El arte como forma de inclusión social

Una charla donde se debatió el papel del arte en los procesos de transformación social dejó en claro que, aún desde distintos espacios y con distintos enfoques, aparecieron en los últimos años nuevas formas de expresión artística con participación colectiva.

Por Sebastián Ochoa

(AUNO-Tercer Sector*) El ´que se vayan todos´ inaugurado en los primeros días del verano de 2001 no sólo estuvo dirigido a un modo de hacer política. También tuvo su réplica en el campo del arte marcando el inicio de otra forma de expresarlo y de presentarlo. Sin paquetes, un arte social que represente la realidad diaria de quienes tienen que pensar en precio de la leche antes que en un costoso cuadro colgado en la pared, cuyos colores hagan juego con el amoblado. En definitiva, un arte para los desplazados del circuito formal, entendiendo lo formal como oneroso, para aquellos que no llegan a comprar ni las reproducciones de Diego Rivera que se venden en los Todo por 2 Pesos. Un arte que pauta una nueva participación política, auspiciado por organizaciones sociales y el Estado, el hijo pródigo.
Para discutir sobre las relaciones entre el arte y la política actuales, su diálogo y las posibilidades de inclusión social que permite, se realizó la charla sobre ‘Arte como Política y Política como Arte’ en el Centro Cultural de la Cooperación -cuyo presidente, el ex diputado comunista Floreal Gorrini, falleció el domingo pasado.
El encuentro reunió a Eduardo Balán, de El Culebrón Timbal, cuya organización desarrolla actividades culturales con 200 chicos de Cuartel V, en el partido de Moreno; Sebastián Maiza, del Centro Cultural de Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina (Impa); y Armando Ledesma, a cargo de la Dirección de Promoción Cultural del Gobierno porteño.
Los panelistas coincidieron en que la crisis de representación política
surgida hace tres años también es de representación artística. “La cultura
que viene necesita un modo distinto de hacer arte consideró Balán. Si la
obra tiene discurso de protesta, la miramos con simpatía. Si está realizada
por un colectivo de autores, nos gusta más. Si incluye participación del
espectador es más positiva, más democrática”.
Para el representante de El culebrón Timbal, el hecho artístico no se
circunscribe a sus límites sino que adquiere sentido en el
contexto en el que se la presenta. “No es lo mismo La Gioconda exhibida en
un museo que en un campo de concentración”, afirmó.
En este punto, un hombre del público rescató el trabajo del director de orquesta Daniel
Baremboin por tocar en Israel obras de Richard Wagner, que vivió en el siglo
XIX y cuya música fue confinada al silencio porque se la utilizó para
ambientar torturas a las que fueron sometidos los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
Por su parte, Maiza contó que la idea de abrir un centro cultural en la
fábrica de Almagro autogestionada por sus 150 trabajadores fue “una manera de
agradecer a los vecinos y a los estudiantes que nos ayudaron con una moneda
cuando Impa todavía no había vuelto a funcionar”. En este sentido, el
moderador agregó que con el Centro Cultural los trabajadores “hicieron un
espacio para crear, para llenar un vacío de ideas: unieron diversidades con
un fin común y ése es el sentido de la democracia: la necesidad de sostener
la individualidad, y sumarla a un fin común”. Por eso Peña definió a las fábricas como “íconos del ´se puede de otra manera´. Son una transgresión”.
Con cinco años de trabajo, el Centro Cultural Impa dicta 30 talleres y
presenta cuatro funciones semanales de teatro, más ciclos de música y
exposiciones. Así abren un espacio para el arte popular, que es generado por
“un artista que no sólo habla por él, sino que reinterpreta la historia del
conjunto”, evaluó Maiza.
Al revés de los dos primeros expositores, Ledesma llegó al arte a través de
la política. Comentó que aunque de joven “sabía de memoria cómo lograr la
transformación social, hoy dudo de los caminos. Por eso estoy abierto a
escuchar distintas miradas, sin dejar de lado mis convicciones de democracia
y justicia social”.
El funcionario porteño describió los alcances del programa Arte y Parte, como
“un programa de cultura comunitaria”, similar al que desarrollan las Ong. El
detalle es que para llevarlo a buen puerto cuenta con un presupuesto anual
de 400 mil pesos, necesarios para abrir 130 talleres en las zonas más pobres de
la Ciudad con el objetivo de “fomentar la participación, la solidaridad y el
fortalecimiento de las identidades”.
Bajo la óptica de la cultura “como un bien colectivo y un marco integrador frente a la crisis”, se vinculan con la comunidad y sobre todo con escuelas en diversas actividades literarias y audiovisuales.
La charla forma parte del ciclo “Debate en torno al Arte y la Transformación Social”, coordinado por Inés Sanguinetti, titular de Crear Vale la Pena, entidad que trabaja por la inclusión social por medio del arte de 1500 chicos del norte del conurbano bonaerense.
Sanguinetti señaló a AUNO-Tercer Sector que este tipo de espacios hoy “no son sólo de debate, sino que son fundamentalmente necesarios. La discusión sobre
creación colectiva y creación de pensamientos había sido anulada desde la
dictadura. Necesitamos hablar mucho sobre estas cuestiones, que no tienen
lugar en otro lado”. Y es necesario que las palabras se traduzcan en hechos.
Una muestra de esa coherencia la dará El Culebrón Timbal, cuando a fines de
año realice en Moreno una marcha de carrozas, la “Caravana de Futuros”, donde desfilarán
la Tierra, la Vida, el Conocimiento y la Creación.
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Cómo comunicarse:
Centro Cultural de la Cooperación
Teléfono: 5077-8000
Correo Electrónico: arte@cculturalcoop.org.ar
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