Por primera vez, una escuela pública bonaerense hizo una celebración a la Pachamama

Fue en la Escuela 29 de Lomas de Zamora. La ceremonia fue la “Corpachada”, en la que se agradece a la Madre Tierra los frutos que brinda a los hombres. Además, los alumnos son autores de un libro que recorre tradiciones aborígenes, como parte de un trabajo intercultural que vincula a chicos, padres y docentes.

Alumnos de la Escuela EPB 29 de Lomas de Zamora realizaron una celebración en honor a la Pachamama, para retribuir los beneficios de la Madre Tierra, como lo marca la tradición aborigen para agosto. Fue la primera vez que un ritual indígena se llevó a cabo en el patio de una escuela pública bonaenrense.

La propuesta consintió en “dar de comer” a la “Pacha”, para lo que se cavó un pozo pequeño en el patio de cemento del establecimiento y allí docentes y alumnos colocaron un alimento: trozos de zanahorias, limones y naranjas, maíz, azúcar, yerba y sal fueron algunas de las ofrendas.

De rodillas sobre un mantel blanco, la persona que realizaba el ritual podía además dar de beber agua de una jarra a la Tierra y luego tomar un sorbo.

La tradición indica que luego se debe “cerrar la boca” de la Pachamama, es decir, cubrir con piedras o tierra el hueco utilizado para la celebración. Pero para evitar peligros, luego de que todos los nenes ofrendaran, un grupo de docentes cubrió la zona con el bloque de cemento que se había levantado.

Sin embargo, ese lugar sagrado debía estar indicado para no pasar desapercibido, por lo que pintaron en el suelo una cruz cuadrada o escalonada que representa a la Cruz del Sur, “génesis de los pueblos del hemisferio austral que representa la equidad y la igualdad entre los hombres”, explicó a AUNO-Tercer Sector Wenceslao Villanueva, aymara integrante del Consejo de Asuntos Aborígenes (CAA).

Ante los más de 200 chicos reunidos para la celebración, otro de los integrantes del CAA, Ricardo Acebal, explicó: “Este culto no significa estar en contra de ninguna religión ni crear una nueva. Es hablar el lenguaje de la Tierra”.

Las celebraciones del CAA tienen la característica de no presentar ventas de artesanías ni de ningún objeto, según aclaró Acebal a AUNO-Tercer Sector, para diferenciarse de otras donde además se mezclan costumbres criollas como la de beber caña con ruda o colocar un cigarrillo en la tierra, acciones que “nada tienen que ver con esta ceremonia y que terminan por confundir a la gente”, según enfatizó.

Antes de iniciar la celebración, se quemaron los mensajes que los alumnos habían escrito para que el “abuelo Fuego” los llevara al cosmos y los trasmitiera a “los espíritus de todo lo que vive en el universo”, detalló Wenceslao Villanueva. “Mi deseo es que llueva en las tierras secas, que no haya plagas, que los trabajos de los hombres los hagan los hombres y que los niños jueguen y estudien”, escribió Nahuel, uno de los alumnos de segundo ciclo.

“Los chicos no tiene miedo a aprender de una cosmovisión distinta a la propia”, subrayó a esta agencia Mariel Ferro, directora del establecimiento que lleva el nombre de “General Martín de Güemes”. En sus aulas, el bagaje cultural de las comunidades aborígenes forma parte de un programa educativo que convocó a alumnos y padres en la elaboración de un libro artesanal con anécdotas familiares y relatos sobre la tradición indígena.

“Costumbres argentinas” es el nombre de la publicación que se inició, a principios de 2008 y se organizó en seis capítulos. El primero está dedicado a lo que los alumnos aprendieron en las charlas que brindó Villanueva, también miembro del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI). En los restantes, se suceden historias que escribieron los papás y que sus hijos ilustraron, acerca de juegos, anécdotas y tradiciones de la infancia.

La iniciativa fue un producto ampliado de un primer libro llamado “La reina” en la que los alumnos que actualmente se encuentran en 5°C reflejaron la experiencia de realizar en 2007 la misma celebración para la Madre Tierra en las instalaciones de una panadería de Longchamps.

Además, tomaron como ejemplo la publicación patrocinada por el INAI “Te contamos de nosotros”, en la que los chicos indígenas del norte de Salta narraban acerca de las características cotidianas de la vida en sus comunidades.

El rescate de las culturas aborígenes se originó hace tres en la escuela Güemes, cuando un alumno que había nacido y vivido en la zona de la triple frontera con Brasil y Paraguay ingresó a quinto grado sin hablar correctamente el castellano. A partir de allí, las docentes comenzaron a diseñar actividades para integrar al niño, como un taller en el que él enseñaba su lengua, el guaraní, a la vez que aprendía el castellano.

Cada actividad que apuntase a la interculturalidad se trabajó desde la “didáctica de la libre expresión”, subrayó Ferro, gracias a la “apertura conocimiento característica de la infancia”. Además, este bucear en las raíces latinoamericanas provocó “un cambio de actitud en los alumnos, porque hasta los más traviesos participaron responsablemente”.

La tarde de la “Corpachada” en honor a la “Pacha” culminó con una ronda que integró a niños, padres y maestras que, al girar, buscaba producir energía para la Tierra. El grito de “jallalla”, que significa “bravo” o “viva” y reemplaza a la costumbre de aplaudir heredada de los conquistadores, fue la última voz que se escuchó antes de que cada niño volviera a clase.

MNL-GDS
AUNO-05-08-08

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