Fidel Castro, un agitador peronista

En los textos del periodista argentino Rogelio García Lupo quedó subrayada la “peligrosidad” que significaba Fidel Castro para la seguridad de los Estados Unidos. Un recorrido por el libro “Últimas noticias de Fidel Castro y el Che”. Esta nota fue publicada en agosto de este año.

Lomas de Zamora, agosto 20 (AUNO).- Cuando Fidel Castro tenía algo más de veinte años, en la ficha con sus datos y antecedentes políticos que circulaba entre las policías de Estados Unidos y de América Latina se subrayaba su peligrosidad señalando que “es un joven agitador peronista nacido en Cuba”.

“Fidel Castro, joven agitador peronista”, es el título del primer capítulo del libro del periodista argentino Rogelio García Lupo, Últimas noticias de Fidel Castro y el Che.

Hay otros capítulos que llaman la atención y que están debidamente documentados: ‘El joven Che y los prisioneros secretos de Perón’ y ‘Che y Perón: encuentro secreto’, y noticias sobre el secuestro y desaparición de Julio Gallego Soto (encargado de operaciones confidenciales de Perón), en 1977.

El periodista asegura que Castro mantuvo relaciones estrechas con la Embajada argentina en la Habana, entre 1947 y 1955, que alcanzó su momento más intenso en la primera mitad de 1948 cuando empezó una gira política que debía incluir la participación en un congreso de estudiantes en Bogotá.

El financiamiento

El financiamiento de esa gira fue costeado por el gobierno peronista. Fidel se comprometió personalmente con el Bogotazo del 9 de abril de 1948 y tuvo que ser socorrido por el personal diplomático de la Embajada argentina en Colombia.

Esa multitudinaria reacción en Bogotá y en otras ciudades de Colombia se realizó después de que se asesinara al candidato a presidente por el Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, ocurrido el 9 de abril de 1948.

Ese día, por la tarde, Gaitán tenía agendado reunirse con el joven cubano Fidel Castro y después con el dirigente político de Venezuela Rómulo Betancourt.

En medio de la violencia reacción popular y la represión posterior, “Fidel Castro salvó la vida en un Cadillac protegido por una bandera argentina extendida sobre el techo y con las placas diplomáticas bien visibles”, escribe García Lupo.

El interés de Castro por el peronismo había nacido a causa de que “por aquella época existían ya las contradicciones fuertes entre Perón y los Estados Unidos”, según contó quien después será el líder de la revolución cubana.

“Los peronistas realizaban actividades, enviaban delegaciones a distintos países, se reunían con estudiantes, distribuían su material, y de esa coincidencia entre los peronistas y nosotros surgió un acercamiento táctico con ellos”, contó después Fidel.

García Lupo aclara que cuando Fidel se refiere a “nosotros”, alude “vagamente a un grupo de dirigentes de la Universidad de la Habana, que practicaban un turbulento anti-imperialismo y que se mantenían a distancia de los comunistas”.

Malvinas, Fidel y el peronismo

Dice allí que a comienzos de 1948 se presentó en La Habana una delegación peronista que buscaba socios locales para participar en una onda de protesta contra los Estados Unidos, que también alcanzará a Gran Bretaña, a propósito de la soberanía sobre las Islas Malvinas.

Esa delegación fue presidida por “un destacado político e intelectual, el senador Diego Luis Molinari, con notoria actividad en la Unión Cívica Radical, que había abandonado años antes para sumarse al peronismo. Molinari había sido viceministro de Relacciones Exteriores en la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, diputado durante la gestión de Marcelo Torcuato de Alvear”.

Escribe después que “la sospecha de que Castro era un agitado rentado por el gobierno argentino acompañó al líder cubano durante algún tiempo y todavía en su cautiverio en la Isla de Pinos, después del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, la embajada argentina en Cuba continuó enviándole propaganda oficial del gobierno peronista (…)”.

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HRC-SAM

Bibliografía

Rogelio García Lupo, Últimas noticias de Fidel Castro y el Che, Buenos Aires, Ediciones B, 2012.

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