Una gala en la plaza con José Carreras

En una jornada que quedará para el recuerdo, miles de vecinos gozaron con el primer recital abierto y gratuito que el tenor español brindó en el Conurbano bonaerense. Interpretó desde clásicos de la lírica hasta «Lejana tierra mía» y «El día que me quieras». Junto a él, la joven soprano Marina Silva cautivó al público que poco la conocía con la famosa aria «Les Filles de Cadix».

Lomas de Zamora, septiembre 26 (AUNO).- A cuadras de la Plaza Brown de Adrogué y aún a horas del concierto lírico de José Carreras, que duró más de hora y media, ya se sentía que aquella noche no sería como las demás. Vallas blancas que obstruían el flujo normal de colectivos y autos, personal de seguridad de la comuna, oficiales de la Policía Bonaerense con chaquetas anaranjadas y personal de Gendarmería controlaban los accesos al espectáculo “histórico”, que deslumbró a las 100 mil personas estimadas, entre niños, jóvenes y adultos. Con el tan esperado brindis de la Traviatta, que la joven soprano Marina Silva y el tenor José Carreras adelantaron en la conferencia de prensa del último jueves, los artistas fueron ovacionados con un masivo aplauso desde las tribunas más alejadas hasta las plateas reservadas para los funcionarios públicos a metros del escenario. El entusiasmo fue tal que los más osados gritaban a viva voz, entre otras demostraciones de afecto: “Muy bueno”, “Excelente”, “Único”, al tiempo que alzaban sus manos para aplaudir más fuerte.

Por otro lado, en el intervalo del concierto, el intendente Darío Guistozzi aprovechó la ocasión de la fiesta cultural para reinaugurar el Palacio Municipal, destacar nuevamente que se compró la casa donde veraneaba el reconocido escritor Jorge Luis Borges, que será transformada en centro cultural, y consagrar a la intendencia como “Ciudad de las Artes y las Ideas”.

Con luces azules y blancas que se deslizaban en línea recta formando un efecto de columnas luminosas desde la cima hasta las tablas del escenario, donde se ubicaron los 64 músicos de la Orquesta Filarmónica del Colón, la aparición del maestro David Giménez se ansiaba más y más hasta que dio comienzo a la primera pieza que interpretó el tenor español con un prolijo traje negro, camisa blanca y chaleco, La Serenata, de Francesco Tosti.

Esa misma imagen del escenario y de espera ansiada se reflejaba, seguramente, desde las pantallas gigantes ubicadas en las afueras de la plaza central y también se percibía desde más allá del operativo de seguridad montado por las autoridades de Brown.

Así, con zapatos que se hacían oír a medida de que caminaba y con un vestido del todo sobrio, Graciela, una vecina de Almirante Brown, calificó la noche que se avecinaba como “maravillosa”. Desde donde pudo dejarla más cerca el colectivo, se acercaba sin prisa, pero con ansias, ya que escucharía a uno de sus ídolos de la lírica. Entre risas y tarareando la última pieza que interpretó Carreras, contó a AUNO que le pareció “maravilloso” la idea del concierto y que muchas veces se reprochó no vivir en el microcentro porteño, al tiempo que se anticipó y tildó a la noche del sábado como “espectacular”.

En la misma sintonía y mientras se retiraba, un ex combatiente de Malvinas invitado por la comuna puntualizó que el espectáculo superó ampliamente sus expectativas. Así también, en la noche fresca que se mezclaba con la atmósfera de satisfacción por haber escuchado a uno de “Los Tres Tenores”, su mujer y su suegra agregaron que fue “espectacular”, “sin críticas” al repertorio diverso que presentaron los artistas: arias, canzonetas, boleros y temas clásicos de tango que popularizó a Carlos Gardel como “Lejana Tierra Mía” y “El día que me quieras”, letras que abrieron la segunda parte del espectáculo.

Los abrazos de las parejas más románticas estuvieron presentes también cuando Carreras entonó “Acaricia mi ensueño…” en el escenario, que se tiñó de colores más oscuros y los conjugó sobriamente con las luces rojas sobre las telas blancas que contornaban y cubrían la estructura del plató escénico.

Desde la esquina del Colegio Nacional de Adrogué, por otro lado, una de las pantallas ya estaba lista, horas antes, con las respectivas sillas enfrente a fin de que los más ansiosos se sentasen. No faltaron tampoco los abuelos que se asomaban con sus reposeras para estar más cómodos y muchos de ellos dejaban entrever entre sus canastas el equipo de mate.

La misma escena se produjo minutos después de finalizar el concierto, cuando el público pacíficamente se retiraba con ayuda del personal de control. Algunos aprovecharon para tomar un café en las calles de Esteban Adrogué, donde los comerciantes sacaron sus mesas a las calles para tentar a los recién salidos. Algunos nostálgicos se quedaron sentados en sus reposeras tomando mates, al tiempo que miraban el escenario de 27 metros –incrustado entre los eucaliptos alrededor de los que solía caminar el autor de “Ficciones”– donde habían visto cantar a los artistas líricos y a la orquesta de lujo. Poco a poco, también se veía que la Plazoleta Carlos Gardel se iba desconcentrando.

No faltaron tampoco los vendedores ambulantes que ofrecían pan casero a los amantes del mate y ramos de flores a los románticos que paseaban alegremente por las veredas aledañas a la Casa de la Cultura de Brown. Por las mismas cuadras, algunos niños tarareaban también el famoso brindis de Puccini, al tiempo que pedían helados a sus padres y abuelos. Adolescentes preparados y en grupos andaban por las inmediaciones del concierto se preparaban entonces para salir bailar. Tímida, Jésica, de 18 años, confesó que acompañó a sus padres al concierto y luego se juntaba con amigos para continuar la noche en algún boliche de la zona.

El “ejército” de casi dos mil empleados apilaba las sillas, inmediatamente. Algunos empleados de barrido y limpieza comenzaban los arreglos a fin de que esté todo limpio para el día próximo. Ya eran minutos pasados las 23 y, sin embargo, todavía la velada no terminaba.

LA SOPRANO QUE SORPRENDIÓ
Luego de la interpretación de “Passione” de José Carreras, la joven soprano Marina Silva cautivó al público, que poco la conocía horas antes de comenzar el concierto, con la famosa aria “Les Filles de Cadix” y con una sobrio vestido negro que después se lo cambiaría por uno más provocativo, para estar a tono con los temas que cantaría.

Por avenida Espora hacia la Plaza Brown, una vecina deseaba que una voz femenina acompañase al maestro Carreras. Así fue que en diálogo con otra espectadora se enteró que Marina Silva cantaría. Contenta, Graciela reveló a AUNO, que el concierto será “espectacular” con la presencia de la juventud.

Desde la platea, se escuchó a algunos que le gritaban “diosa”, mientras la entrerriana sonreía y asentía con su mirada penetrada en el público que estaba agradecida por los aplausos que recibía de todos los espectadores.

También, terminado el concierto y a metros del escenario, un hombre con traje y corbata sumó que Silva “va a tener futuro”, al tiempo que elogió su belleza y su vestuario, un vestido turquesa escotado, de un tono provocativo.

Con una expresividad marcada a través de sus gestos y sus cambios de tono en las arias interpretadas, la soprano entrerriana premiada como “Artista Revelación 2009” por la Asociación de Críticos Musicales de Argentina ganó la atención de los espectadores, quienes también le pedían otro tema al finalizar el repertorio, al tiempo que la ovacionaban como al cantante lírico José Carreras.

EV-AFD
AUNO-26-09-11

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