Marko Mosquera, el cuentacuentos que conmovió al público

El narrador oral colombiano hizo reír, participar al público y construyó el relato con los comentarios de todos. Así fue que rompió
la conservadora relación entre auditorio y artista.

Lomas de Zamora, octubre 31 (AUNO).-En la función de despedida del Conurbano Sur del décimo Festival Internacional de Cuentacuentos “Te doy mi palabra”, el narrador oral colombiano Marko Mosquera dio la nota en el escenario de la Fundación Soldi de Glew.

Es que se animó a romper los cánones tradiciones del arte escénico, que disocia al público –expectante desde el auditorio- del artista, quien es el encargado de trasmitir el arte. Sus compañeros de la trouppe también lo hicieron, pero Marko fue por más. Salió del escenario por las escaleras que dan al auditorio y caminó entre los pasillos.

Además, no faltó su excelente impostura de voz, su expresividad corporal y sus microactuaciones para retratar a personas como un anciano mago, el “Mago Berlín”, el “Caballero Negro” y la figura de una mujer, que fue denominada por el público como una “cosa”, por su grado de fealdad.

Su relato que cuenta la historia de un joven llamado Lanzelotte, que frente a la amenaza de ser decapitado, intenta resolver un interrogante: “¿Qué es lo que realmente desean las mujeres?”, una pregunta que resultó propicia para acercarse más a los niños y adultos.

Así, una vez sobre el auditorio, comenzó a demandar respuestas, primero a los hombres y luego a las mujeres. Prácticamente, todos los niños querían participar. Algunos niños gritaban, entre risas, que las mujeres deseaban: “A mí”, “un beso”, “que se las enamoran”, “cariño”, “amor”, “comprensión”, “que las casen”, entre otros.

Las mujeres, también, tuvieron sus respuestas: “Amor”, “comprensión”, “que se les respete”, “igualdad”, “una familia”, “chocolate”, “que las escuchen”, “fidelidad”, entre testimonios a viva voz, al tanto que las risas se desataban cada vez más.

Así, entre el narrador y el público se fue construyendo el relato. A los once meses y 29 días, Lanzelotte, “el más apuesto de los cabelleros”, se encontró con una “cosa negra”, una mujer horrible que conocía la respuesta deseada y que salvaría su vida.

Como en todo cuento, la mujer pedía una condición: que se casase con ella. Muy involucrado y abierto a participar, un niño interrumpió el relato del colombiano y comentó: “No te podés casar con esa mujer porque es muy chiquita”.

El cuento continuó. Y siguió construyéndose a través de los comentarios de los niños y adultos. Frente al rey, los caballeros que se aventuraron a la búsqueda de la respuesta iban siendo decapitados hasta que llegó Lanzelotte, que llevó a la mujer horrible. Ante la pregunta ¿qué desean las mujeres?, la “cosa negra” sentenció: “ser dueñas de su propio destino”.

Como hombre de palabra, el protagonista de la historia se casó y felizmente, la mujer se transformó en una mujer de “60, 90, 120”, pero la mujer aclaró que podía optar por tenerla la primera mitad del día sería “bonita” y la otra “fea” o viceversa. Una excusa para que el público participe nuevamente y que eligiese cómo quería a la mujer.

Bajo un silencio absoluto, todos querían escuchar el desenlace. Lanzelotte respondió que ella era “la dueña de su propio destino”. Fue así como la otra parte del hechizo de la mujer “bonita” y “fea” desapareció. Los aplausos fuertes no pararon. Algunos lo hacían de parados.

En diálogo con AUNO, Marko Mosquera explicó que el narrador oral puede construirse por la práctica de la técnica y las habilidades escénicas de cada uno, pero el talento de este narrador es resumido por sus propias palabras: “Peden nacerse así, con el don”.

EV-LDC
AUNO-31-10-11

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