Historia de cómo no bajar los brazos y defender la fuente de trabajo

En el barrio porteño de Parque Patricios fue inaugurado un centro cultural, otrora una imprenta quebrada que el tiempo y la lucha de sus trabajadores permitieron que hoy funcione como cooperativa gráfica.

Por Sebastián Ochoa

(AUNO-TERCER SECTOR*)De aquel lado del vidrio, las máquinas todavía sueltan impresiones. Un trabajador las reúne y las apila. Son folletos promocionales de una casa de electrodomésticos. De este lado, los obreros dedicados a la organización del encuentro terminan de acomodar las sillas, las mesas y el escenario ubicado al lado de una imprenta que casi llega hasta el techo. Allí se presentarán los músicos populares. Por un pasillo se llega a la parrilla en la que se están haciendo con tranquilidad los chorizos. Se trata de un día particular para los 30 trabajadores de la Cooperativa Gráfica Patricios: inauguran en el ámbito del taller un centro cultural. Es una ocasión que ofrece una suerte de respiro después de tantos meses de dar pelea por lo que ahora les pertenece.
No satisfechos con haber recuperado su fuente laboral, los trabajadores utilizan las oficinas desocupadas “#8220;en sus años de gloria la imprenta supo tener 300 empleados- para abrir una escuela a la que concurren en un primer momento 100 chicos de la zona de Barracas y la Boca. Calculan que para el año que viene van a subir la cifra a 180 alumnos. Y no paran: quieren, además, abrir un centro de salud.
Se puede decir que todo comenzó el 10 de marzo de 2003, cuando, después de haber dormido en el piso durante los diez meses de ocupación del edificio, después de haber resistido tres órdenes de desalojo, los treinta empleados que quedaron al momento de la clausura se convirtieron en los propietarios legítimos del predio. El presidente de la cooperativa, Gustavo Ojeda, cuenta que “todo esto” es producto de “la participación y la concientización de que realmente se puede cambiar la historia. Pero tenemos que participar todos, porque de lo contrario no vamos a llegar nunca a nada”.
Lo que dice encuentra sostén en lo que los obreros llaman “#732;la época del aguante”#8482;. “Cuando acordamos tomar la fábrica “#8220;relata Ojeda-, a todos nos pasaba que llegábamos a casa para escuchar cómo a nuestros hijos les sonaba la panza. Por eso sabemos y tenemos conciencia de todo lo que nos costó esto”. Fue un lapso en el que no les quedó nada por hacer: “Podríamos escribir un libro con todo lo que hicimos para subsistir… fuimos a manguear a las facultades, vendimos choripanes, de todo…”, recuerda.
Los emprendimientos sociales que tienen lugar en la cooperativa parten de su propia experiencia: “Queremos volcar en el campo de lo popular nuestra esperanza de que las cosas se pueden recuperar, se puede trabajar en serio y se puede hacer una Argentina justa, libre y soberana, algo que siempre se predicó y que sin embargo fue mancillado por la politiquería de turno”, dice convencido Ojeda.
En gran medida, la idea de dar un espacio tan amplio a la comunidad para que se acerque a participar en los talleres de pintura, música, teatro, ajedrez, fotografía y títeres del centro cultural, o para que sus hijos concurran a la escuela, parte de un dolor inconmensurable. Los trabajadores llevaban tres meses de ocupación cuando la hija de Ojeda, de 17 años, perdió la vida. Su padre cuenta que al salir la chica del colegio la empezaron a seguir dos hombres. Ella intentó escapar y en la fuga cayó y se golpeó gravemente la cabeza. El diagnóstico fue un derrame cerebral mortal. “Por eso vemos que por el lado de la educación, que fue tan golpeada en este país, podemos hacer algo para los pibes”, indica el titular de la cooperativa.
Hoy el taller funciona en escala ascendente y ofrece a cada uno de sus trabajadores un sueldo digno. “Por el momento estamos sacando 150 pesos por semana, pero es muy probable que a partir de la semana que viene aumentemos esa suma a 200”, anticipa satisfecho.
“Hoy podemos dar constancia de que se puede recuperar una empresa. Ahora los trabajadores, que fuimos tan marginados, tenemos que demostrar que la podemos administrar mejor que un empresario corrupto”, afirma Ojeda, quien deja entrever el nuevo sueño de la cooperativa: dar empleo a más personas: “¿Por qué no vamos a llegar a tener de vuelta 300 trabajadores? Y más también…”, se entusiasma.

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Cómo comunicarse
Cooperativa Gráfica Patricios: Avenida Patricios 1941, Barracas
Teléfono: 4301-8267.
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