a devolver al carrero. Y se la llevó. Ese día curiosamente llovía torrencialmente “cómo el día que se fue Platero”.

– Fue un 8 de agosto –recuerda Paolantonio– que trajimos a India (largo silencio y respira hondo). Ahora caigo que no sabía nada en realidad, no tenía idea de rentas, depósitos judiciales, nada de nada. Los proteccionistas me fueron guiando. Buscamos un pensionado para llevarla. India es mi hija y ella fue la impulsora de muchísimas cosas, desde ahí ya no pude mirar para otro lado. Así nació RECC, con un grupo de personas hermosas que se involucraron y que hoy luchan conmigo contra la TAS.

“Mi vida son los caballos”, dice. “Tengo dos laburos, organizadora y decoradora de eventos y también soy miembro de la Policía Federal, así que es imposible dedicarles tiempo completo”, advierte, aunque todo gira alrededor de ellos. Sino “¿Con qué los mantengo?”, pregunta. Más allá que la ONG funciona también por la buena voluntad de las donaciones de los seguidores y madrinas, “es todo a pulmón”. Lo que no alcanzan a cubrir lo pagan con sus ingresos. Yésica tuvo 15 caballos que mantuvo sola y llegaron a ser hasta 46. 

—Ellos son nuestros hijos hasta que se van en adopción, y uno a sus hijos lucha para darles lo mejor. Mi familia me apoya, mi marido me acompaña en todo. Él es sumamente importante. Son decisiones que luego implican a todos. Cuando uno podría estar con ellos, de pronto está en un rescate o ocho horas en una comisaría. Un domingo, día de la madre que estábamos almorzando, me llamaron de una dependencia donde había un caballo y necesitaban alguien que se hiciera cargo. Terminé de comer y salimos a buscarlo. Esto es así, te llaman y depende de vos que ese caballo sea libre. Y de la familia que lo entienda. Creo que los hijos y la persona que te acompaña lo que quieren es verte feliz y yo soy feliz al lado de ellos.

Los fines de semana son los días preferidos para su familia, porque es cuando pueden ir al campo a dedicarse a sus otros hijos equinos. En la semana si tienen franco también van. Llegan y corren a revisarlos. Yésica viste de calzas, una remera roja con logo de RECC, el pelo rubio rizado que lo lleva atado en una cola y zapatillas. Nadie imaginaría estar frente a una mujer policía. Entra al gran corral y verifica si a los caballos les falta algo. Lava los bebederos con mucha paciencia y asea el terreno, que es levantar bosta prácticamente sin parar. Luego, sin sacar su mirada de ellos, se pone a cepillarles el pelo. Algunos son blancos, otros negros, rojizos y de colores mezclados, de un porte indescriptiblemente bellos. Los disfruta a pleno. 

—Irradian una energía inexplicable. Yo veo a un caballo como algo muy grande y siempre los admiré, siempre. Pensás en todo lo que viven día a día y sufrís. El corazón de una proteccionista de animales siempre está roto.

Así transcurre la tarde, la tierra está húmeda y cuando empieza a anochecer los acompaña como una mamá hasta sus aposentos para que duerman. A los que comen suplementos, los más viejos, les prepara su ración y verifica, por última vez, que todos estén bien, cómodos y que descansen plácidamente “como se merecen”. La activista quiere y sueña con tener su propio campo, donde puedan vivir libres y no tener que alquilar ninguno más como vienen haciendo. 

–Alquilás en tal lugar y a los tres años tenés que hacerlo en otro lado. Quiero armarlo como nosotros deseamos, levantarnos con ese olor a caballo, vivir con ellos, acostarnos con su aroma. Escucharlos relinchar a la mañana temprano o que te golpeen la ventana y quieran meterse a la cocina para pedirte comida –como hacía Platero–. Creo que no hay nada más maravilloso que vivir con ellos. Deseo que se termine tanto padecimiento y todo tipo de abuso. Es algo que no puede suceder más. Están encerrados en ese cuerpo fuerte, que admiro tanto. Los veo y digo: ‘¡Wow, qué lindos son y qué mágicos!’ Yo voy y los abrazo, al que se deja abrazar y digo: ‘¡Qué linda sensación! Qué maravillosos’. Ojalá que algún día RECC tenga su espacio -sueña en voz alta la mujer multitareas, que lleva tatuado a Platero y a otros caballos en sus dos brazos.

*Perfil elaborado en el marco de la materia de Periodismo Gráfico

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PJ-SAM

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