Los centros de estudiantes en 1970

Emilce Moler y María Silvia Bucci integraron los centros de estudiantes de sus respectivas escuelas durante la década de 1970. Moler, es una de las sobrevivientes de la “Noche de los Lápices” y comenzó a participar —sin militar— de las actividades organizadas por los alumnos de la Escuela de Bellas Artes, de La Plata, cuando […]

Emilce Moler y María Silvia Bucci integraron los centros de estudiantes de sus respectivas escuelas durante la década de 1970. Moler, es una de las sobrevivientes de la “Noche de los Lápices” y comenzó a participar —sin militar— de las actividades organizadas por los alumnos de la Escuela de Bellas Artes, de La Plata, cuando tenía 13 años. Bucci, con 12, integró el centro de estudiantes de la Escuela Normal Antonio Mentruyt (ENAM), en Banfield, y al igual que Moler fue secuestrada durante la última dictadura militar.

Ambas coincidieron, ante esta agencia, que entre 1972 y 1974, antes de la llegada de Isabel Perón al poder, fue una época “propicia” para reunirse y organizarse en el ámbito escolar porque “había todo un horizonte hacia adelante” para poder implantar un nuevo modelo de país en el que se pensaba articular lo social directamente con lo político.

Todo transcurría “dentro de un marco de transformación y a veces se daban reivindicaciones puntuales secundarias como pedir que las mujeres pudieran usar pantalones”, contó Moler a AUNO para dar cuenta de cómo era ser estudiante secundario en esa época, en donde se “luchaba para poder tener más libertades”.

Por eso se reunían en asambleas para discutir los contenidos que querían estudiar, para aceptar o no ciertas materias y reclamar por cuestiones edilicias. Pero eso no sólo ocurría dentro de las instituciones, promover jornadas solidarias, armar ciclos de cine, peñas, eran actividades dentro de la agenda de todas las organizaciones, además de que existían trabajos en conjunto con escuelas de la zona con las que se organizaban para todas las jornadas, estuvieran militando en un partido político o no.

Es decir que “uno podía participar de la marcha del 11 de septiembre de 1973 –-cuando Augusto Pinochet depuso al presidente chileno Salvador Allende—, movimientos latinoamericanos, compromisos sociales en los barrios”, reseñó Moler, que para ese tiempo enseñaba a dibujar en unidades básicas, en La Plata, a pesar de que aún no tenía una inclinación política definida.

Pero a partir de 1975 debieron ser mucho más organizadas porque “nos reuníamos para otras cosas”, confesó Bucci. “Organizar un partido de fútbol de mujeres era una excusa para poder juntarnos a discutir y tener más contactos con los que contar”, detalló.

Los niveles de violencia y la nulidad de las acciones hicieron que las actividades debieran llevarse “a un ámbito más acotado”, concordaron las militantes, como al de cada colegio en particular y así luchar en función de cuestiones específicas siempre y cuando pudieran concretarlas.

CP-RCI-AFD
AUNO-15-09-09
aauno@yahoo.com.ar

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