Una obra que pone en jaque al teatro tradicional

Este viernes se reestrena la representación _Misteriosos Ecos del Ser_ en una sala teatral de Temperley. La actriz y dramaturga Mariela Rocco sostuvo, en diálogo con *AUNO*, que la pieza focaliza el “aspecto lúdico, de juego, librado al azar”, en contraposición al teatro más discursivo. Una propuesta distinta.

Lomas de Zamora, abril 09 (AUNO).- En un tablero de ajedrez se busca el jaque mate al rey para ganar la partida a través de diversas estrategias que son libradas al poder cognitivo de cada uno de los contrincantes. Algo similar sucede en Misteriosos Ecos del Ser, una obra donde se ponen en juego maniobras creativas para movilizar el statu quo de ciertas prácticas teatrales. Dirigida por la dramaturga Miriam González, la puesta busca confrontar y reposicionar al teatro tradicionalmente discursivo mediante el uso del cuerpo por sobre lo relatado, por sobre la palabra.

Antes del reestreno de la obra, sus actrices Mariela Rocco y Leila Kancepolsky dialogan con AUNO sobre los recursos que utilizaron para la puesta en escena, el rol del espectador, la primacía del aspecto lúdico de Misteriosos…, que persigue la meta de redescubrir o reinventar el ser, a preguntarse mil veces quiénes somos.
—¿Cuál es el conflicto en Misteriosos Ecos del ser?
—_Mariela_: No se trata de un conflicto como sucede con el teatro más lineal, donde hay una situación conflictiva a resolver que se desencadena y que luego tiene un desenlace, sino que el conflicto es en sí mismo cada instante. En Misteriosos…, son más importantes las preguntas, las reflexiones sobre nuestro ser. Las sensaciones que se generan. Un conflicto podría ser que en alguna de las escenas nuestra mujer esqueleto no resucite, pero no nos quedaríamos ahí. Entonces, lo que hicimos fue resucitarla y que muera diez veces más, y las que no, las inventa el espectador, porque también es otra forma de contemplar el teatro.
—Si bien en el teatro se pone en juego técnicas corporales en conjunto con la palabra para lograr una representación, existe en la obra una primacía de la corporalidad por sobre el diálogo, hay una intensión de…
—_Mariela_: Sí, en nuestra sociedad estamos acostumbrados a hablar mucho, pero no decimos demasiado. En eso me incluyo —responde y se ríe.
—_Leila_: Es cierto. Sucede que el cuerpo se pierde en la cabeza. A veces se cae en lo mental, en lo lineal y se abandona el cuerpo tanto en la sociedad, y en teatro también. Y justamente es el cuerpo el que tiene que expresarse y volver a armonizarse con la palabra. Un buen ejemplo es el del director argentino Víctor García. Una vez, tenía que dirigir en un país árabe y le preguntaron si necesitaba un traductor para la obra. Entonces, dijo que no lo necesitaba para hacer su puesta en escena. En esa obra se hablaban 17 idiomas. El director no lo sabía, el público tampoco, pero era tan rico en la intensión, en gestos, en ritmos, que no importaba no entender, porque el entendimiento pasaba por otro lado.
—_Mariela_: Claro, desde la obra queremos construir nuevamente el cuerpo como un todo, donde esté integrada la cabeza al cuerpo.
—¿Cómo recibe el público la obra?
—_Mariela_: Todavía estamos en una instancia del teatro en donde el espectador necesita explicaciones. No siempre, porque hay públicos diferentes; pero un sector lo necesita. Tiene que ver con cuán dispuesto está cada uno a entregarse al acto poético. Uno piensa en los surrealistas. Empezaron a pintar, nadie entendía nada en ese tiempo.
—¿Qué recursos utilizaron para generar “Misteriosos…”?
—_Leila_: Fue una investigación de un año y medio hasta que se estrenó en 2009. Teníamos ganas de investigar, de profundizar en objetos, textos y máscaras. Es un espectáculo que fue sumando cosas que quería Mariela, que quería yo. Dentro del proceso fueron apareciendo objetos y escenas, que se iban seleccionando para la obra y descartando. Siguen apareciendo escenas, siguen apareciendo objetos. No es una obra que está cerrada en sí misma, sino que queda abierta. Nos gusta tal objeto, tal movimiento y vemos cómo lo incorporamos. El color también es importante. Las escenas fueron tomando colores. Cada escena tiene un color y el vestuario, también tiene una relación con ese color en la escena y con las máscaras y el vestuario. Hay ideas que se van reinventando. Tenemos siete escenas que, en realidad, no lo son estáticamente porque van cambiando. Son siete colores para cada escena, que se entrecruzan con elementos como la semilla, la tierra, el agua.
—_Mariela_: Una de las máscaras y las telas que se representa en la última escena fue el primer objeto que apareció en nuestra investigación. Nos pasó lo mismo con el texto, el de la “Mujer esqueleto”. Es un texto que veníamos trabajando en entrenamientos, con acciones. Es un texto tradicional que relata la historia de la vida. Muerte, vida. Algo cíclico. Leila trajo unos párrafos de la poesía de Girondo, que dijera como los dijese estaba directamente relacionada con el cuento. Desde ahí empezamos a jugar con los ritmos, con las palabras que a su vez tenía otra historia. Luego, tomamos la música, que tiene un rol muy importante. Hay una parte que está en vivo y que está grabada con arpa y guitarra para la escena que estoy con una muñequita de cristal. Es música original para la obra. La grabamos entre mi marido que tocó la guitarra y yo el arpa. Después Roberto Uriona empezó a hacer toda la mezcla de la música. Después Graciela Viale se incorpora y trae música de Tutata. Todo está unido por diferentes lugares. Desde ahí nace.
—¿Cuáles son sus referentes en el teatro?
—_Mariela_: Para mí, mis referentes más importantes son mis maestros: los directores Miriam González y Roberto Uriondo, porque no solamente a nivel trabajo, actoral, sino a nivel humano.
—_Leila_: Hubo mucha gente que me enseñó mucho. Desde algunos teatreros viejos y que ahora los leo con el bagaje que te da la experiencia. Te dan lineamiento los dramaturgos (Anton) Chevoj, (Fedor) Dostoievski. La plástica, desde la murga, desde otros tipos de teatros también nos enriquecemos. La vida misma es el referente con grandes acompañadores.
—¿Qué es trabajar en una obra de teatro independiente?
—_Leila_: Al ser teatro independiente, tenemos la libertad de investigar, de ser auténticas, de no responder a un director que te dice lo que tenemos que hacer.
—_Mariela_: También respondemos a un director, pero a uno que también se involucra en lo que es “lo independiente”. Por ejemplo, investigamos y él acomoda fichas. Acompaña y no impone. Uno tiene que fragmentarse un poquito para sostener este laburo, que es maravilloso y tiene que ver con una búsqueda más espiritual.
—_Leila_: No me visto de Caperucita Roja, porque sé que te vendo un colegio. El teatro independiente, nos permite eso: ser auténticas.

EV-AFD
AUNO-09-04-12

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