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Economistas

"Argentina no tendrá ninguna debacle"

Hernán Letcher y Julia Strada, del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) rechazan la idea de que la Argentina pueda enfrentar complicaciones en su economía, tras evitar presión de fondos buitre por cobro de bonos defaulteados en mejores condiciones que los canjes del 2005 y el 2010.

Hernan Letcher y Julia Strada

Lomas de Zamora, agosto 1 (AUNO) – Los economistas Hernán Letcher y Julia Strada, del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) aseguraron que los “sectores concentrados”
tienen como estrategia “generar incertidumbre” luego de que el gobierno evitara las presiones de los fondos buitre por cobrar bonos en default en mejores condiciones que las establecidas por los canjes del 2005 y el 2010.

“Tienen una estrategia muy clara: generar incertidumbre en relación a un posible default, y por transición, producir efectos negativos a partir de asentar expectativas dudosas sobre la estabilidad económica nacional”, explican en un informe ambos profesionales.

En su trabajo, aseguran que “lo cierto es que la economía argentina no tendrá ninguna debacle ni se nos 'acabará el mundo’” y señalan que “el país ha crecido desde 2003 sobre todo con ahorro interno, sin dependencia de financiamiento externo, desendeudándose y ordenando cada uno de los frentes abiertos”.

“De hecho, hasta solo unas horas, la Argentina tenía pendiente de regularización la deuda con el Club de Paris. ¿Cuál es la diferencia ahora?”, añaden en su ùltimo trabajo.

El documento señala que “si las variables económicas no se ajustan a una situación caótica de manera natural, es esperable que los agoreros de la derrota argentina impulsen operaciones económico-mediáticas que actúen como profecías autocumplidas”.

En tal sentido, recomiendan “sostener la política oficial orientada a impulsar la inversión de manera de no afectar o encarecer créditos a las empresas, haciendo aún más evidente la intención de pago de la Argentina”.

“Muchos países encuentran particularmente llamativa la condena al supuesto default a un país que dijo que quiere pagar, que tiene con qué pagar y que efectivamente pagó. Es importante apuntalar estas relaciones. En este sentido, resulta estratégico avanzar en los acuerdos y posibles financiamientos con China, Rusia y los BRICS en general”, destacan Letcher y Strada.

AUNO 1.8.2014
CGL
aauno@yahoo.com.ar

Entrevista a Osqui Guzmán

“El que improvisa escucha lo que pasa en el escenario”

Habla suavecito pero dice con fuerza. De chiquito, Osqui se hizo grande con piezas como El niño argentino y El Bululú. Esta vez viene a la escena local con un éxito asegurado: Toc Toc. Antes de subirse al escenario, el actor habló con AUNO sobre el triunfo de una puesta comercial que no se sostiene en el cartel, la improvisación y la fuerza del trabajo.

Osqui Guzmán

Lomas de Zamora, julio 30 (AUNO).- Osqui Guzmán: infancia pobre, estigma inmigrante, actor del barro. De sus padres bolivianos –una costurera y un plomero- aprehendió la cultura del trabajo, de lo necesario que es el esfuerzo para progresar en lo que uno hace. Osqui aprende y enseña.

En una charla con AUNO, antes de aterrizar nuevamente en este sur que tan seguido visita, dejó claro que es un actor que trabaja mucho y que utiliza la improvisación como herramienta de laburo.

El 6 de agosto estará por el teatro Maipú de Banfield, donde presentará la –ya clásica- obra “Toc-Toc”. La rutina teatral pone en escena a seis pacientes psiquiátricos que padecen algún tipo de trastorno obsesivo compulsivo (Toc). Y se animan ¿Sabés cuál es el tuyo?

Ernesto Claudio, Patricia Echegoyen, Maida Andrenacci, Leticia González y Juan Grandinetti (si, el hijo de Darío) son los compañeros de Osqui en la obra del autor francés Laurent Baffie. La versión argentina, que ha ganado algunos premios Ace y Estrellas de Mar, la dirige Lía Jelín. Además de este plantel de actores, hay otro que actúa la obra de forma paralela.

-¿Por qué la obra es tan efectiva y consigue mantener el mismo éxito con dos elencos distintos?
La obra toca una temática muy cercana a nuestra idiosincrasia, los argentinos estamos muy psicoanalizados. En Europa no hay tantos psicólogos, acá los tenés en la obra social, en las escuelas. Y a la gente le llama la atención la locura. La atrae, le parece resplandeciente. Pasa lo mismo que con Hamlet: el público se pregunta “¿éste está loco o se hace?”. Es la extravagancia que se despierta en las personas cotidianas. También pasa que la obra es muy acertada en la manera de hacer la extrapolación de los signos teatrales. Se muestra en la forma que tenemos los argentinos de vivir el teatro.

-¿Tenías alguna opinión sobre los Toc antes de hacer la obra?
Ninguna. Sabía de la obra, de que se trataba, pero no me resultaba familiar ni algo de lo que yo quisiera saber. Sabía que era un éxito tremendo, que además atrajo a la gente que no va al teatro, y eso lo transforma en un suceso, en un hecho social. La gente que no tiene como plan común ir al teatro va a ver “Toc Toc”.
Por ahí, una persona le dice a un amigo: “Sabés que a tal le diagnosticaron Toc.” Entonces le contestan que hay una obra que trata el tema, y que tienen que llevar a ese tal para que la vea.

-Componer un personaje como los de “Toc Toc”, ¿limita la improvisación o la potencia?
Yo utilizo la improvisación para hacer teatro. Así tenga que hacer una obra de texto, donde tenga las mismas marcas y el mismo dialogo, siempre estoy improvisando. Hago como si fuera la primera vez. Y de ahí la respuesta del público con mi trabajo. Cuando me dicen que lo ven muy natural, para mí que es porque improviso.
La improvisación es una herramienta fundamental de la persona que improvisa, que es alguien que escucha lo que pasa en el escenario, entre los actores y entre el público. Es como el payador que improvisa pero escucha lo que responden.

-¿Qué cosas de tus años de conservatorio usás hoy en día para tus clases?
Un profesor del primer año me dijo: “El trabajo se defiende con más trabajo”. Mis viejos son bolivianos, y su cultura es vivir para el trabajo. Se despiertan y piensan en trabajar, en cómo seguir y en trabajar más. Piensan en el progreso, en alimentar lo propio.

Sobre todo, no temen al esfuerzo, a agachar el lomo para hacer para que las cosas avancen y sucedan. De hecho, hay tres preceptos que rigen el ser andino: “No robes y no mates”, que se parecen a los preceptos cristianos. Y uno que no se parece a ninguno: “No serás flojo”. Es alucinante, encierra y abre muchas cosas porque va más allá del trabajo. Fijate que no dicen “no seas vago”, sino que hay que ser firme e las decisiones. Que en lo que hagás, seas fuerte.

-¿Hay algún personaje que te gustaría hacer y todavía no compusiste?
Cyrano de Bergerac (poeta y dramaturgo francés) es un personaje que me gusta mucho. Su pensamiento y sus acciones; el mundo que él despierta; lo que genera en los demás; lo que genera en mí. Me gusta ese perfil de hombre que busca pelea. Que es pendenciero/poeta pendenciero/enamorado. Hombre valiente que se siente invencible y al mismo tiempo que se sabe frágil porque el amor no se le revela debido a su fealdad.

AUNO-31-07-2014
FN-AFG

Todo no pasa

Julio Grondona falleció a los 82 años por una insuficiencia cardíaca. Fue presidente de la AFA durante los últimos 35 años. Su muerte abre un sinnúmero de interrogantes sobre el futuro de una entidad en la que fue amo y señor.

Grondona

Lomas de Zamora, julio 30 (AUNO).- “Hasta que no se muera Grondona nada va a cambiar”. La frase se escuchaba en cualquier ámbito relacionado con el fútbol, desde los tablones de las humildes tribunas del ascenso hasta los escritorios más refinados de los despachos políticos. Y un día Julio Humberto Grondona se murió. Y la pregunta obligada: ¿algo va a cambiar?

Grondona tenía 82 años e iba por su noveno mandato al frente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). En 35 años como patrón de la pelota superó ocho reelecciones, aunque en realidad sólo una vez tuvo oposición, allá por 1991, cuando el ex árbitro Teodoro Nitti se le animó a discutir el poder en las urnas de la asamblea ordinaria… Perdió 39 a 1. Don Julio parecía Highlander. Invencible. Inmortal… Pero no lo era.

Bajo su largo mandato pasó de todo. La Argentina, en ese lapso, tuvo cuatro dictadores y nueve presidentes democráticos. Grondona permaneció inalterable. Nada ni nadie pudo con él. Y eso que ni sabía cómo encender una computadora. Sin embargo, a él nada lo detenía. Su habilidad para manejarse en el barro, su conducción firme, personalista y discrecional, y su capacidad para descubrir que el fútbol era una mina de oro casi inagotable, lo convirtieron en el amo y señor de la pelota. Acá y en el mundo. Porque también fue un hombre fuerte en la FIFA, primero como ladero del brasileño Joao Havelange y luego como escudero y secretario de finanzas de Joseph Blatter. Y todo sin saber pronunciar ni una letra en inglés. Se sentirá la ausencia de su peso en el plano internacional.

En las sombras, donde mejor y más cómodo se movía, se convirtió en un socio incondicional del poder. Del poder económico y del poder político. Todo con la pelota bajo el brazo. Así convirtió a la AFA en una generadora de negocios que hizo enriquecer y crecer exponencialmente a empresas al compás de las nuevas tecnologías. Así, con total desenfado, cuando vio que lo números no le cerraban, se plantó y le cerró el grifo convirtiéndose, de buenas a primeras, en su peor enemigo y en el único culpable de todos los males.

Ojo, Grondona no se preocupó demasiado en evitar que la violencia manchara la pelota cada vez más seguido. Jamás implementó un proyecto para tratar de erradicar a las barrabravas del fútbol. No es el único responsable, tampoco se hicieron cargo los punteros y dirigentes políticos que cobijaron, cobijan y cobijarán a todos aquellos que delinquen, se enriquecen y matan en el nombre de su falso amor por una camiseta.

Su forma de hacer política, al mejor estilo patrón de estancia, hizo engordar las arcas de la AFA a niveles exponenciales. Construyó su poder a fuerza de favores, al punto que hasta sus más férreos críticos le debían algo. Nunca les dio la espalda a los clubes más humildes y por eso siempre tuvo su respaldo incondicional. Jamás perdonó traiciones ni tuvo la vocación de controlar la voracidad de dirigentes que, hambrientos de billetes, fundieron y refundieron a los clubes sumiéndolos en deudas imposibles de levantar.

También se le pueden contar las buenas. La construcción del predio de Ezeiza, un lugar único y con las mejores condiciones para la preparación de un equipo de fútbol. El campeonato del mundo de 1986, con Diego Maradona como pieza fundamental. La apuesta por repatriar a Lionel Messi. El proyecto a largo plazo en juveniles de la mano de José Pekerman, el maestro de futbolistas al que más tarde le terminó soltando la mano para volver a improvisar. Porque confiaba a muerte en su instinto. Y como buen animal político se anotaba en dorado sus aciertos y escondía debajo de la alfombra sus errores.

Desde su despacho de la AFA, al que iba poco y nada en los últimos tiempos, manejó todo y a todos hasta el día de su muerte. Decía sin decir. Lastimaba y protegía en silencio. Se sentía invulnerable. “Todo pasa”, rezaba la leyenda del anillo que usó hasta que la muerte de su mujer en julio de 2012. Mantenía la costumbre de llevar un diente de ajo “de la buena suerte” en un bolsillo interno de su saco. Se lo daba cada mañana su madre, que vivió hasta los 102 años.

Su partida marca el final de una era. La era del caudillo. El fútbol argentino perdió a su dirigente más importante, con todo lo bueno y todo lo malo en el mismo envoltorio. El que lo convirtió, gracias a la materia prima, en potencia mundial. El mismo que no se preocupó demasiado en curar a tiempo todos los focos de infección. Tal vez porque le convenía. Se murió Grondona. Hay mucho por hacer. El desafío pasa por saber si algo va a cambiar.

AUNO-31-07-2014
MFV-AFG

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