Hernán Merlo, o el jazz más allá del viento

El contrabajista y vecino de Banfield participará el domingo del festival de jazz que organiza el Teatro Ensamble, uno de los “espacios más estimados” por los artistas del género, según reveló en una entrevista en la que habló también de la importancia del jazz en el conurbano y de su proyecto musical Neo4tet.

Saxo, trompeta, piano, batería, guitarra y contrabajo son los principales instrumentos que se necesitan para hacer jazz, se trate de tríos, cuartetos, quintetos o de las big bands. Pero el próximo domingo, en el marco de la tercera jornada del II Festival de Jazz del Banfield Teatro Ensamble, el contrabajista Hernán Merlo –-uno de los mejores del país, según la crítica especializada—- se presentará en escena con Neo4tet, una formación más cercana al rock: bajo, batería, y dos guitarras.

Aunque la banda no tiene vientos, se precisarían los pulmones de grandes intérpretes como Miles Davis o Louis Armstrong para recitar de corrido el extenso curriculum de Merlo, que tocó con músicos de la talla de Pocho Lapouble y Roberto “Fats” Fernández, o los estadounidenses Joe Pass y Charlie Haden.

Sin embargo, el jazzman, vecino de Banfield, se mostró “feliz” de hacer escuchar sus composiciones “a la vuelta de su casa”, y de armar un “piso musical” junto al baterista Fermín Merlo, para que las guitarras de Juan Arredondo y Partricio Carpossi le otorguen color y timbre a la presentación de Neo4tet.

—El no contar con vientos, ¿qué juego musical le permite a Neo4tet?
—Las dos guitarras están tratadas como un solo instrumento, y eso permite lograr interesantes variaciones de timbre, que generan una sensación única. Además, cuenta mucho la forma de tocar, algo que en el jazz siempre es muy importante.

—¿Con qué se va a encontrar el público cuando escuché a esta banda?
—En principio, todo lo que vamos a tocar es música mía que, en general, la mayoría de la gente no escuchó. No sé si el público se encontrará con algo novedoso. Lo que sucede es que la propuesta de Neo se basa en una relectura de ciertos formatos clásicos del jazz.

—¿Cree que desde Argentina surgió una nueva manera de hacer jazz?
—No creo que haya una forma particular o novedosa de salir hacia el mundo, pero sí hay obras que tienen mucho valor artístico e interpretativo. Además, aunque a los jazzistas nos ayudó mucho la globalización, en Argentina parece que todo estuviera como escindido. Se habla sólo de Buenos Aires, y nadie sabe qué es lo que pasa en otras ciudades.

—Entonces, el avance en las comunicaciones sirvió para expandir el jazz hacia el exterior, pero no dentro del país…
— Totalmente, los músicos de Buenos Aires sólo tocamos acá y a los artistas del resto del país no se los conoce. Quizás, a partir de sitios como MySpace, uno puede conocer algunos trabajos. Pero hace 30 años que toco y en el único lugar del interior donde actué fue en Rosario. En Europa, los músicos tienen más intercambio. Es verdad que las distancias son más cortas, pero allá existe un mayor desarrollo cultural.

—En Buenos Aires parece gestarse una revalorización del jazz a partir de la profusión de festivales. ¿Coincide?
—Sí, pero empujado por la necesidad de los músicos. No sé si esto se da a pedido del público. Sí hay más espacios, es porque están puestos a pulmón por los artistas.

—¿Cuál es la importancia de un espacio como el festival del Ensamble?
—Es muy importante. En el ambiente de los músicos del jazz se comenta que es uno de los mejores lugares para tocar, tanto por la capacidad, como por el espacio, el escenario y la acústica. Lo bueno del Ensamble es que uno siempre se va con la sensación de haber hecho lo que deseaba.

—¿Puede la zona sur convertirse en un polo alternativo para el jazz?
—Es una posibilidad que está relacionada con la oferta y la demanda. Hay músicos de capital que quieren venir, pero lo que pasa es que no hay mucha cantidad de espectadores en esta parte del Conurbano. Igual, el circuito porteño tampoco es tan grande, los lugares específicos de jazz deben ser tres o cuatro, nada más.

—Remarca la cuestión de la escasez de público. ¿El jazz es sólo para una elite?
—En parte sí, y es porque el gran volumen de oferta es instrumental, a pesar de que existe el jazz cantando o para bailar. La música masiva debe presentarse en un formato danzante, como pasó con el jazz en la década de 1930, lo mismo ocurre acá con el tango. Por eso a Astor Piazzolla no le fue tan bien en Argentina. Además, la música popular se impulsa con las letras, con modas, cortes de pelo y formas de vestirse que hacen que se mueva una maquinaria muy grande y de mucho dinero.

NL-LP-LDC
AUNO-20-11-08
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