Los herederos de Mugica

“Curas villeros. De Mugica al padre Pepe”, de la periodista y socióloga Silvina Premat, es un libro que analiza y traza paralelismos entre dos generaciones de los sacerdotes católicos que hacen realidad el axioma “Opción por los pobres”. En esta entrevista con AUNO, la autora destaca una coincidencia: “Tienen la misma propuesta: dar todo”.

Lomas de Zamora, noviembre 8 (AUNO).- Eligen vivir en las villas de emergencia porteñas para ayudar a los más pobres. Y ante la pobreza extrema, la delincuencia, la precariedad educativa, laboral y sanitaria y el flagelo de la droga hacen el cristianismo con lo que tienen al alcance de su mano, respondiendo a grandes desafíos siempre distintos. Ellos son los curas villeros, los que se autoproclaman “herederos” de sacerdotes tercermundiastas como Carlos Mugica y cuyas historias se reflejan fielmente en el libro “Curas villeros. De Mugica al padre Pepe”, de la periodista y socióloga Silvina Premat.

El libro, que se propone a través de las historias que narra “sacudir corazones y suscitar la reflexión”, habla de quiénes son, qué hacen y por qué los curas que viven en las villas de Buenos Aires. También de su vinculación con los primeros que hicieron esa opción en la década de 1960, como Mugica, un sacerdote con un fuerte trabajo comunitario en los barrios y que es considerado por muchos como “un revolucionario social y político” por su militancia en el campo popular.

Los sacerdotes que hoy siguen los pasos de los primeros curas villeros como Rodolfo Ricciardelli, Héctor Botán, Mugica, Jorge Vernazza y Eduardo de la Serra “no se consideran héroes ni superhéroes, pero sí ‘herederos’, porque los ven como sus maestros, sus predecesores” porque “son quienes abrieron el camino en un estilo de sacerdocio que acá todavía no se conocía. Los curas de ahora atesoran esas experiencias y a la vez construyen las propias”, contó Preman en una entrevista con AUNO.

Algunos de los curas que viven a las villas porteñas (porque ellos lo piden o se lo sugiere su obispo) son Pedro Baya Casal, en Villa Soldati; Gustavo Carrara, en la villa 1-11-14 del Bajo Flores; Guillermo “Willy” Torre, en la 31 de Retiro; y Sergio Serrese, en la 6 de Lugano, quienes no sólo llevan la religión a los barrios sino que realizan un trabajo social de contención y acompañamiento a los vecinos.

Una de las similitudes de los curas villeros con los sacerdotes tercermundistas es que “tienen la misma propuesta: dar todo. Ellos están ahí viviendo para y por la gente de los barrios, viven para el servicio de los vecinos. Y lo que cambia es el tipo de problemas que enfrentan y entonces el tipo de respuestas”, reflexionó la autora, que actualmente es redactora de la sección Cultura del diario La Nación.

“Ellos están a disposición de los vecinos, los confiesan, los ayudan a anotar a los chicos en las escuelas, les facilitan el acceso a los abogados, firman certificados que corroboran que viven en las villas porque la mayoría de las personas no tiene documentos, entonces van al hospital y no los quieren atender y con ese papel firmado por los curas los atienden. Están todo el tiempo respondiendo a las necesidades de los vecinos”, explicó la escritora, confesa “apasionada con el tema”.
—¿Por qué le pareció interesante investigar a los curas villeros?
—Porque me apasionó ver qué vinculación había en el presente de aquellos hechos del pasado que yo había conocido. Mi desafío fue ver qué quedó hoy de aquello que hicieron los primeros seis o siete curas que fueron a vivir a las villas. Mugica fue asesinado por el compromiso que tuvo con los pobres y también por su compromiso público con el peronismo. Él no transaba frente a las necesidades de la gente pobre y de hecho murió dando la vida por ellos. Me interesó ver qué había de todo aquello hoy y eso fue apasionante.
—¿Qué rasgos de los curas villeros le llamaron más la atención?
—Me impresionó mucho positivamente encontrarme con hombres jóvenes que viven una paternidad sin ser padres biológicos. Es una paternidad muy intensa que a veces no se encuentra en un padre biológico. Entonces me hizo mucho bien encontrarme con ellos y realizar la investigación porque descubrí que experiencias así ayudan a vivir el presente. Y en ese sentido me impresiona el grado de entrega que tienen, que estén siempre contentos y a pesar de que reniegan de la falta de justicia, son personas que viven bien en medio de esa pobreza y esa injusticia.
—Además de dar las misas en los barrios ¿Qué otra ayuda ofrecen?
—Al principio brindaban los servicios de agua, luz, gas y los materiales para construir las casas de los vecinos. Después fue la defensa de los terrenos, porque el gobierno quería erradicar directamente las villas y entonces hubo situaciones violentas; en ese momento respondían a ese problema porque la gente se quedaba sin casas y entonces para resolver esa cuestión armaron cooperativas de viviendas para ayudarlos a construir sus casas. Cuando el problema era la educación abrieron escuelitas o guarderías.
—¿Y cuáles son los problemas actuales?
—Y ahora el problema que ellos dicen que es prioritario es el de la droga porque está deteriorando todos los vínculos dentro de la red social. Y no sólo consumen los chicos sino que también los adultos. Ese es el problema más grave.
—¿Cómo abordan la problemática?
—Trabajan las problemáticas de las adicciones a través de la “pedagogía de la presencia”. Es decir que ellos están donde están los chicos drogándose y los curas les ofrecen su amistad. Les ofrecen la posibilidad de rehabilitarse si ellos quieren. Trabajan mucho en la prevención, más que en detectar los casos de chicos con adicciones. En 2009 amenazaron de muerte al coordinador del grupo de curas villeros, el padre José María di Paola, después de presentar un documento en el que decía que la droga en los barrios marginales de Buenos Aires estaba despenalizada de hecho y que si los chicos tenían un arma en la mano era porque algún adulto se lo había dado.
—¿Cuáles fueron sus percepciones de la vida en las villas?
—Percibía que ahí no había normas, que no había un sistema de leyes que rijan la vida social ahí dentro. Y de eso me daba cuenta por cómo viven, por las historias que me contaban y por las cosas que suceden ahí adentro. Me sentía como en otro país y era muy fuerte porque no sabía bajo que bandera estaba, bajo qué autoridad. Y en ese sentido se hacía muy evidente la autoridad que sí tienen los sacerdotes en estos barrios.

Para realizar su investigación, Silvina Premat tomó como referencia las entrevistas realizadas en el documental “Padre Mugica”, realizado por alumnos, docentes y egresados de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

MLC-AFD
AUNO-08-11-10

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