“Lo importante del fileteado es que redondee una idea”

La disciplina nació de la mano de los inmigrantes italianos a fines del Siglo XIX y alcanzó un estatuto artístico para el imaginario popular. Pero en 1975 fue prohibida su aplicación en colectivos y pareció desaparecer de las calles. Luego de su declaración como Patrimonio Cultural resurgió en galerías. Dos fileteadores locales acercan anécdotas, consideraciones e historias sobre esta expresión.

Sergio Sánchez

Cintas de colores, espirales blanquicelestes, dragones, flores y refranes populares decoraron carros, camiones, colectivos y dejaron su sello en las calles del Buenos Aires del siglo pasado mediante la técnica del fileteado, un arte popular y tanguero fácilmente reconocible que nació en los arrabales de Barracas, Pompeya y La Boca pero que también se desarrolló en las ciudades del Conurbano.

De hecho, muchos fileteadores que trabajaban en los talleres de carros porteños provenían de distritos de la zona sur, como Lanús o Lomas de Zamora, patria chica de Jorge y Ariel Diéguez, padre e hijo, dos artistas lomenses que hacen lo imposible para preservar y difundir la actividad, y que charlaron con AUNO sobre la génesis, la evolución y el actual resurgimiento de la disciplina.

Ariel heredó el oficio paterno y estudia Bellas Artes, da clases en la escuela 402 de Banfield y el año pasado mostró sus cuadros, mates fileteados y ropa en el “Gallery Night” de Las Lomitas (ciclo organizado por la Municipalidad de Lomas de Zamora), además de exponer en el Centro Cultural Marcó Del Pont (Flores) y en el Espacio Cultural Sur (Caseros).

Por su parte, Jorge trabaja con el fileteado desde la década de 1980, es letrista y fue el primero en enseñar esa técnica a las mujeres, con una veta pedagógica que continúa hace 12 años por medio de la Dirección General de Escuelas en el Centro de Formación Profesional 401, de Esteban Echeverría, y en el penal de Ezeiza.

Si bien no existe una fecha precisa sobre su surgimiento, el estilo nació de la mano de los inmigrantes italianos hacia fines del Siglo XIX y principios del XX, para embellecer los carros grises que transportaban alimentos.

Circula una anécdota entre los expertos del estilo acerca de dos de sus precursores: “Cuando los reconocidos fileteadores Vicente Bruneti y Cecilio Pascarella tenían 10 y 13 años, respectivamente, allá por 1910, trabajaban para un taller de carrocerías en Avenida Colón. En esa época se pintaban los carros de color gris, el famoso ‘gris municipal’. Entonces, estos dos chicos se quedaron solos y el jefe les encomendó que terminaran de pintar una carrocería. Lo curioso fue que empezaron a jugar y pintaron los costados del carro con otros colores. Al dueño le gustó la innovación y así, poco a poco, empezaron a solicitar cada vez más esa manera de pintar, hasta que se convirtió en un éxito”, relató Jorge Diéguez.

Con el tiempo, el estilo se propagó y fue evolucionando: a los simples dibujos que decoraban los transportes se les agregaron cintas con los colores patrios, flores, pájaros, diamantes, dragones, frases populares e inventadas, refranes, letras de tangos y, por supuesto, se aclaraba el nombre de la especialidad en los carros que trasladaban alimentos.
—¿Por qué una relación tan estrecha entre el fileteado y el tango?—Jorge Diéguez: Se liga por lo popular y el tango es popular. Si un fileteador no pinta hoy la cara de Gardel es como si no fuera fileteador. La relación se da porque, cuando nació el fileteado, la música popular era el tango y uno de los referentes era Gardel. Por ejemplo, los camioneros pedían que les pintaran a la Virgen de Luján porque es “la patrona de los caminos”. Por eso, hoy los fileteados más comunes son una pareja bailando tango, Gardel, caballos y todo lo “nacional y popular”.
—Ariel Diéguez: El fileteado arrancó con rayitas de colores para cortar el gris, pero (Cecilio) Pascarella fue pionero en poner frases de tango a los costados de los carros. Luego, Miguel Venturo (otro de los precursores) comenzó a agregarles flores y ornamentación. Por eso se fue ligando mucho con lo nacional, como el tango. Y ahora van de la mano.

Una de las particularidades del fileteado es que habitualmente involucra no sólo al artista, y esto ocurre porque el producto del fileteador responde a un pedido donde el que contrata el servicio puede intervenir pidiendo los elementos —flores, cintas, moños— que desea.
—¿Cuáles son los rasgos distintivos de la técnica?
—A.D.: Lo que tiene de bueno el fileteado es que se aprovecha toda la superficie, no quedan muchos espacios en blanco y los filetes contornean la forma de la madera. Pero en su origen todo se adaptaba a la forma de la madera de los carros.
—J.D.: Los dibujos más típicos son pájaros y flores inventadas de cuatro o cinco pétalos. Se usa mucho también lo mitológico, como dragones y sirenas. Los dragones se usaban para mostrar virilidad y fuerza, por una idea relacionada con el machismo.
—A.D.: Lo importante es que todo el fileteado redondee una idea. Se organiza de una forma particular: un icono en el medio y las cintas, moños o dragones a los costados. Es decir, las formas son estilizadas: líneas finas, muchos colores o claroscuros que le dan profundidad y relieve.

En la década de 1970 el fileteado tuvo una presencia fuerte en la ciudad, notoria sobre todo en las líneas de colectivos del área metropolitana, hasta que el gobierno porteño estableció en 1975 una ley que prohibió el uso del fileteado en los transportes públicos de pasajeros bajo el argumento de que “los colectiveros se distraían mirando el fileteado”, explicó Jorge en la entrevista con AUNO.
—¿Qué consecuencias ocasionó esa prohibición?
—A.D.: Muchos talleres de carrocerías se vinieron abajo y los fileteadores se quedaron sin trabajo. Al ser el colectivo algo popular y masivo, luego de la prohibición la actividad fue desapareciendo hasta en los caminos, donde aún estaba permitido. Sin embargo, lo bueno fue que empezaron a trasladar el fileteado al lienzo. Con el tiempo, se dieron cuenta de que no era una actividad para desarrollarla únicamente en los transportes y, de manera muy lenta, comenzaron a pintar negocios, viviendas, ropa, cuadros y hasta hacer bodypainting (fileteado sobre el cuerpo).
—¿Y qué ventajas trajo el cambio de soporte?
—Un cuadro perdura, se mantiene en buen estado durante años. En cambio, un carro pintado duraba poco, ya que lo vendían o lo tiraban cuando no servía más. Entonces, el fileteado desaparecía o se arruinaba porque se pintaba sobre superficies de metal y madera que recibían maltratos. Por eso mismo, hay muy pocas fotos viejas y biografía sobre el fileteado.

En las últimas décadas, a partir de la recuperación cultural de la técnica, la actividad cruzó las fronteras y llegó a museos de Alemania, Estados Unidos y a la Embajada Argentina en China, y además el estilo fue utilizado en campañas publicitarias.

Buena parte de ese resurgimiento se debe a que en 2006, en concordancia con la derogación de la prohibición de 1975, el fileteado fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña, a partir de un proyecto impulsado por fallecido diputado socialista Norberto La Porta, entonces titular de la Comisión de Cultura.
—¿Qué sucede hoy con el fileteado en colectivos?
—A.D.: Antes las líneas tenían muchos dueños: los propios colectiveros. Entonces ellos decidían filetearlos. Ahora lo malo es que son empresas gigantes que tienen un solo dueño al que no lo conocen ni los propios choferes.
—J.D.: Hoy por hoy todo es muy rápido. Un colectivo puede llevarte días para filetearlo. Yo estuve pintando uno y apenas lo terminé, a la noche ya tenía que salir la calle. Además, por ejemplo, hoy no podés parar un camión un mes porque el chofer tiene que trabajar con él y rendirle cuentas a una empresa.

SES-LP-AFD
AUNO-19-03-09
locales@auno.org.ar

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