De los mártires de la Guerra Civil Española al abuelo peronista

La de Concepción García y sus hijos, los “Hermanos de la Lejía”, es una historia de compromiso y tragedia que terminó en Argentina. El compositor lomense Gustavo Fuentes, uno de los pioneros de la música celta en el país, la cruzó con su pasado familiar y la transformó en música.

Matías León Gómez

Lomas de Zamora, octubre 5 (AUNO).- En la calle Montevideo, en Congreso, uno puede encontrarse con la historia. Tal vez sea mejor decir las historias. Pero están ahí, en uno de los tantos departamentos de la Ciudad, en la memoria y en la música de Gustavo Fuentes.

Gustavo es músico, artista. En su departamento hay cuadros con pinturas, otros con intervenciones artísticas en piezas restauradas. Fotos de Charly García, de Fito. Discos enmarcados. Un teclado que parte la habitación junto a la computadora donde trabaja sus composiciones. Aunque Gustavo experimenta en varias ramas del arte, es un referente y enamorado de la música celta desde hace poco menos de treinta años.
Precisamente por ser un representante de la música celta en el país es que, hace siete años, le hicieron un reportaje por su trayectoria para un programa de la televisión de Galicia. “A raíz de esa entrevista, se comunicó conmigo una mujer: Selva García. Y me contó la historia de su padre, Pepín”.

Pepín de la Lejía

“Desde el principio ya me dejó interesado. Quedamos en encontrarnos y dio la casualidad que vivíamos a diez cuadras de distancia. Me completó la historia y después surgió la canción”, describe Gustavo.

Pepín de la lejía. Letra y música: Gustavo Fuentes. Voz: Sebastián Dorso

Pepín fue el mayor de seis hermanos en los tiempos de la Guerra Civil Española. Por sus ideales políticos que lo ubicaban entre los socialistas integró el Quinto Regimiento en Madrid, donde perdió una pierna en la batalla de Brunete. Así y todo, tuvo mejor suerte que tres de sus hermanos.

A Bebel, quien además de militante socialista fue futbolista del Deportivo La Coruña, lo fusilaron las tropas franquistas cuando tenía 22 años. Y a France, talentoso en los circuitos del atletismo y ciclismo, lo mataron a los 21. El caso de Jaurés es todavía más impactante. Fue capturado cuando era menor de edad, por lo que lo encarcelaron hasta que cumpliera los 18 años. Y cuando la espera culminó, le aplicaron la ‘ley de fuga’. Dejarlo escapar, para matarlo por la espalda. Porque la moral ante todo.

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Entre tantos golpes dramáticos de la vida, Pepín se exilió ante la victoria del bando sublevado y la posterior dictadura de Francisco Franco. Es así que llegó a la Argentina para trabajar, ayudar a sus otros dos hermanos a venirse y entre los tres, traer a la madre, doña Concepción García.

Fue tal la huella que dejaron estos mártires de la Guerra Civil, que en 2002 el intendente de La Coruña, Francisco Vázquez, inauguró la calle “Hermanos de la Lejía”, para honrarlos. “Con este acto se pretende reparar una situación injusta, a la vez que rendir homenaje a los demócratas”, dijo el mandatario en la presentación.

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“Es una historia de lucha, de un luchador”, resume Gustavo. “Por mi parte siento una especie de paralelismo de esta historia con la de mi abuelo, Virgilio. No por la parte de la Guerra Civil Española. Ellos se vinieron antes, pero sí por la persecución política”.

El abuelo Virgilio

Virgilio Mion era peronista y trabajaba en el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI). Luego del derrocamiento de Juan Domingo Perón, Virgilio perdió el trabajo y sufrió una persecución que iría en aumento con los años.
“No podía expresarse, no podía silbar siquiera la Marcha Peronista, ni nombrar a Perón en la calle. Veía a su líder en el exilio y no podía hacer nada”, cuenta Gustavo sobre su abuelo.

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Los puntos en común de la historias dejaron una marca en el músico. Afloró sesenta años después, cuando una mujer llamada Selva García se apareció para hablarle de su papá, Pepín. Y le pidió a Gustavo que le hiciera una canción.

“Yo tengo la idea de que las cuestiones vinculadas con la tragedia se viven de manera muy personal. No podemos decir ‘esta historia es más dramática que aquella’. Para nada. Las cuestiones de dramatismo personal terminan siendo del tamaño de la persona que lo vive”, cierra.

Dulce Corazón Doliente

“La historia me siguió acompañando. Hace un par de años volví a verla a Selva y ahí me encuentro con una vida de muchísimo dramatismo. La historia de la madre de Pepín, doña Concepción García. Cuando empezó a contarme estaba como medida, cuidada. Y yo le dije ‘contá tranquila, de verdad’. Así que empezó a contar y me largué a llorar. Fue muy fuerte”.

Dulce Corazón Doliente. Alexandra Jamieson y Gustavo Fuentes. Voz: Verónica Pabón

Concepción García Álvarez nació en Castropol, Asturias, pero nadie sabe bien en que año exacto. Cerca de sus 21 años se casó con José García Iglesias, un ferviente socialista. Por sus posturas políticas fueron perseguidos y tuvieron que mudarse a La Coruña. Allí abrieron un negocio de lejía, lo que en nuestra región se conoce como lavandina. Los hijos se dedicaban a repartirla por toda la ciudad. De ahí su apodo, ‘los hermanos de la lejía’.

A partir de acá fue un golpe tras otro. El marido murió de cáncer, tres de sus hijos fueron fusilados y uno, Pepín, mal herido y exiliado en Argentina. Concepción vivió en España hasta 1952, cuando sus hijos pudieron traerla. La mujer pasó sus últimos cinco años en Florencio Varela donde murió cuando había cumplido los 65.

“Es una historia de mucha frustración. Y de no buscar justicia por no creer en la justicia”, piensa Gustavo. “También es muy interesante ver que no hay una sola doña Concepción. Hay miles. El tema de las madres en el contexto de una guerra es muy heavy”.

El proceso creativo para la canción que Gustavo compuso sobre Doña Concepción dio como resultado dos obras. “Primero trabajamos sobre la letra con una amiga que es muy buena escritora. Por mi parte, compuse la música y grabamos. Se lo llevé a Selva terminado y le hice escuchar lo que había compuesto y le encantó. Pero estuve dándole vueltas un año hasta que me dí cuenta lo que me incomodaba. La música no se acercaba al dramatismo de la letra”.

“La música celta es muy fuerte, con una gran carga de expresión. Es parecido al tango en lo que refiere a las letras. Son muy directas. Los temas tristes son re tristes, y los alegres re alegres. Y en ese sentido creo que iba muy bien con estas historias. Más allá de lo geográfico, la música celta tiene ese dramatismo propio de la historia.”.

La música celta

En los años 80’, cuando las bandas de rock emergían constantemente por las ciudades del conurbano sur, Gustavo Fuentes integraba una. La música también lo condujo al coro de la Catedral de Lomas de Zamora, donde un compañero alguna vez le mostró una gaita. “Me llamó la atención y ahí escuché por primera vez lo de música celta. Algo nuevo, europeo, que para conocerlo había que estar en el tema. Comprar discos de vinilo por correo, en disquerías especializadas…”, recuerda.

“La vertiente gallega la conocía de pibe por mi familia, pero fue la parte que vino de Irlanda la que me conmovió. Me voló la cabeza. Y nunca más me pude correr de esa conmoción”. Hoy define este género como su propia “identidad creativa” y la única manera en la que puede componer.

Homenaje

Tras más de 25 años del encuentro entre Gustavo y la música celta, llegó la entrevista por su exitosa trayectoria para un programa de televisión gallego. También aparecieron Selva García, Pepín, doña Concepción García.

“Selva me dijo que lo que buscaba eran artistas que se conmovieran con la historia. Músicos, escritores, artistas plásticos. Todo con un sentido interesante de hacer perdurar la historia en expresiones artísticas. No está nada mal, es la forma de hacer perdurar algo”, cree Gustavo.

AUNO 05-10-16
MLG-LOT-MFV

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