Uno creería saber todo sobre el «padre de la Patria”. Creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, cruzó Los Andes, liberó los territorios que hoy llamamos Argentina, Chile y Perú, cumplió su misión como militar, legó su sable y se exilió en Europa. Fin. Sobre San Martín, pareciera que ya está todo escrito en los libros de historia, esos que vemos en la escuela para aprobar las pruebas e interpretar nuestros papeles en las obras o algún acto.
San Martín cumplió su misión como militar, pero ¿qué hay de su visión como persona? “Era un humanista, estaba a favor de los derechos del hombre (…) No le gustaban los excesos, ni políticos, ni personales. Llevaba una vida disciplinada y ordenada. Era moderado, era un demócrata. Totalmente un demócrata”, explicó el periodista Daniel Miguez, quien escribió “San Martín en persona: el hombre detrás del prócer” (Planeta, 2025).
Además de fundar y dirigir la Agencia Universitaria de Noticias y Opinión (AUNO), Miguez se valió de su larga trayectoria como periodista y su compulsión a los textos de historia para “abordar a San Martín desde lo personal, desde su personalidad, su vida cotidiana, sus vínculos afectivos”, para así ir más allá de los aspectos conocidos del prócer, como lo militar y político, aunque reconoce que en su libro esto “siempre se cruza con su vida diaria”.
“Me sucedía que cuando le comentaba a algún amigo algo sobre San Martín, que me parecía poco conocido, se sorprendían y eso se repetía permanentemente. Entonces dije: ‘bueno, ahí hay algo’. Acá hay mucho desconocimiento sobre San Martín. Entonces, eso fue lo que me propuse”, ahondó en diálogo con AUNO.
Así, lo anecdótico se transformó en más de dos años de investigación, de indagar en el dato de una carta, de seguir la pista de la mención de San Martín en la biografía de algún otro prócer, o poner la lupa sobre un detalle que, en un texto, un historiador mencionaba “al pasar”. Un trabajo “arduo” que culminó en la síntesis de más de 30 historias breves que cuentan distintas situaciones de la vida personal de San Martín.

Entre los aspectos que Miguez encontró bajo el bronce, destacó el carisma de El General: “Tenía una personalidad muy irresistible. Era el centro de atención en las reuniones por su mirada. Todos destacan su mirada, su sonrisa, su tono de voz, su porte. Hacían que fuera un tipo muy atractivo para todos, y en distintos ámbitos, ya sea en el ámbito militar, en el ámbito personal, o en el romántico”.
También era un hombre “firme en sus convicciones”, con “su ideología” y “determinación política para llevar adelante sus planes sin apartarse de sus pensamientos y de lo que él creía”. Pero sobre todo, puntualizó Miguez, “era un tipo muy generoso”, y “tenía mucha empatía con el otro, siempre”.
“Otra característica que me sorprendió es que tenía mucho sentido del humor, era muy gracioso. Le hacía bromas a sus camaradas y las preparaba. Ese carisma era decisivo, porque con eso lograba persuadir. Un gran mérito de él era persuadir y convencer. [Lograba] que aquellos que cumplian sus órdenes lo hicieran convencidos y no por el mero hecho de tener que obedecer”, indicó.
Dicho carisma le valió tanto de amigos -Alejandro María Aguado, Manuel Belgrano, Tomás Guido, Gregorio “Goyo” Gómez, Bernardo O’Higgins, Eusebio Soto y Juan Manuel de Rosas, solo por mencionar algunos-, como de enemigos -principalmente Bernardino Rivadavia y el absolutismo español, que lo consideraba un traidor-, sin mencionar un vínculo “difícil” con su suegra, a quien acusaba de malcriar a su hija Mercedes.
“No era una persona que pasara desapercibida en ningún lado. Tenía ansias de poder porque para hacer lo que quería hacer necesitaba tener poder. Por supuesto que eso le granjeaba enemigos. No solo los enemigos formales de que implica una guerra, en este caso España, sino enemigos internos”, afirmó Miguez.
La vida detrás del héroe
Así, en su obra, el periodista devela la figura del prócer y la despoja de la pesadez del bronce para mostrar a un hombre “brillante”. “Después de averiguar todo esto me causa más admiración que antes. Para mí lo engrandece más, porque bajar a un prócer del bronce no significa hacer un listado de sus defectos, sino humanizarlo”, sostuvo.

Otros hechos concretos que se pueden leer en “San Martín en persona”, son las ocho oportunidades en que cruzó la Cordillera de los Andes; los siete países y diecisiete ciudades en las que vivió, siempre llevando consigo unos 20 baúles repletos de libros; y su formación militar, la cual inició a los 11 años -para los 13 ya estaba en el frente de batalla-.
Respecto a lo cultural, ejerció un compromiso inquebrantable con la ilustración, ya que fundó las bibliotecas nacionales de Chile y Perú al donar sus propios libros para esta última. Además, era un talentoso aficionado a la guitarra y la pintura de acuarelas, actividades que complementaba con hábitos sencillos como tomar mate y usar poncho.
En cuanto a su faceta personal, de los 143 meses que duró su matrimonio conRemedios de Escalada, solo compartió 43 meses junto a ella, ya que en los otros 100 estuvo alejado debido a sus expediciones; por otra parte, emprendió un viaje al exilio junto a su hija que duró 72 días en barco, período durante el cual ejerció una educación sumamente estricta y disciplinada. Además, tuvo graves problemas de salud como el asma, las úlceras, los vómitos de sangre y las cataratas en su visión.
Durante el exilio, permaneció nueve meses en Inglaterra con el objetivo diplomático de que se reconociera la independencia argentina, tarea que consideró terminada una vez obtenida dicha validación. Su vínculo con la patria se mantuvo hasta el final de sus días; tres meses antes de morir en 1850, escribió su última carta a Rosas, a quien le legó en su testamento su sable corvo como reconocimiento por la defensa de la soberanía nacional.
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