Piuquén: una organización en el corazón de un asentamiento

En Longchamps, un centro comunitario se convirtió en la columna vertebral del barrio 14 de Febrero, en un predio tomado. AUNO-Tercer Sector entrevistó a la coordinadora de la iniciativa que representa la lucha de 300 familias por un hogar digno.

Laura Cabrera

Piuquén significa “el meollo de la cuestión” en idioma quechua. No es casualidad entonces que la casita del centro comunitario que lleva ese nombre haya sido la primera en instalarse en el predio que hoy, a 5 meses de su creación, es el barrio 14 de Febrero de Longchamps. Eso representa: el corazón de la comunidad, el inicio de la lucha y resistencia de 300 familias.

Nora Pereyra es la coordinadora del Centro Comunitario Piuquén. Junto a 20 compañeros lleva en alto la bandera de la igualdad y recorre las líneas que demarcan las futuras calles del barrio 14 de Febrero para ayudar a los vecinos a organizarse. También para detectar e intentar cubrir las necesidades emergentes.

En diálogo con AUNO-Tercer Sector, Nora asegura que Piuquén es el ejemplo de lo que se puede hacer mediante la organización, y se emociona al ver que a cinco meses de la creación, se lograron importantes avances con la comunidad. Parada frente a la casita que la organización tiene en el predio, cuenta cómo fueron los inicios, y las problemáticas con las que se encontraron.

A pesar de todo, asegura que aún queda mucho por hacer y, con la misma confianza, afirma que van a lograr todo lo que se proponen. “Me emociona ver el barrio después de cinco meses, recorrerlo y encontrar a todos trabajando como hormiguitas”, revela.

-¿Cuándo entró Piuquén al barrio?

– Nosotros comenzamos a trabajar aquí el 17 de febrero, cuando la gente del barrio solicitó nuestra ayuda para poder organizarse. Eran momentos difíciles porque en ese entonces la policía reprimía a las 20 familias que habían ingresado. Nosotros resistimos con ellos. Llegamos a armar un puesto en la vereda, en aquellos tiempos en los que se logró despojarnos de las tierras. La casita de la organización fue la primera que se instaló. Decidimos poner esta casilla como un “anzuelo”, vimos que no hubo problemas con su aparición, y al otro día empezamos a levantar las casas de las familias que estaban en la vereda. Así se hizo: se puso esta casita, no pasó nada y pusimos más.

-¿Contribuyeron a la formación del barrio?

-En cierta forma sí. Nosotros tenemos un centro comunitario acá a dos cuadras y con los compañeros veníamos hablando con el municipio desde hacía un año, y pidiendo los datos catastrales de las tierras abandonadas de la zona, porque nosotros veíamos que en el barrio había hacinamiento, que las familias crecían y no tenían un lugar para vivir. Detectamos casos terribles de necesidades básicas.

-¿Cuál fue la respuesta?

El intendente no nos escuchó, y nosotros estábamos avisando que la situación era una bomba de tiempo, y así fue como estalló. Acá no se planificó nada, nosotros avisamos lo que pasaba, el problema de fondo no se solucionó. Y ahora acá estamos. Son los mismos delegados de manzana los que hacen los censos. Este barrio no está reconocido por nadie, y sin embargo nosotros presentamos los censos que realizamos a la población del barrio, para que vean que sí existen y que son personas con derechos, ¡No son virtuales!

-¿De qué manera lograron la organización de 14 de Febrero?

-Comenzamos con la propuesta de asambleas abiertas en las que hacíamos participar a todo el barrio. Allí fue donde se votó el nombre de las calles, por ejemplo. Tratamos de que participen todos y la respuesta fue positiva. Primero planteamos la organización del barrio, y así surgió la elección de los delegados de manzana. Ellos se encargan de detectar los problemas que luego se tratan en las reuniones. Somos 20 compañeros de base. Los de la comisión organizadora se encargan de del trabajo de campo, cada uno se ocupa de una manzana pero si ven conflictos en otro sector que no les pertenece, llaman a la comisión y desde allí se informa, es una actividad conjunta. Tratamos de ser democráticos y horizontales, porque venimos de una cultura bastante complicada como para tener que imponerles cosas.

-¿Qué tipos de talleres brindan a la comunidad?

– Tenemos clases de repostería, de porcelana fría y de electricidad en diferentes casillas del barrio. También damos clases en la otra casa que tiene Piuquén acá a tres cuadras. Allí organizamos las asambleas de la Comisión Organizadora del Barrio con los subdelegados.
En cuanto a actividades surgió algo con la gente del Club de Rugby Lomas, que tiene su campo de deportes acá al lado. Ellos tenían cierto prejuicio hacia nosotros porque nos veían como una amenaza. Nos sentamos a hablar, les comentamos las necesidades, nuestros proyectos y ellos tomaron otra postura. Ahora quieren ayudarnos. Nos ofrecieron enseñarles el deporte a los chicos, porque acá la única diferencia entre nuestros niños y los del club es que los nuestros están mal alimentados, pero pueden hacer un deporte como cualquiera. También nos van a ayudar a hacer el salón de usos múltiples. Toda la ayuda que nos van a dar tiene que ver con fortalecer a nuestros pibes.

-Además de que las familias no cuentan con los recursos básicos de alimentación, tampoco tienen los elementos necesarios como para poder cocinar, ¿qué medidas tomaron con respecto a este tema?

-Desde que empezamos con el tema del loteo, cada familia trata de solucionarlo por sí misma, pero Piuquén y el Centro Cultural FOL ayuda en la alimentación a partir de lo que llamamos fogones. También brindamos a las familias la leche y alimentos para la merienda de los chicos. Tenemos un merendero adelante que funciona 3 veces por semana (no tenemos recursos para abrirlo todos los días), pero lamentablemente no podemos entregar más que eso, porque no recibimos ayuda del municipio. Los aportes vienen de 500 familias que aportan dos pesos, y con eso compramos lo que se necesita. También nos hacen donaciones: la última fue de zapatillas para los chicos del barrio.

-¿Qué tareas realizan con la población infantil?

– En este momento cubrimos la parte de salud gracias a dos médicos que nos ayudan “de onda”. Ellos detectan casos de enfermedades. Acá hay chicos mal alimentados, con familias problemáticas y debemos comenzar un trabajo fuerte de campo. Ahora estamos haciendo censos de todos los niños por el tema de las escuelas. Estamos trabajando sobre ello, y si la gente del Ministerio no prepara las escuelas de la zona, nosotros queremos que se construya una en este barrio, para nuestros pibes. Pero no es el único problema, necesitamos un jardín de infantes, una escuela y una unidad sanitaria porque aquí no hay. No sólo para 14 de Febrero sino también para Las Lilas y Los Altos, otros barrios con el mismo problema. Todo esto salió del censo educativo que están haciendo los delegados de la Comisión por manzana.

-¿Qué otras tratativas realizan con el municipio en beneficio de 14 de Febrero?

-Estamos tratando con el intendente de Almirante Brown, Darío Giustozzi, la creación de un banco de tierras del municipio, para detectar las zonas rurales y las zonas rurales urbanizables como ésta. Porque estos son macizos rurales en los que se debe lograr la ley de expropiación para que se los reconozca como tierras urbanizables. Y acá tenemos muchas zonas rurales que se pueden utilizar para la cosecha y, de ser blanqueadas traerían trabajo a los vecinos y generarían la posibilidad de emprendimientos para esta comunidad.

-¿Cómo ven al barrio desde aquel inicio hasta hoy?

– Todo esto que veo acá me emociona, porque no se cobró vidas. Logramos esto con sacrificio y entrega. Esto es un símbolo de la lucha, el compromiso y sobre todo, de la resistencia. Porque la policía jugaba al desgaste, pensaba que nos íbamos a rendir y que abandonaríamos la tierra. Además, es muy lindo ver a los jóvenes realizar tareas para el crecimiento del barrio. Al principio ellos fueron resistidos por la comisión organizadora, pero después se dieron cuenta de que manejaban otros códigos y que tenían ganas de movilizarse. Hoy cualquiera que tenga una necesidad habla con ellos, porque siempre están dispuestos a ayudar. Creo que este barrio significó el ejemplo de lo que puede la organización, de lo que se puede hacer cuando todos nos unimos para lograr un bien común. En nuestro caso, logramos y avanzamos mucho. En mi caso particular, los compañeros de Piuquén son mi orgullo.

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