Ernesto Sabato, un intelectual polémico

Había nacido en Rojas. Escribió varias novelas. Fue antiperonista, elogió a Evita, apoyó el golpe de Estado del ’55. Tuvo palabras elogiosas para Onganía y en mayo de 1976 almorzó con Videla junto a otros escritores. Como muchos periodistas y escritores participó de la Conadep impulsada por Alfonsín. Le dijo a Kirchner que era la “esperanza”. Falleció a los 99 años en su casa de Santos Lugares.

H. Raúl Campos

El escritor Ernesto Sábato, quien falleció a los 99 años en su casa de Santos Lugares, había nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, el 24 de junio de 1911. Luego ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata.

A principios de los ’30 militó en el comunismo y en esa misma década escribe su primera novela La fuente muda. El título remite a un verso de Machado y la obra nunca la publicó salvo algunos fragmentos y a raíz de una crisis, creo que de índole existencial, abandona la práctica de la ciencia y se dedica a la literatura.

En realidad, su primera obra fue Uno y el universo (1945), año en que decide abandonar la ciencia para dedicarse a la ficción.

Con la aparición del peronismo, Sábato rápidamente se ubica en la vereda del antiperonismo furioso y durante el auge del peronismo en el gobierno, en 1948, escribe El Túnel.

Cuando fue derrocado por un golpe de Estado, en 1955, el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, Sábato fue designado por la dictadura de Aramburu y Rojas como interventor de la Revista El Mundo Argentino, cargo al que renunció al poco tiempo.

Sábado rápidamente se da cuenta de las características de la dictadura de Aramburu y Rojas y enseguida ensaya una defensa de algunos aspectos de la política del peronismo y en especial realiza elogios a Evita en su escrito ‘El otro rostro del peronismo’, aunque ello formaba parte de un contexto nacional en que varios intelectuales y escritores antiperonistas comienzan a revisar sus postura sobre el fenómeno político que implica el peronismo.

Durante la administración de Arturo Frondizi, gobierno que surge como fruto de un pacto con Juan Domingo Perón, Sábato fue funcionario de la Cancillería y la visión de mundo de ese período quedó traducida en su novela Sobre héroes y tumbas.

Por lo general a Sábato se lo suele caracterizar comparándolo con Borges, algo que no es ni bueno ni malo. Mientras que el último jamás abandonó su visión de mundo, ni su menosprecio por todo aquello que implicasen multitudes organizadas, del primero de los escritores se puede contar un áspero rosario de contradicciones.

Sus erráticas posturas políticas, matices y graves conductas se habrán de corroborar también durante la última dictadura militar que se impuso entre 1976 y 1983.

Esas muy preocupantes conductas políticas ya se habían manifestado en sus declaraciones a favor del dictadorzuelo Juan Carlos Onganía y sus inclinaciones a acomodarse ante cada nueva brisa o huracán se verifica también en ocasión del triunfo de Héctor J. Cámpora el 11 de marzo de 1973.

Pero como en la conducta de Sábato podemos observar a la de una gran franja tilinga de la sociedad argentina, porque obviamente que el escritor surge de ella, ante al triunfo de Cámpora advierte que el nuevo mandatario está rodeado de elementos poseedores de una “ideología foránea”, que casualmente y no por casualidad es la misma caracterización que hace la dictadura y el sistema mediático para justificar el golpe de Estado de 1976 y el terror posterior y las matanzas durante el período isabelino.

El almuerzo con Videla

Apenas dos meses después del golpe del 24 de marzo de 1976,en mayo de ese años, cuatro escritores argentinos van a almorzar a la Casa Rosada con el dictador, el general Jorge Rafael Videla.

Borges, como no podía ser de otra manera, Sábato, Horacio Ratti y Leonardo Castellani comieron con Videla mientras escritores, artistas, maestros y comisiones obreras desaparecían en la Argentina.

Sábato en esa ocasión había señalado, después de salir del encuentro gastronómico, que con Videla habían hablado “de la cultura en general, de temas espirituales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación” y que “el general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente”.

Siempre me he preguntado por qué a Borges y a otros escritores que gustaban de las dictaduras no apoyaron a la dictadura peronista.

Las posturas inveteradamente acomodaticias de Sábado, para ser benevolentes, quedaron graficadas por el escritor Osvaldo Bayer que señaló respecto del escritor fallecido hoy: “En un país en el cual desde el año 1930 ha habido 14 dictaduras, al señor Sábato jamás se le prohibió un libro, jamás estuvo preso ni tuvo que exiliarse”.

Sábato defendió la dictadura durante casi la totalidad de su duración, se enojó con quienes denunciaban la utilización del mundial de fútbol para intentar ocultar la política que se llevaba adelante y contra aquellos que denunciaban en el exterior las torturas y desapariciones y las bandas delincuenciales de la dictadura, que generó incluso que Julio Cortázar le saliera al cruce, ante tantos desatinos del autor de El Túnel.

Raúl Alfonsín triunfa en las elecciones del 30 de octubre de 1983 y después se crea la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) y el alfonsinismo le entrega la presidencia de esa entidad, que lleva a cabo una amplia investigación y recopila datos sobre el terrorismo de Estado que acababa de cesar.

La actuación en el seno de esa comisión le sirvió a varios periodistas y personajes de la cultura lavarse la cara por su apoyo a la dictadura. Entre ellos a Sábato.

Ese informe luego se publica en libro con el título de Nunca Más, cuyo prólogo que no lleva firma pero que fue escrito por Sábato contiene la funesta teoría de los dos demonios, que habrá de ser fundamento para los defensores de la dictadura hasta el presente.

La teoría de los dos demonios, que asimila en paridad de condiciones e igualdad a organizaciones armadas de particulares y el terrorismo de Estado de la dictadura, no era, sin embargo, una postura trasnochada de Sábato sino que era la visión de mundo dominante del alfonsinismo y Sábato se había prendido en ese tren porque en definitiva había apoyado a la dictadura almorzando con ella.

En 2003, antes de que Néstor Kirchner asumiese la Presidencia, Sábato lo quiso conocer y se conocieron en la Capital Federal, luego de una mediación del pianista Miguel Angel Estrella. En la ocasión, el escritor le dijo al santacruceño que era la “esperanza” y luego le advirtió que no había que volver al pasado ni mirar al pasado. Kirchner evidentemente no le hizo caso.

AUNO 30-04-11
HRC EV

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