Los antecedentes: basura desde 1980

Empresas que arrojan basura, cavas que se rellenan con desechos y ausencia de estudios de impacto ambiental son algunas de las constantes en los últimos años en Santa Catalina. Un video de 1989 lo denunció. Siete años después se retomaron esos procedimientos de contaminación.

La reserva histórica de Santa Catalina, por su nomenclatura municipal de usos, no permite industrias dentro del predio. Por esta razón, la instalación de una empresa dedicada a la molienda de vidrios y una potencial planta de tratamiento de residuos contradiría la legalidad del uso de las tierras por parte del Instituto Fitotécnico y la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), a cargo de gran parte del cordón ecológico junto con el. Pero las denuncias de contaminación se iniciaron hace más de veinte años.

El grupo ecológico “Naturaleza por el futuro”, estima que desde el 2004 la UNLP quiere deshacerse de las 350 hectáreas de Santa Catalina que le pertenecen y cuyo precio de venta rondaría los 10 millones de dólares.

Los antecedentes que indican el mal uso sobre las tierras del extenso predio de la reserva histórica datan de la década de 1980, cuando “Lomas de Zamora acordó con una empresa Mosquera que excavara en la zona, a cambio de realizar los caminos internos en el área boscosa”, afirmó el agrónomo Alberto de Magistris.

Cuando estas cavas llegaban a los 10 metros de profundidad, se comenzaban a llenar de líquidos provenientes de las napas, un espacio que habría sido la trampa mortal para muchos niños. Además, según el agrónomo, fueron el lugar de depósito de residuos ya que las empresas comenzaron a arrojar sus residuos en estos pozos, lo que devenía en “verdaderos basurales a cielo abierto”.

En 1989, un el docente de la Faculta de Derecho de la Universidad de Lomas de Zamora (UNLZ) Julio César Medina registró en un video un camión de la firma Piñeiro que arrojaba desechos en una de las cavas. Frente a esta situación, consultó los registros de la Coordinadora de Ecológica Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse) sobre los residuos lomenses y detectó que en los últimos meses el ingreso de basura había bajado “a nivel cero”, mientras que la de los demás distritos se mantuvieron dentro de los márgenes de normalidad.

Para justificar este comportamiento, “las autoridades municipales alegaron que los pesajes no se realizaban debido a que era época de lluvias, aunque otras municipalidades aledañas sí pudieron hacerlo”, explicó.

El relleno de las cavas no cesó en los años 80. La agrupación asegura que en 2006, cuando se demolió el ex frigorífico Monte Grande, la UNLP autorizó que se “desecharan los escombros en la zona del predio que limita con Juan XXIII, donde se encuentra la mayor cantidad de facultades de la UNLZ”.

En ese mismo sitio, “sin un estudio de impacto medioambiental de por medio y con el aval de la UNLP”, funciona actualmente la empresa hormigonera Pavisur, que anteriormente se encontraba a la vera del Riachuelo-Matanza.

Por estos motivos estima que “hay intereses” de parte del gobierno municipal para restablecer “una suerte de convenio con la empresa recolectora de residuos Covelia para así continuar con el relleno de las cavas”, de modo de continuar “cobrándole” a los camiones que ingresan a depositar los residuos.

En 2005, el Instituto Fitotécnico intentó conservar la zona a partir de un “proyecto básico productivo” para Santa Catalina, que fue presentado en la UNLP y que tuvo como epicentro el tambo, sobre el sector conocido como “el potrero de la laguna”.

Sin embargo, cuando se propuso la instalación de un comité mixto entre ambas universidades y una ONG, la respuesta fue “negativa” de parte de las autoridades de la UNLP.

En los pocos de estudios de impacto ambiental que se llevaron a cabo con el aval de la universidad platense, los resultados fueron niveles altos de bacterias, sobre todo en el sitio donde desde hace cinco años se encuentra ubicada la fábrica de molienda de vidrio.

Además, dado que esta actividad se realiza a cielo abierto, “expande partículas finas de vidrio por el aire que perjudican tanto a la vegetación como a las personas que habitan cerca del lugar”, denunció De Magistris. Y al introducirse en el sistema respiratorio de un individuo, son difíciles de ser eliminadas por su pequeño tamaño, producen silicosis (una enfermedad pulmonar) y microheridas alrededor de las que pueden formarse células cancerosas.

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