Murió el poeta Alfredo Carlino

Tenía 85 años. Escribió poesías, fue boxeador, militó en el peronismo desde muy joven, fue funcionario, estuvo exiliado con Jauretche en Montevideo y compuso la _Operita Metalúrgica para Felipe Vallese_. Uno de sus mejores libros tal vez sea _Bailarín canyengue_. Estuvo siempre en las listas negras de las dictaduras.

Horacio Raúl Campos

Lomas de Zamora, marzo 25 (AUNO) – “Iban los sin nombres, sin abuelos del patriciado, sin estancias ni vacas sagradas. Eran la nada, por eso el todo”, escribe Alfredo Carlino en el poema 17 de Octubre.

Perseguido por todas las dictaduras, Carlino murió hoy a los 85 años. Tal vez como una acertada premonición, había nacido el 17 de octubre de 1932. Lo velarán en la Legislatura de Buenos Aires.

Carlino fue periodista, boxeador, recitador en unidades básicas, funcionario de los gobiernos peronistas e integrante de todas las listas negras armadas por las dictaduras cívicos militares desde 1955 y las que les sucedieron hasta la de 1976.

Estudio periodismo y filosofía; actuó en teatro independiente y de títeres. Formó parte del Nuevo Teatro, con Pedro Asquini y Alejandra Boero, y del Teatro de los Independientes (hoy Teatro Payró).

Mural

Un mural lo homenajea desde hace varios años en la planta alta de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Desde 2015, una calle de Wilde, Avellaneda, se llama Alfredo Carlino.

Su último libro es 17 de octubre: la celebración de la multitud ardida (2014). Escribió también 50 años con la poesía (2008), Poemas ciudadanos (1959), Ciudad del Tango (1966), Buenos Aires Tiempo Gobby (1970) y Bailarín canyengue (1999).

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Publicó también Evita: del 17 de octubre a la caída (1996), Perón, siempre Juan (1986), Chau, Gatica (1964), el Cuaderno de Mabel (1958) y Evita, la eternidad de un pueblo (1986).

Compuso la Operita Metalúrgica en Re menor para Felipe Vallese, con música de Osvaldo Manzi, estrenada en el Teatro Lasalle el 16 de junio de 1973.

“Aún late tu maravillosa pasión por el pobre, como una llama arderá, perenne. Y en el fuego inagotable de tu fervor”, escribió en la poesía Evita, del libro Bailarín Canyengue.

Los dioses del fútbol

Hincha de Boca, en esa misma obra homanajea a Mario Boyé con un texto que tituló Gracias por los recuerdos. “Porque Boca y la pasión son la misma cosa”, asegura.

Diego Maradona no falta en su prosa. Escribe en el texto Violín de pie: “¡Maradó! ¡Maradó! ¡Maradó¡ Ahí sobre el verdor del césped hay un Satanás bailando, haciendo brujerías en la siesta del domingo (…)”.

“En la garganta del boquense se manifiesta los mejor de los argentinos, combinando con el placer de juntarle la bronca a los de River, con sus dioses Moreno y Pedernera”, escribe en ese mismo libro.

De Ángel Clemente Rojas dice: “Hay un ser diabólico / que anda por las canchas / imantando a la de cuero / para olvidar la rutina”.

El poeta y docente Rodolfo Edwards escribe en el prólogo a Bailarín canyengue: “Tirar trompadas todo el tiempo y que la mayoría dé en plena jeta del rival; así Carlino acierta y acierta. Una andanada de versos como piedras, como cascotes afanados de una obra en destrucción: *nuestra vapuleada patria*”.

AUNO 25-03-18
HRC-SAM

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